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lunes, 28 de mayo de 2012

Hallan la primera evidencia arqueológica de la existencia de Belén

El nombre de esa ciudad nunca antes había aparecido fuera de la Biblia Por Agencia EFE Jerusalén - Arqueólogos israelíes han hallado en Jerusalén un sello de arcilla con la inscripción "Bat Lejem", que supone la primera evidencia arqueológica de la existencia de Belén durante el periodo en que aparece enunciada en la Biblia, informó hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel. Se trata de una especie de esfera de arcilla que se usaba para sellar documentos u objetos, de 1.5 centímetros, desempolvada en las polémicas excavaciones del "Proyecto Ciudad de David", en el poblado palestino de Silwán, en el territorio ocupado de Jerusalén Este. La pieza dataría de los siglos VII u VIII antes de Cristo, por lo que es medio milenio posterior a las Cartas de Amarna, una correspondencia, sobre todo diplomática, inscrita en lengua acadia sobre tablillas de arcilla entre la Administración del Egipto faraónico y los grandes reinos de la época o sus vasallos en la zona. Allí aparece mencionada por primera vez "Bit-Lahmi", en una misiva en la que el rey de Jerusalén pide ayuda al egipcio para reconquistarla. El descubrimiento anunciado hoy remite a una época posterior, la del Primer Templo Judío (1006 - 586 a. C.), en la que aparece citada en el Antiguo Testamento como parte del reino de Judea. " Es la primera vez que el nombre de Belén aparece fuera de la Biblia en una inscripción del período del Primer Templo, lo que prueba que Belén era una ciudad en el reino de Judea y posiblemente también en periodos anteriores", señaló el responsable de las excavaciones, Eli Shukron, en un comunicado. A tenor de la inscripción, Shukron estima que "se envió un cargamento desde Belén al rey de Jerusalén en el séptimo año del reinado" de un monarca que no se especifica, pero que podría ser Ezequías, Manases o Josías. La pieza (bulla) es del grupo de las "fiscales", es decir, sellos administrativos "usados para sellar cargamentos de impuestos que se enviaban al sistema fiscal del reino de Judea a finales de los siglos VII u VIII antes de Cristo", agrega el experto.

lunes, 23 de enero de 2012

Los 20 lugares sagrados más visitados

La revista 'Travel + Leisure' publicó su listado anual con los lugares sagrados más visitados del mundo en 2011. Según afirman, no hicieron distinción entre los visitantes devotos o seculares, locales o extranjeros y trataron de recoger la información con las fuentes oficiales. Lideran el listado templos japoneses y por América Latina se destaca la Basílica de Guadalupe en México. Algunos destinos de peregrinación, por ejemplo la de Kerala en India, no fue incluida porque el estimado al año es de entre 3 y 50 millones de personas. Lo mejor, no se precisa ser un fiel creyente para visitar estos lugares y conocer los lugares de culto de otras culturas.
TEMPLOS MEIJI (foto) y SENSOJI, en el centro de Tokio, Japón. Según cifras de la Organización Nacional de Turismo de Japón (JNTO), cada lugar recibió 30 millones de visitantes durante 2011. Junko Kimura/Getty Images
TEMPLO VISHWANATH, en Varanasi, India. La cifra de turistas que visitaron este templo dorado a orillas del sagrado río Ganges es de 21,9 millones. Esta localidad, también conocida en español como Benarés, es la ciudad sagrada del Hinduismo. Kashi Hetam/Wikimedia.Commons
BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, en Ciudad de México. La Oficina de Turismo de México indicó que 20 millones de personas visitaron este lugar durante 2011. Tiene capacidad para acoger a 50 mil personas y su construcción tardó 209 años, entre 1500 y 1709. Omar Rivas/Clasos.com/LatinContent/Getty Images
TEMPLO TIRUPATI TIRUMALA, en Andhra Pradesh, India. La Oficina de Turismo de India afirma que 18.25 millones de personas visitaron este lugar sagrado, con más de 1,200 años de existencia. Raji.Srinivas/Wikimedia.Commons

viernes, 9 de diciembre de 2011

A TRABAJAR CON ORACIONES Y DECRETOS QUE TENGAN A LA MANO... ESPERAMOS QUE LOS HERMANOS DEL COSMOS EVITEN TODA CLASE DE CONFRONTACIONES CON ARMAS ATOMI


Irán: “150.000 Misiles contra Israel” si se pone en marcha cualquier intervención militar
Noviembre 29, 2011

El Ministro de Defensa iraní, el General Ahmad Vahidi, ha dicho hoy que Israel será atacado con 150.000 misiles si se pone en marcha cualquier acción militar contra la República Islámica, ha dicho el servicio independiente de noticias de Irán este domingo.

http://www.laproximaguerra.com/2011/11/iran-150000-misiles-contra-israel-si-se.html

En un discurso ante 50.000 voluntarios del ejército en Bushehr, el ministro ha dicho que “Irán no es Irak o Afganistán, si los estadounidenses cometen el error de un ataque a Irán, se les enseñará como se pelea”, y agregó que “Israel tiene que ser castigado por lo que ha hecho a los musulmanes en Palestina y el Líbano.”

Sin embargo, según las agencias de noticias iraníes Vahidi no especificó si los misiles serían lanzados desde Irán o desde otros lugares.

El sábado, un comandante de alto rango de la poderosa Guardia Revolucionaria de Irán dijo que el país apuntará al escudo antimisiles de la OTAN en Turquía si los EE.UU. o Israel atacan la República Islámica.

El General Amir Ali Hajizadeh, jefe de la división de la Guardia aeroespacial, fue citado por la agencia de noticias semioficial Mehr diciendo que la advertencia es parte de una nueva estrategia de defensa para contrarrestar lo que considera un aumento de las amenazas de los EE.UU. e Israel.

Rusia pone en servicio radar para detectar misiles desde el Atlántico Norte y Europa

http://www.youtube.com/watch?v=U7cn7RlNoT0&feature=uploademail

martes, 11 de octubre de 2011

Las esferas de Kuban


En enero de 1943 casi un millar y medio de soldados alemanes perecieron misteriosamente en la región de Kuban, en el sur de Rusia. Esa misma tarde se vieron dos esferoides llameantes en la zona. ¿Se trataba de un arma secreta letal?

Las esferas de Kuban

Misterios de la 2da guerra mundial

FUENTE: Revista española ENIGMAS Nº 171.

El 29 de enero de 1943 las aldeas cosacas a lo largo de la línea ferrea que une las localidades de Krasnodar t Tikhoretsk mantenían una angustiosa espera. El día de año nuevo las tropas alemanas situadas al sur de la región comenzaron lentamente a retroceder. En la noche del 29 al 30 de ese mes varios cañonazos anunciaban la retirada nazi a lo largo de todo el frente.

En aquel invierno Anatoliy Klimenko tenía 15 años y vivía con su madre y otros parientes en el caserío de una granja colectiva -denominado kolkhoz- en el distrito de Vyselki, a unos 7 km del pueblo de Berezanskaya. Las tropas soviéticas se hicieron fuertes en esta región en la madrugada del 30 al 31 de enero. Afortunadamente para los habitantes apenas se registraron combates, pero en la noche anterior, no lejos del asentamiento de Chelbas, ocurrió algo verdaderamente extraño. El incidente fue muy comentado por los vecinos. Su principal testigo, un viejo carretero, era pariente del propietario de la casa donde vivía Anatoliy y su familia.

A mediodía del 20 de enero, cuando las tropas alemanas aún trataban de construir una línea defensiva, el carretero salió al campo a dar de comer a las vacas, pero se encontró con una patrulla alemana que le dio el alto. Un regimiento de infantería se estaba atrincherando en una colina desde la que se controlaba visualmente toda la zona.

A la mañana siguiente, tras comprobar que ya no había alemanes en la aldea, el carretero salió otra vez a recoger heno. Dejó atrás el lugar donde se había encontrado con los alemanes el día anterior. Instantes después comprobó horrorizado que, envuelto por la niebla matinal, se había metido en el campamento alemán. A su alrededor yacían sobre la nieve los cuerpos de toda una compañía de infantería. Semi paralizado por el miedo, dio la vuelta con su carro para retroceder. Ante él distinguió entonces otro grupo de soldados uniformados con prendas del ejército rojo, tumbados, inmóviles, con la clásica estrella soviética en sus gorros. Venciendo su impresión, se acercó a ellos y se inclinó. No sangraban, ni dormían, ni reptaban, acercándose hasta las líneas enemigas. ¡Eran cadáveres congelados!

El 5 ó 6 de febrero, llegó un grupo de oficiales soviéticos para identificar los cadáveres. Buscaban una unidad militar desaparecida hacía más de una semana. La identificació n de los cuerpos del ejército soviético confirmó que todos pertenecían a la unidad militar a la que se le perdió el rastro y los oficiales rusos partieron creyendo que el asunto estaba zanjado. Sin embargo, los residentes de la zona no pensaban como ellos.

Nadie podía entender cómo se había producido el combate. A juzgar por las posiciones de los cuerpos y la información adicional obtenida por los mencionados oficiales, había ocurrido lo siguiente: un batallón soviético de infantería se desplazaba a lo largo del frente. El tiempo apremiaba, ya que la topografía por la que transitaban los soldados dificultaba el envío de patrullas y podían ser descubiertos fácilmente. Comenzaron a ascender desde el valle siguiendo la vía férrea sin sospechar que los vigías alemanes les habían localizado y tendido una emboscada. A ambos lados de la carretera había escondidas 300 metralletas listas para atacar. Además, otros 50 soldados estaban entre los arbustos de una quebrada a unos 10 m del camino y otros 250 se agazapaban en dos hileras tras una zona cubierta del ferrocarril. Cuando la columna soviética alcanzó un punto determinado, la artillería alemana abrió fuego. La vanguardia de la columna se dispersó por un collado cercano y dio lugar a una lucha cuerpo a cuerpo, pero la notable diferencia de fuerzas decantó rápidamente el enfrentamiento en favor de los soldados alemanes. Hasta aquí el suceso es normal. Sin embargo, a continuación ocurrió algo realmente incomprensible.

• ¿Gases venenosos?

Según el relato de Anatoliy Klimenko, ninguno de los soldados alemanes había retrocedido o avanzado. Todos y cada uno de ellos permanecían en su puesto, como petrificados. Es más, otra unidad del mismo regimiento, a unos dos kilómetros del lugar, había perecido de igual forma: en sus puestos. El total de bajas alemanas alcanzó una cifra aproximada a 1.350 hombres. En cuanto a los cadáveres de los soldados soviéticos caídos en la emboscada, sólo se encontraron unos cuantos en la carretera y en el collado. Así pues, nos encontramos con un primer enigma: ¿Quién destruyó el regimiento alemán después de que el batallón soviético fuera aniquilado? El caserío donde vivía Anatoliy fue liberado un día después; hasta entonces no se vieron tropas rusas en la vecindad. Existe un segundo enigma directamente asociado con el primero: ¿Con qué armamento se masacró a los alemanes? Había que descartar la artillería o un bombardeo: los residentes de la aldea a unos 5 km de distancia no escucharon explosiones ni combate alguno; tampoco se hallaron ni restos de obuses ni un sólo cráter abierto por el estallido de las bombas. Los cuerpos de los soldados soviéticos presentaban múltiples heridas de bala, pero las de los alemanes parecían haberse producido por la súbita detonación de la munición que portaban en sus mochilas, cartucheras o en la mano.

En todo el campo de batalla, cubierto de rifles y metralletas, literalmente no había ni un solo cartucho o bomba de mano intactos. Muchos de los cadáveres no presentaban ni heridas ni orificios sangrantes, sin embargo sus rostros y expresiones daban testimonio de un momento de terror. Esto sorprendió en especial a los veteranos soldados que hicieron la inspección. Ninguno recordaba haber visto rostros así en otra batalla. La acción del elemento desconocido seguramente fuera repentina, simultánea y mortífera sobre todos y cada uno de los participantes en el combate ya que ninguno tuvo tiempo para abandonar su puesto. ¿Qué tipo de muerte tan súbita les sobrevino para no poder escapar o al menos retroceder un poco?

De las armas empleadas durante la contienda internacional, sólo los gases venenosos eran capaces de producir efectos hasta cierto punto equiparables a los observados. Aun así, ¿porqué no trataron de escapar? Alemania, temiendo una vasta represalia aliada, no se atrevió a utilizarlos a gran escala. Se rumoreó que en un depósito alemán de armas, situado en Tikhoretsk, había guardado un suministro de proyectiles especiales, tal vez químicos, vigilados por una brigada de la Gestapo. No se sabe nada con certeza respecto a esa munición, tal vez se la llevó de Tikhoretsk el regimiento que participó en el mencionado combate, y durante el mismo detonara accidentalmente.

Este supuesto podn'a explicar ciertos detalles del episodio, como la muerte de todos los seres vivos en una amplia zona, la falta de heridas en los cadáveres e incluso el horror expresado en sus rostros… Sin embargo, no aclara todo. Las municiones normales, por ejemplo, no tendn'an por qué haber estallado debido a gases venenosos, y, además, ¿por qué se produjo el desastre también en el segundo campamento? Una sincronía un tanto peculiar.

En el verano de 1943 Klimenko habló con los vecinos del área. Entonces habían transcurrido seis meses desde que aconteciera el enigmático combate. Ahora, medio siglo después, íbamos a acercarnos por allí…

• Viaje a Chelbas

Llegamos a Tikhoretsk otra mañana de verano y allí cogimos un tren para ir hasta Chelbas. En esta zona, según recuerda Anatoliy, había tenido lugar el extraño incidente de la pasada contienda. Inevitablemente se habían producido cambios en la localidad, pero tras una persistente búsqueda y muchas preguntas a los residentes encontramos el supuesto campo de batalla. Como era de esperar no había rastro del combate y no albergábamos esperanza de encontrar allí ninguna prueba material del mismo. Los lugareños fueron muy hospitalarios -pasamos tres noches en casa de uno de ellos- pero no pudieron ayudarnos gran cosa.

Algunos viejos recordaban que allí tuvo lugar un combate pero no pudieron darnos detalles.

"Bueno -dijo Anatoliy-, ya que estamos aquí, podríamos hacer una comprobación" . Sacó de su mochila un mapa, una regla y un semicírculo graduado y comenzó a medir algo en el mapa. Minutos después, levantó la cabeza y dijo perplejo: "Sabes, Vladimir, la dirección de este sitio coincide prácticamente con… bueno, con la dirección de los esferoides". "¿Qué esferoides?" , pregunté sorprendido. Y Anatoliy me lo explicó. Durante la guerra mi amigo y otros adolescentes jugaban el papel de meros observadores, obligados a informar a los adultos de cualquier peligro que detectaran. Una tarde, a finales de enero de 1943 -probablemente el 29, ya que el caserío fue liberado la noche siguiente por las tropas soviéticas-, Anatoliy andaba vigilando desde el portillo los movimientos del vecindario. Ya se había puesto el Sol y anochecía. Al mirar hacia el noreste en dirección este, como si dijéramos a la derecha de Tikhoretsk, Anatoliy vio de repente un curioso fenómeno. En la creciente oscuridad del crepúsculo, detrás del horizonte, apareció un resplandor rojizo, aproximadamente de un kilómetro de anchura. Durante unos segundos centelleó y luego comenzó a ascender con rapidez adoptando la forma bien definida de una brillante burbuja llameante. Durante diez o veinte segundos, esta burbuja aumentó de tamaño de forma considerable hasta alcanzar las dimensiones visibles del disco solar al atardecer.

Los contornos del esferoide eran claros, nítidos y geométricos y su superficie convexa y redondeada. Emitía una luz suavemente rojiza. Durante toda la guerra, Anatoliy no había visto nada parecido. El esferoide era como una gigantesca burbuja de jabón, pero llameante.

Finalmente comenzó a cambiar. El tono rojizo fue reemplazado poco a poco por manchas blanquecinas. Luego se separó en dos trozos pálidos y entre ellos podía verse el cielo nublado de la tarde mientras se desvanecían en el espacio circundante. La oscuridad reinó de nuevo pero, apenas tres minutos después, el fenómeno reapareció, esta vez a unos 2 o 3 km a la izquierda del anterior. Las dimensiones del segundo esferoide no eran tan impresionantes. Tal vez medía unos 800 m en su base. Pocos minutos después también desapareció, abriéndose en dos como el anterior. Anatoliy dio la alarma y se quedó

junto al portillo mirando el horizonte. No podía verse en la oscuridad ni un destello de luz o una voluta de humo.

Al darse cuenta de que los dos depósitos alemanes de munición estaban cerca de Tikhoretsk, Anatoliy pensó que los habrían volado esa tarde. Incluso aunque no existía ningún parecido entre estos esferoides y tales explosiones -la propia suposición resultó ser incorrecta: uno de los depósitos estalló al día siguiente y el otro fue tomado por las tropas soviéticas-, esta pseudo-explicació n ha ensombrecido, como suele ocurrir con frecuencia, un verdadero enigma.

• ¿Un arma secreta?

De regreso a casa discutimos de manera acalorada las posibles explicaciones de estos sucesos. La hipótesis de una Wunderwaffe -"arma sorpresa"- que Hitler había prometido más de una vez a sus aliados y enemigos no parecía infundada. Tal vez se había probado un prototipo experimental de tal arma cerca de Tikhoretsk y el resultado había sido, por así decir, un éxito: el arma destruyó a quienes la activaron, probablemente sus creadores. Es más, un argumento adicional en favor de esta hipótesis -aunque sea indirecto- surgió inesperadamente justo un mes después de mi regreso de Chelbas a Kharkov, donde resido. Procedía de un lejano lugar de la Unión Soviética. Como colaborador de la popular revista científica Tekhnika-Molodyozhi solicité a los lectores que nos informaran de sus experiencias anómalas. Poco después recibí la siguiente carta de Nikolay Kernozhitskiy, vecino de Komsomolsk-on- Amur, una ciudad en el extremo oriental de Rusia: "Este hecho aconteció en agosto de 1947, en el pueblo de Malyshevsk -distrito de R Osipenko, territorio de Khabarovsk, Rusia-. No recuerdo el día exacto ya que sólo tenía siete años y ni siquiera iba a la escuela. En un centro cultural donde se reunían los campesinos de las granjas colectivas estaban proyectando una película. Debían de ser las nueve de la noche, tal vez las nueve y media. De pronto alguien abrió la puerta desde fuera y se oyó gritar a una mujer: `¡Fuego, fuego!'.Todos salimos corriendo a la calle. Los niños nos quedamos boquiabiertos de asombro. Abajo en el Amgun, un afluente del río Amur, en dirección noreste y ascendiendo lentamente por detrás de la linde del bosque, se vislumbraba un resplandor rojo. Un minuto después se alzó en lo alto una gigantesca bola roja resplandeciente que a todos nos causó pavor.

La inmensa cúpula roja sobre el bosque emitía un gran fulgor libre de destellos y sin ruido. Algunas mujeres se echaron a llorar abrazándose y mirando desvalidas a los hombres. Ellos, a su vez, intercambiaban miradas de perplejidad. Los adultos empezaron a meterá los niños en casa. Aterrorizados, corrimos a casa sin protestar. Entonces los adultos también decidieron recogerse. Alguien dijo: `Pues que sea lo que sea. ¡Vamos a seguir viendo la película!'. El encargado de pasar la película la puso en marcha de nuevo. Alguien cerró la puerta con un comentario: `Eso es todo, ya se fue. No era un incendio".

Al comparar la imagen de Kernozhitskiy con las dibujadas por Klimenko, me pareció que ambos fenómenos eran muy similares. Anatoliy compartió la misma opinión cuando le enseñé el dibujo tiempo después. Se quedó muy sorprendido y exclamó: "¡Qué magnífica descripción! ¡Qué hombre tan observador!" .

A petición mía, Nikolay Kernozhitskiy regresó al río Amgun, hizo preguntas a los antiguos residentes de Malyshevsk y atravesó la península en la curva del Amgun, cerca de este pueblo. Algunos viejos confirmaron sus recuerdos, pero no se encontró nada raro en la taiga.

En principio, si los esferoides vistos por Anatoliy Klimenko en 1943 se debieron a un arma alemana secreta, ésta podría haber sido capturada por el ejército soviético y probada en 1947 en el extremo oriental del país. Sin embargo, no hay ninguna información disponible relativa a pruebas militares realizadas cerca de Malyshevsk. Algo así no resulta fácil de esconder sin que nadie se entere. Además, Nikolay Kernozhitskiy no pudo encontrar rastro de instalaciones inusuales en la zona. ¿Habían sido desmanteladas?

Naturalmente, algunos aspectos de la historia pueden resultar increíbles. Anatoliy vio los esferoides, pero sólo escuchó las circunstancias del misterioso combate. Desconocemos qué parte de esta información es fiable y cuál debe ser considerada como mero folclore. En cualquier caso, valdría la pena investigar los archivos militares de Rusia y Alemania que actualmente ya no son secretos. Hasta entonces este suceso seguirá siendo "otro misterio más" de la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: http://enigmas- ccoo.blogspot. com/

lunes, 8 de agosto de 2011

EL TIEMPO EN LA MITOLOGÍA HINDÚ


"Sería inútil pretender encajar las concepciones orientales en los esquemas encasilladores de occidente que nos son familiares. Hay que dejar que su carácter profundamente extraño nos revele las limitaciones inconscientes de nuestra propia forma de enfocar los enigmas de la existencia y el hombre".
HEINRICH ZIMMER.

Como comienza el mito: El Mahabaratha
El comienzo de éste precioso y, por demás, extenso poema de amor, religión, guerra y destrucción, no podía ser menos que una bellísima historia entre el rey Santanu y la Diosa Ganga, la mujer que se le aparece a orillas del Ganges mientras él está realizando una de sus cotidianas cacerías. Él la ve a ella como una ninfa del cielo, le toma su mano y le pide que sea su esposa, a lo que ella responde que sabía desde el principio que iba a ser su reina, y sólo lo aceptaría con una condición: "Jamás te opondrás a lo que yo quiera hacer, sea lo que fuera y cuando fuese. En el momento en que no cumplas esto, me iré de tu lado y no regresaré jamás"... Sin embargo, el rey Santanu no comprendió el valor de éstas palabras hasta el día en que ella dio a luz a su primer hijo, en que él la siguió hasta el río y la vio lanzarlo a las aguas tal y como si se estuviera deshaciendo de una carga.
No obstante, el rey guardó silencio. No dijo nada porque recordaba bien el juramento que le había prometido. "El amor, dicen es ciego pero no es exactamente así: El amor es un ojo extra con el que se ve tan solo lo que hay de bueno en el Ser Amado, permaneciendo ciego a todas sus faltas"... dice el Mahabaratha, para describir los sentimientos de Santanu por su esposa.
Finalmente llegó su octavo hijo, sin embargo para su desgracia, cuando él ya no soportó verla lanzar los siete anteriores, y perdió por completo la paciencia comenzando a hacerle recriminaciones. Así es como ella determinó que el final que se había anunciado debía llevarse a cabo, le abandonaría para siempre pero le respetaría la vida a su hijo, a quién ella misma bautizó Devavrata.
Terminó contándole que ella realmente no era mortal sino una diosa,
La diosa a la que los dioses le habían pedido que les ayudara, puesto que habían cometido un gran delito y de ésta manera habían sido maldecidos
por un Yogui renunciante dueño de una hermosa vaca de quien se enamoró una de las esposas de los dioses, y que al pedirle a su esposo que la robara para ella, puesto que al beber de su leche ella se haría inmortal.
La maldición del Yogui no se hizo esperar, y un Ser de su categoría espiritual, al que le correspondía como mayor riqueza su austeridad, les maldijo para que nacieran en el mundo de los mortales.
Fue de ésta manera que los dioses fueron a pedirle a La Diosa Ganga que les ayudara porque habían perdido su origen divino, y ahora descenderían al mundo de los Mortales. Ella se apiadó de ellos, y les prometió rescatarlos de su desgracia, y para aliviarles de su carga, ella vino al mundo para darles a luz, y también les liberaba no más ellos hubiesen llegado.
Conociendo ahora la verdad, Santanu regresó solitario a su casa, ya que ella prometió entregarle a su hijo, quien perpetuaría el nombre de los Pandavas.
De modo, pues, que ésta es la forma absolutamente sorpresiva como comienza el relato más extenso de la literatura, ya que en él pueden contenerse La Odisea y La Ilíada juntas ocho veces,... de modo que de por sí hay ya dos dificultades para su verdadero entendimiento, la primera por extensión y la segunda por comprensión, ya que su contenido difiere enormemente de las concepciones que se viven en occidente, donde estamos regidos de forma tajante por el tiempo desde el toque de campana de la Edad Media. También somos una cultura en donde se le hace énfasis al individuo como tal, el héroe, mientras en Oriente no existe sino el ir y devenir eterno del tiempo, el sístole-diástole incesante y perpetuo del cosmos, en donde un morador del mundo, por más excelente, puede perder su Dharma (virtudes), casi la palabra más exacta para comprender la escala de valores de una cultura que ha sido la cuna de la humanidad.
El tiempo como juego de dados
Es muy interesante saber que uno de los capítulos más importantes dentro de éste relato mitológico, donde se apuesta a los dados entre las dos familias protagonistas –que son en realidad primos entre sí– y que originan La Gran Guerra del Mahabaratha, es en éste capítulo justo donde se le pone una prueba al mejor de los cinco hermanos, al hijo del Dios Dharma que es la equidad y la justicia, para que pierda en su debilidad a su reino, posesiones y a toda su familia, incluyendo a Draupadi –la esposa de los cinco hermanos– para vagar después como desposeídos , durmiendo entre los bosques y aprendiendo oficios tales como la ganadería, los oficios del campo, o la danza –en el caso del famoso arquero Arjuna, el ambidiestro en el manejo de su arco, quien fue maldecido por una mujer al enamorarse de su belleza y no ser correspondida– así que éste es el capítulo que puede mostrar claramente que es a través de ese mismo "lance de dados" de donde proviene toda la fascinante sabiduría que encarna la visión matemática acerca de los YUGAS.
En la India se usa el juego de los dados en cuatro lances, que han sido llamados así: KRTA, TRETA, DUAPARA y KALI. Estos nombres son los mismos que tienen las cuatro edades en que se divide una Maha Yuga: Edad de Oro, Edad de Plata, Edad de Cobre, Edad de Hierro; tomando el nombre de los metales para darles significación de pureza y valor, lo que se equipara a Dharma (que en realidad es una palabra con diferentes significados a la vez, pero que en éste caso puede ser tomada como deber o virtud, para la semejanza con la pureza de éstos metales).
KRTA es el participio pasado del verbo Kr, que significa "hecho, realizado, ejecutado, perfecto". Las cuatro estaciones, los cuatro puntos cardinales, lo cuadrado, lo perfeccionado, todo lo perfectamente dotado posee sus cuatro lados. Tal es así, que el Krta Yuga o también conocido como Sat Yuga, es la Edad de Oro, la edad de la perfección, de lo perfectamente realizado o ejecutado. Aquí el Dharma, la virtud divina está en su apogeo, está firmemente asentada sobre sus cuatro patas como una vaca sagrada, o sea al 100%. Durante ésta edad los hombres NACEN virtuosos. Al respecto, Rusell Perkins dice:
"La Edad de la Verdad o Edad de Oro, la primera de ellas y la más larga del MAHAYUGA, el día de Brahma, el ciclo de los cuatro yugas. Según la tradición hindú, el Sat yuga tuvo una duración de 1.728.000 años y la gente de aquella época vivía un promedio de cien mil años. La forma de vida en éstas condiciones no es fácilmente comprensible, pero ésta perspectiva del universo puede asemejarse para su comprensión a un reloj de cuerda que funciona con su máxima eficiencia cuando está recién puesto y luego, gradualmente, va desactivándose a medida que se le acaba la cuerda".
El TRETA YUGA, o Edad de Plata es el lance de dados del tres. Ahora el ser humano de esta edad está sustentado solamente por tres cuartas partes de su Dharma inicial, lo que significa que ha perdido un cuarto de su virtud. Esta edad tuvo una duración de 1.296.000 años, y la gente vivía hasta los diez mil años. Fue en ésta Edad de Plata en que el Señor Vishnú encarnó en la forma del Señor Rama y se sucedió la epopeya del Ramayana, escrita posteriormente por el Maestro Tulsidas Ji.
En el DUAPARA YUGA, su nombre proviene de dvi, dva, dvau que significa dos (el latín dice duo), ya comienza a perderse la noción de virtud inicial, sólo se sostiene sobre DOS de sus lados. En ésta Edad de Cobre que tuvo una duración de 864.000 años, donde la gente tenía una duración de mil años, es cuando el Señor Vishnú encarnó en el Señor Krishna, y aquella época sucumbió en la Gran Guerra Final del Mahabaratha en el año 3.200 antes de Cristo.
La Edad de Hierro o KALI YUGA, nuestra edad actual, subsiste solamente el 25% de la fuerza del Dharma. Según Zimmer, KALI viene de la palabra sánscrita KAL-ALAHA que significa guerra, aunque Kali Yuga se referiría en otras escrituras a Kal Niranjan, el Poder Negativo, la Edad de Kal.
Esta edad comenzó en el 3200 a. C. y tendrá una duración de 432.000 años (según lo enuncian las escrituras hindúes) y la gente puede llamarse afortunada si llega a alcanzar siquiera los cien años de vida.
De modo que puede verse cómo el tiempo para los hindúes se va comprimiendo, cada yuga es a su vez más y más corta, hasta alcanzar la disolución de la materia como resultado de ésta compresión del espacio-tiempo.
La segunda boda
Pero volvamos al relato del Mahabaratha, íbamos en que Santanu regresaba a su casa solitario y que Ganga se quedaba con su valeroso guerrero hijo único. Un día, después de dieciséis años de soledad y tristeza, Santanu sale a encontrar consuelo cazando a orillas del río Ganges –actividad que le había dado la felicidad de encontrar a Ganga alguna vez– cuando repentinamente vio que el río estaba detenido, y se acercó para mirar el fenómeno. Notó en su quietud que había una hilera de flechas clavadas en éste, una al lado de la otra, de forma que ninguna gota de agua pasara a través. De repente, se dio cuenta que no estaba solo: Ganga estaba parada a su lado, y misteriosamente el río comenzó a fluir de nuevo.
Luego un joven muy bello saltó corriendo y gritando, estaba feliz porque había detenido el curso normal del agua. La madre le entregó a su hijo al rey Santanu antes de marcharse, y el rey regresó a Hastinapura acompañado.
El rey vivió felizmente con su hijo hasta que un día, a las orillas del Yamuna, persiguiendo un delicioso aroma, encontró una bella mujer, a la que le pidió que fuera su esposa, con tan mala suerte que tenía un padre bastante astuto y, al enterarse que era precisamente un rey, le dijo que le entregaba a su hija si él cumplía en que su primogénito fuera el único sucesor . Salió hacia su casa sabiendo lo imposible que era para él romper su promesa con Ganga de que su hijo Devavrata fuese el único en heredar el trono, pero entró en honda depresión. Su hijo, al verlo pasar los días en tristeza, averiguó toda la verdad sobre la hija del pescador y fue a ver al padre de ésta, para hacerle la promesa que él jamás se desposaría, y que renunciaba al trono de Hastinapura: "BHISMA, BHISMA", resonó en los planos internos, lo cual quería decir "AQUÉL QUE HACE UN TERRIBLE VOTO Y LO CUMPLE". El es el anciano Bhisma, el más sabio y quien es el soporte de los Kurus en toda la historia del Mahabaratha.
El padre de Devavrata quedó tan complacido con su hijo, de verle hermoso y capaz de cumplir con un voto tan duro para él, que le dio como ofrenda un don especial: El podría abandonar el cuerpo a voluntad. En el momento en que él quisiera podría simplemente desear morir y se le haría realidad. Luego de la boda de Santanu y la hija del pescador, que vivieran felices por muchos años, él murió dejándole dos hijos, de los cuales uno murió en el campo de batalla enfrentando a un dios, a lo que Bhisma no tuvo remedio en nombrar a su hermano medio menor como nuevo sucesor al trono, más como era éste tan joven, le tocó de todas maneras ser rey regente, un rey sin corona.
Llegada la hora de casar a su hermano menor con alguna bella dama, cuando conoce Bhisma de la fiesta para acoger los varones que deseen a unas princesas de un reino vecino, entra para raptar a las tres princesas que están presidiéndola y las monta a la fuerza sobre su carroza, no sin antes pelearse fieramente con el rey Salva, un rey de quien una de ellas ya se había enamorado – según la tradición hindú, ella coloca sobre su cabeza una corona de flores, y así escoge a su consorte– lo que estaba haciendo una de las princesas, llamada Amba.
Cuando entró el guerrero a llevarse a las princesas, Amba se queja ante Bhisma de que ella ya había tomado por esposo al rey Salva, y que es él ahora quien debe casarse con ella, a lo que él responde que si ella ya estaba unida a ese rey, debía ir a su presencia. Se va de regreso a su reino y le dice a su rey que ella es de su pertenencia, ya que ella es su esposa, pero el rey Salva le contesta que debe irse por el mismo camino por donde llegó ya que el rey no anda por ahí recogiéndole las sobras a su enemigo, y se burla de ella y la avergüenza.
Amba jamás le perdona a Bhisma haberle amargado su vida entera, ya que ahora debería permanecer soltera. Trata de persuadir a Bhisma a través de su Maestro , y lo único que logra es que ellos se enfrenten en el campo de batalla –ya que Bhisma prefiere pelearse con su Maestro a ser maldecido por él– durante tres incesantes días, en donde Bhisma queda tentado de lanzar un Astra –un poder sobrenatural que destruiría el planeta– pero los dioses Narada y Rudra lo detienen y le hacen entrar en razón para que baje su cabeza ante su Maestro, "Bhisma, detén esa lucha. No envíes el Astra. Tú no eres quien ha de destruir el mundo, otro lo hará". El accede a no pelear más, y ambos se van abrazados, quedando Amba sin quien le salvara su honor.
Amba había realizado muchas austeridades, se había internado en el bosque para hacer prácticas con el único fin de ver con ellas algún día muerto al rey Bhisma. Es así que se le aparece un gran Dios y le dice: "No te apenes, hija mía, pues en tu próxima vida tú misma matarás a Bhisma".
De ésta manera se hace ella SATI, es decir, hace una hoguera y se quema en ella, todo con el fin de nacer de nuevo. Y es así, ella nace en la forma de una bella mujer y como nada más y nada menos que hermana de Draupadi, o sea, hija del rey Drupada, que como continuó con sus austeridades, una deidad le regaló la posibilidad de cambiarse de sexo, y así lo hizo, ahora era un guerrero muy fuerte llamado Sikhandi, aún guardando el odio por Bhisma como un fuego que no se extingue con la muerte.
Mientras esto sucedía, Bhisma veía morir a su hermano medio menor de una enfermedad y empieza a ver que la dinastía se va a quedar sin un sucesor, ya que él no rompía su voto. Su madre por fin, entre los afanes de encontrar a un heredero al trono, le cuenta toda la verdad sobre ella y le dice que antes de haberse casado con el rey Santanu, ella había tenido un amor del cual le había quedado un hijo, que sólo era cuestión de proponerle a él que se uniera con las dos reinas hermanas de Amba. Este hombre era nada más y nada menos que el Rishi Vyasa, varón de alta espiritualidad aunque no de muy buena presentación física, parecía un "intocable", lo que en India se denomina "Hombre de baja casta".
Ellos van a buscarlo a un bosque, y le hacen la propuesta de que sea el padre de los hijos de las princesas, a lo que él accede, "tú eres mi madre, y haré cualquier cosa que me ordenes".
La madre trata de persuadir a las princesas para que no rechacen al Rishi debido a su aspecto "desagradable y a su piel oscura", pero sucedió que una de ellas, Ambika, no quiso abrir los ojos mientras estaban en el momento de la concepción, luego el niño nació ciego. Entonces se intentó de nuevo con Ambalika, pero ella se asustó muchísimo, tanto, que al rayar la luz del día y salir el Rishi de su habitación, le dijo a la madre de Bhisma que todo había salido muy bien, excepto por el susto de la princesa que al instante de engendrar estaba tan pálida como la Luna, de modo que su hijo nacería dulce y bello, pero de piel muy blanca. Este es el famoso rey Pandu, el rey padre de los Pandavas; porque Pandava significa "Hijo de Pandu". El otro es el temible tío Dritharashtra, ciego de nacimiento, que sería aquél que llevaría a cabo la destrucción de toda una edad, La Edad de Cobre, por no haber sacrificado al más envidioso de los primos de éstos cinco héroes, el señor Duryodana, quien con su envidia, argucias y codicias le roba el trono a los legítimos, Arjuna, Yudisthira, Bhimasena, Nakula y Shadeva,
Los hermanos pandavas, quienes fueron los hijos de diferentes dioses, a cada uno se le atribuyó una buena cualidad, por ejemplo Yudisthira que fue el hijo del dios Dharma, la equidad. O Arjuna, que fue el hijo del Dios Indra, el dios de las lluvias, el que hace llover en una región como India que es tan importante éste hecho. O Bhimasena, que es el hijo de la fuerza, es como un Aquiles en ésta mitología. Y Nakula y Shadeva, que son hijos de un dios doble, y que por eso nacen mellizos, son la encarnación de las buenas obras y son tan bellos como ninguno. Estos dos últimos son representados en la obra como un águila de alto vuelo, con gemas preciosas sobre su lomo y sus alas, y son conocidos también como Los Hermanos Aswinis, padres de la Medicina.

Bibliografías:
- "Léxico de Filosofía Hindú" de Francisco Kastberger.
- "La India Literaria" Editorial Porrúa, MMexico.- "Anurag Sagar" de Kabir Sahib.
- "Mitos y Simbolos de la India" Heinrich Zimmer.
- "Mahabaratha" de Vyasa.

Las plagas de egipto y su explicación científica


Las plagas de egipto, del libro de éxodo del antiguo testamento de la biblia es una de las historias más emocionantes de lás religiones cristiana y judía. o como dijo un user (sólo diré que su nick comienza con Jav0 ) en este mismo foro de religión "el mejor mito jamás contado". pero tal historia tiene un asidero científico. por tanto, pudo haber sido real.

el contexto de la historia es el siguiente: los judíos están prisioneros y en esclavitud en egipto y el faraón mandó a matar a todo recién nacido varón. moisés fue ababandonado en el nilo y rescatado por la hija del faraón. después moisés ya grande tiene problemas y debe huir de egipto para que no lo maten. cuando pasó mucho tiempo y él se volvió todo un pastor le habla Dios para que él y su hermano Aarón libere a su pueblo. para eso amenaza al faraón con diez temibles plagas que finalmente se desatan y no le deja más alternativa que dejar salir a los judíos. después de eso también moisés abre el océano y otras cosas más.

ahora ¿cuál es la explicación científica de estas dantescas plagas? todo comenzaría con la erupción del volcán santorini, a 800km de distancia de egipto. las consecuencias fueron:

1. Rios teñidos de sangre:

La actividad sismica prodicida por el volcán produjo un escape de gas subterraneo que tenía una gran cantidad de hierro, que con el contacto con el agua del río Nilo produjo oxido de hierro, el cual tiene un fuerte color rojo oscuro, y si se bebia daba un sabor metálico, el cual se parecía bastante a la sangre.

2. Las ranas:

Al producirse el oxido de hierro, el oxigeno del agua se consumió. Provocando que las ranas al ser anfibios, saliesen del agua para sobrevivir invadiendo las calles.

3. Peces muertos:

Al igual que las ranas, los peces también sufren la falta de oxigeno, muriendose y acumulandose en las orillas.

4. Plaga de insectos:

Tras la muerte de los peces y con su putrefacción acuden los insectos a las orillas del río.

5. Muerte de las reses:

La gran cantidad de parasitos acumulados en las zonas acuaticas, donde pastan las reses, que junto con el agua en mal estado, provocan la muerte de los animales.

6. Piel ulcerada:

Los gases que expulsa el río, que en contacto con la piel dificultan gravemente el transporte de oxigeno entre el organismo y hace que la piel se ulcere.

7. La oscuridad:

El volcán al erupcionar soltó gran cantidad de cenizas, cubriendo el cielo.

8. Lluvia de hielo y fuego:
Pero el volcán tambien suelta piedras incandescentes y algunas que con la fuerza de la erupción llegaron a ascender hasta la estratosfera se congelaron, cayendo bolas de granizo.

9. Las langostas:
Al caer el granizo la temperatura de la zona varia bruscamente, y las langostas que en ese momento estaban emigrando, se ven obligadas a detenerse, quedandose atrapadas en la emigración.

10. Muerte de los primogénitos:
Los escapes de gas subterráneo, tienen una alta concentración en CO2, que tras ser expulsados por las grietas de la tierra y mezclarse con el agua del río, salen a la superficie en forma de niebla densa, que se arrastra a ras de suelo al ser mas pesada que el aire. Para quien que estubiera de pie, pasaria inadvertido y sería inocuo, pero para alguien que estubiera durmiendo a ras de suelo le causaria la asfixia y la muerte. como es el caso de los primogénitos egipcios, los cuales tenian privilegios sobre sus hermanos durmiendo en el poso de abajo mientras que sus hermanos dormian en las buhardillas o en el primer piso de la casa. La niebla densa se colaría por debajo de las puertas de las casas, matando solo a los primogénitos.

LOS TÚNELES DE AMÉRICA


Los indios hopi, asentados en el estado norteamericano de Arizona, y que afirman proceder de un continente desaparecido en lo que hoy es el océano Pacífico, recuerdan que sus antepasados fueron instruídos y ayudados por unos seres que se desplazaban en escudos voladores, y que les enseñaron la técnica de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas.

Muchas otras leyendas y tradiciones indígenas del continente americano hablan de la existencia de redes de comunicación y de ciudades subterráneas.

Existe una nutrida literatura y suficientes investigadores que mantienen la hipótesis de que debajo de la superficie de nuestro planeta habitan seres inteligentes desconocidos por nosotros.

Existen diversas hipótesis acerca de la posibilidad de que inteligencias procedentes de fuera de nuestro planeta posean puntos de apoyo subterráneos o subacuáticos en el planeta Tierra. No voy a entrar aquí en el análisis de estas posibilidades, ya que forman parte de otro estudio que merece su propia dedicación. De forma que no voy a hablar de organizaciones como la Hollow Earth Society (Sociedad de la Tierra Hueca) o el SAMISDAT, que buscan establecer contacto con supuestos habitantes del interior del planeta, la primera, mientras que la segunda echa leña al fuego de la existencia de toda una organización de ideología nazi —naturalmente vinculada a los personajes dirigientes de la Alemania nazi— que sobrevive bajo la piel de nuestro planeta, con entradas a su mundo especialmente en el polo Norte y de la Amazonía brasileña. No voy a hablar de tales organizaciones ni de otras similares, ni voy a entrar en el tema de Shamballah ni de Agartha —supuestos conceptos de lo que serían unos centros de control subterráneos en los confines del Asia central— ni en el del supuesto «Rey del Mundo», porque no es el momento de negar ni de confirmar la validez de todos estos supuestos. El día en que crea oportuno hablar de ellos, lo haré de la forma más clara posible.

Voy a centrarme en este artículo en los lugares que, en el continente americano, tienen mayores posibilidades de conectar con este mundo inteligente subterráneo que aflora en muchas narraciones de los indios del Norte, del Centro y del Sur de este vasto continente, recogidas desde la época de la conquista hasta nuestros días. Para darle algún orden a la exposición de estos lugares —y dado que la datación cronológica de los supuestos túneles se pierde en la indefinición— voy a recorrer en las páginas que siguen América comenzando por el Norte para terminar, en trayecto descendente sobre el mapa, en el Norte de Chile.

Quede dicho, antes de descender, que hay más de un investigador que afirma que el polo Norte alberga tierras cálidas y la entrada hacia un mundo interior.
EL MONTE SHASTA

Los indios hopi afirman que sus antepasados proceden de unas tierras hundidas en un pasado remoto en lo que hoy es el océano Pacífico. Y que quienes les ayudaron en su éxodo hacia el continente Americano fueron unos seres de apariencia humana que dominaban la técnica del vuelo y la de la construcción de túneles e instalaciones subterráneas. Los hopi estan asentados hoy en día en el estado de Arizona, cerca de la costa del Pacífico. Entre ellos y la costa, se halla el estado de California. Y en el extremo norte de este estado existe un volcán nevado, blanco, llamado Shasta. Las leyendas indias del lugar explican que en su interior se halla una inmensa ciudad que sirve de refugio a una raza de hombres blancos, dotados de poderes superiores, supervivientes de una antiquísima cultura desaparecida en lo que hoy es el océano Pacífico. El único supuesto testigo que accedió a la ciudad, el médico Dr. Doreal, afirmó en 1931 que la forma de construcción de sus edificios le recordó las construcciones mayas o aztecas.

El nombre Shasta no procede del inglés, ni de ninguno de los idiomas ni dialectos indios. En cambio, es un vocablo sánscrito, que significa «sabio», «venerable» y «juez». Sin tener noción del sánscrito, las tradiciones indias hablan de sus inquilinos como de seres venerables que moran en el interior de la montaña blanca por ser ésta una puerta de acceso a un mundo interior de antigüedad milenaria.

Notificaciones más recientes de los habitantes de la cercana colonia de leñadores de Weed refieren apariciones esporádicas de seres vestidos con túnicas blancas que entran y salen de la montaña, para volver a desaparecer al tiempo que se aprecia un fogonazo azulado.

Narraciones recogidas de los indios sioux y apaches confirman la convicción de los hopi y de los indígenas de la región del monte Shasta, de que en el subsuelo del continente americano mora una raza de seres de tez blanca, superviviente de una tierra hundida en el océano. Pero también mucho más al norte, en Alaska y en zonas más norteñas aún, esquimales e indios hablan una y otra vez de la raza de hombres blancos que habita en el subsuelo de sus territorios.
UNA CIUDAD BAJO LA PIRAMIDE

Descendiendo hacia el Sur, recogí en la primavera de 1977 en México la creencia de que bajo la pirámide del Sol en Teotihuacán (la «ciudad de los dioses»), se esconde por el lado opuesto de la corteza terrestre —o sea en el interior del subsuelo— una ciudad en la cual se afirma que se halla el dios blanco.
400 EDIFICIOS VIRGENES

Si de aquí nos traladamos a la península del Yucatán, hallaremos en su extremo norte, oculta en la espesura de la selva, una ciudad descubierta en 1941 que se extiende sobre un área de 48 km2, y que guarda en el silencio del olvido más de 400 edificios que en alguna época remota conocieron esplendor. Fue hallada por un grupo de muchachos que, jugando en las inmediaciones de una laguna en la que solían bañarse, se toparon con un muro de piedras trabajadas, oculto por la vegetación. No teniendo los mexicanos recursos suficientes para acometer la exploración del lugar, requirieron ayuda norteamericana, acudiendo dos arqueólogos especializados en cultura maya, adscritos al Middle American Research Institute de la Universidad de New Orleans. También ellos determinaron que el proyecto de limpieza y estudio de la enorme ciudad sobrepasaba sus posibilidades, por lo que habría que crear una asociación con otras entidades. La guerra logró que el proyecto fuera momentáneamente archivado. Hasta que, en 1956, la Univerisdad de New Orleans, asociada esta vez con la National Geographic Society y con el Instituto Nacional de Antropología de México reemprendió las investigaciones. Andrews, el arqueólogo que dirigía la expedición, se dedicó —mientras el equipo de trabajadores comenzaba la desobstrucción de las edificaciones— a recoger informaciones entre los indios de la región. Un chamán le hizo saber que la ciudad se llamaba Dzibilchaltún, palabra que era desconocida en el idioma maya local, y que la laguna era llamada Xlacah, cuya traducción sería «ciudad vieja».
LA CIUDAD ENGULLIDA

Queriendo averiguar el motivo de este nombre, le fue narrada al arqueólogo norteamericano una leyenda transmitida por los indios de generación en generación, y que afirmaba que, en el fondo de la laguna, existía una parte de la ciudad que se alzaba arriba, en la jungla. De acuerdo con la narración del viejo chamán, muchos siglos antes había en la ciudad de Dzibilchaltún un gran palacio, residencia del cacique. Cierta tarde llegó al lugar un anciano desconocido que le solicitó hospedaje al gobernante. Si bien demostraba una evidente mala voluntad, ordenó sin embargo a sus esclavos que preparasen un aposento para el viajero. Mientras tanto, el anciano abrió su bolsa de viaje y de ella extrajo una enorme piedra preciosa de color verde, que entregó al soberano como prueba de gratitud por el hospedaje. Sorprendido con el inesperado presente, el cacique interrogó al huésped acerca del lugar del que procedía la piedra. Como el anciano rehusaba responder, su anfitrión le preguntó si llevaba en la bolsa otras piedras preciosas. Y dado que el interrogado continuó manteniéndose en silencio, el soberano montó en cólera y ordenó a sus servidores que ejecutasen inmediatamente al extranjero. Después del crimen, que violaba las normas sagradas del hospedaje, el propio cacique revisó la bolsa de su víctima, suponiendo que encontraría en ella más objetos valiosos. Mas, para su desespero, solamente halló unas ropas viejas y una piedra negra sin mayor atractivo. Lleno de rabia, el soberano arrojó la piedra fuera del palacio. En cuanto cayó a tierra, se originó una formidable explosión, e inmediatamente la tierra se abrió engullendo el edificio, que desapareció bajo las aguas del pozo, surgido éste en el punto exacto en el que cayó a tierra la piedra. El cacique, sus servidores y su familia fueron a parar al fondo de la laguna, y nunca más fueron vistos. Hasta aquí la leyenda.

Pero continuemos con estas ruinas del Yucatán septentrional. La expedición acabó por desobstruir una pirámide que albergaba ídolos diferentes de las representaciones habituales de las divinidades mayas. Otro edificio cercano se revelaría como mucho más importante. Se trataba de una construcción que difería totalmente de los estilos tradicionales mayas, ofreciendo características arquitectónicas jamás vistas en ninguna de las ciudades mayas conocidas. En el interior del templo —adornado todo él con representaciones de animales marinos— Andrews descubrió un santuario secreto, tapiado con una pared, en el que se encontraba un altar con siete ídolos que representaban a seres deformes, híbridos entre peces y hombres. Seres similares por lo tanto a aquellos que en tiempos remotos revelaron inconcebibles conocimientos astronómicos a los dogones, en el Africa central, y a aquellos otros que nos refieren las tradiciones asirias cuando hablan de su divinidad Oannes.

En 1961, Andrews regresó a Dzibilchaltún, acompañado en esta ocasión de dos experimentados submarinistas, que debían completar con un mejor equipamiento la tentativa de inmersión efectuada en 1956 por David Conkle y W. Robbinet, que alcanzaron una profundidad de 45 metros, a la cual desistieron en su empeño debido a la total falta de luz reinante. En esta segunda tentativa, lops submarinistas fueron el experimentado arqueólogo Marden, famoso por haber hallado en 1956 los restos de la H.M.S Bounty, la nave del gran motín, y B. Littlehales. Después de los primeros sondeos, vieron claro que la laguna se desarrollaba en una forma parecida a una bota, prosiguiendo bajo tierra hasta un punto que a los arqueólogos submarinistas les fue imposible determinar. Al llegar al fondo de la vertical, advirtieron que existía allí un declive bastante pronunciado, que se encaminaba hacia el tramo subterráneo del pozo. Y allí se encontraron con varios restos de columnas labradas y con restos de otras construcciones. Con lo cual parecía confirmarse que la leyenda del palacio sumergido se fundamentaba en un suceso real.

Este enclave del Yucatán presenta certeras similitudes con las ruinas de Nan Matol, la ciudad muerta del océano Pacífico deel que afirman proceder los indios americanos. También allí se conserva una enigmática ciudad abandonada y devorada por la jungla, a cuyos pies, en las profundidades del mar, los submarinistas descubrieron igualmente columnas y construcciones engullidas por el agua.
EL EMPERADOR DEL UNIVERSO

Nos vamos a la otra costa de México, ligeramente más al Sur. En Jalisco, y a unos 120 km tierra adentro del cabo Corrientes, cuentan los indígenas que se oculta un templo subterráneo en el que antaño fue venerado el 'emperador del universo'. Y que, cuando finalice el actual ciclo evolutivo, volverá a gobernar la Tierra con esplendor el antiguo pueblo desplazado. Tal afirmación guarda relación con el legado que encierran los pasadizos de Tayu Wari, en la selva del Ecuador.
LAS LAMINAS DE ORO DE LOS LACANDONES

De aquí hacia el Sur, al estado mexicano de Chiapas, junto a la frontera con Guatemala. Allí moran unos indios diferentes, de tez blanca, por cuyos secretos subterráneos ya se había interesado en marzo de 1942 el mismo presidente Roosevelt. Pues cuentan los lacandones que saben de sus antepasados que en la extensa red de subterráneos que surcan su territorio, se hallan en algún lugar secreto unas láminas de oro, sobre las que alguien dejó escrita la historia de los pueblos antiguos del mundo, amén de describior con precisión lo que sería la Segunda Guerra Mundial, que implicaría a todas las naciones más poderosas de la Tierra. Este relato llega a oídos de Roosevelt a los pocos meses de sufrir los Estados Unidos el ataque japonés a Pearl Harbor. Semejantes planchas de oro guardan estrecha relación, igualmente, con las que luego veremos se esconden en los citados túneles de Tayu Wari, en el Oriente ecuatoriano.
50 KM DE TÚNEL

Prosigamos hacia el Sur. El paso siguiente que se da desde Chiapas pisa tierra guatemalteca. En el año 1689 el misionero Francisco Antonio Fuentes y Guzmán no tuvo inconveniente en dejar descrita la «maravillosa estructura de los túneles del pueblo de Puchuta», que recorre el interior de la tierra hasta el pueblo de Tecpan, en Guatemala, situado a unos 50 km del inicio de la estructura subterránea.
A MÉXICO EN UNA HORA

A finales de los 40 del siglo pasado apareció un libro titulado Incidentes de un viaje a América Central, Chiapas y el Yucatán, escrito por el abogado norteamericano John Lloyd Stephens, que en misión diplomática visitó Guatemala en compañía de su amigo el artista Frederick Catherwood. Allí, en Santa Cruz del Quiché, un anciano sacerdote español le narró su visita, años atrás, a una zona situada al otro lado de la sierra y a cuatro días de camino en dirección a la frontera mexicana, que estaba habitada por una tribu de indios que permanecían aún en el estado original en que se hallaban antes de la conquista. En conferencia de prensa celebrada en New York tiempo después de la publicación del libro, añadió que, recabando más información por la zona, averiguó que dichos indios habían podido sobrevivir en su estado original gracias a que —siempre que aparecían tropas extrañas— se escondían bajo tierra, en un mundo subterráneo dotado de luz, cuyo secreto les fue legado en tiempos antiguos por los dioses que habitan bajo tierra. Y aportó su propio testimonio de haber comenzado a desandar un túnel debajo de uno de los edificios de Santa Cruz del Quiché, por el que en opinión de los indios antiguamente se llegaba en una hora a México.
EL TEMPLO DE LA LUNA

En octubre de 1985 tuve ocasión de acceder junto con Juan José Benítez, con los hermanos Vilchez y con mi buena amiga Gretchen Andersen —que, dicho sea de paso, nació al pie del monte Shasta en el que inicié este artículo— a un túnel excavado en el subsuelo de una finca situada en los montes de Costa Rica. Nos internamos en una gran cavidad que daba paso a un túnel artificial que descendía casi en vertical hacia las profundidades de aquel terreno. Los lugareños —que estaban desde hace años limpiando aquel túnel de la tierra y las piedras que lo taponaban— nos narraron su historia, afirmando que al final del mismo se halla el «templo de la Luna», un edificio sagrado, uno de los varios edificios expresamente construídos bajo tierra hace milenios por una raza desconocida, que de acuerdo con sus registros había construído una ciudad subterránea de más de 500 edificios.
LA BIBLIOTECA SECRETA

Y ya bastante más al Sur, me interné en 1986 en solitario en la intrincada selva que, en el Oriente amazónico ecuatoriano, me llevaría hasta la boca del sistema de túneles conocidos por Los Tayos —Tayu Wari en el idioma de los jívaros que los custodian—, en los que el etnólogo, buscador, aventurero y minero húngaro Janos Moricz había hallado años atrás, y después de buscarla por todo el subcontinente sudamericano, una auténtica biblioteca de planchas de metal. En ellas, estaba grabada con signos y escritura ideográfica la relación cronológica de la historia de la Humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida.
LAS CIUDADES SUBTERRÁNEAS DE LOS DIOSES

Por los testimonios recogidos, a partir de allí partían dos sendas subterráneas principales: una se dirigía al Este hacia la cuenca amazónica en territorio brasileño, y la otra se dirigía hacia el Sur, para discurrir por el subsuelo peruano hasta el Cuzco, el lago Titicaca en la frontera con Bolivia, y finalmente alcanzar la zona lindante a Arica, en el extremo norte de Chile.

De acuerdo por otra parte con las informaciones minuciosamente recogidas en Brasil por el periodista alemán Karl Brugger, con cuyo asesinato en la década de los 80 desaparecieron los documentos de su investigación, se hallarían en la cuenca alta del Amazonas diversas ciudades ocultas en la espesura, construídas por seres procedentes del espacio exterior en épocas remotas, y que conectarían con un sistema de trece ciudades ocultas en el interior de la cordillera de los Andes.
LOS REFUGIOS DE LOS INCAS

Enlazando con estos conocimientos, sabemos desde la época de la conquista que los nativos ocultaron sus enormes riquezas bajo el subsuelo, para evitar el saqueo de las tropas españolas. Todo parece indicar que utilizaron para ello los sistemas de subterráneos ya existentes desde muchísimo antes, construídos por una raza muy anterior a la inca, y a los que algunos de ellos tenían acceso gracias al legado de sus antepasados. Posiblemente, el desierto de Atacama en Chile sea el final del trayecto, en el extremo Sur.

Estamos hablando pues, al final del trayecto, de la zona que las tradiciones de los indios hopi citados al inicio de esta artículo —allá arriba en la Arizona norteamericana—, señalan como punto de arribada de sus antepasados cuando —ayudados por unos seres que dominaban tanto el secreto del vuelo como el de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas—, se vieron obligados a abandonar precipitadamente las tierras que ocupaban en lo que hoy es el océano Pacífico.

Pero la localización de las señales concretas —que existen—, el desciframiento adecuado de sus claves correctoras —que las hay—, así como la decisión de dar el paso comprometido al interior, es —como siempre sucede en todo buscador sincero— una labor tan comprometida como intransferible.

martes, 12 de julio de 2011

Lemuria


La perdida Lemuria

Por W. Scott Elliot

Pruebas suminístradas por la Geología y la Paleontología

Está generalmente reconocido por la ciencia que la actual tierra firme de la superficie del globo fué un tiempo océano, y los mares de hoy tierra firme. Los geólogos han logrado determinar con exactitud en algunos casos las porciones de la superficie terrestre en que ocurrieron estas sumersiones y alzamientos; y si la ciencia reconoce al fin, no sin reservas, que en efecto existió el desaparedido continente atlante, la opinión general
admite, desde hace tiempo, que en una época prehistórica existió también un vasto continente austral llamado Lemuria.
A este propósito dice Ernesto Hoekel (1), «La historia del desenvolvimiento de la tierra
nos demuestra que la distribución superficial de las partes sólidas y líquidas está cambiando de contínuo. Las geológicas alteraciones de la corteza terrestre determinan por doquiera elevaciones y depresiones del suelo, que unas veces son más notables en ciertos puntos y otras en puntos distintos; y aunque sean tan lentas que en el transcurso de siglos sólo se hunda o se eleve la costa unos cuantos centímetros, su resultado es de
enorme importancia al cabo de los incalculables períodos de tiempo que abarca la historia de la tierra. Durante muchos millones de años, desde la existencia de la vida organizada, han luchado constantemente tierra y agua por la supremacia.
Continentes e islas se han hundido en el mar y otros nuevos surgieron de los abismos marinos. Lagos y mares quedaron secos por el lento alzamiento de su fondo, y nuevas cuencas acuáticas se formaron por los hundimientos del suelo. Penínsulas se convirtieron en islas por la sumersión del istmo que las unía al continente. Las islas de los archipiélagos se han transformado en picos de cordilleras por el alzamiento del fondo del mar que las bañaba.
Así, el Mediterráneo era un lago cuando en el actual estrecho de Gibraltar enlazaba un istmo a España con Africa. En más reciente época de la historia de la tierra, cuando ya existía el hombre, estuvo Inglaterra repetidas vec;es unida al continente europeo y otras tantas separada de él; y aun Europa y el Norte de América estuvieron un tiempo directamente relacionadas. El mar del Sur era un gran continente, y las numerosas islas que ahora lo esmaltan fueron los picos más elevados de sus cordilleras. El Océano Indico formaba otro continente, que se extendía desde las islas de la Sonda por la costa meridional de Asia hasta la oriental de Africa. El inglés Sclater denominó Lemuria a este continente, a causa de los animales simios que lo poblaban y, según toda probabilidad,
en él tuvo su cuna la raza humana, procedente de los monos antropoides. (2)
Es muy interesante la evidente prueba, fundamentada por Alfredo Wallace en hechos corológicos, de que el actual archipiélago malayo consta de dos divisiones completamente distintas. La división occidental o archipiélago indo-malayo, que
comprende las islas de Borneo, Java y Sumatra, estuvo primitivamente unido por Malaca al continente asiático y acaso también con el lemuriano.
Por otra parte, la división oriental o archipiélago austro-malayo, que comprende las Celebes, Molucas, Nueva Guinea e islas de Salomón, estuvo directamente enlazado con Australia. Ambas divisiones eran en un principio dos continentes, separados por un estrecho, que hoy día están en su mayor parte sepultados en el mar. Apoyado WaIlace en sus precisas observaciones corológicas, logró determinar exactamente la posición de aquel primitivo estrecho, cuyo estremo meridional pasaba entre Bali y Lombok.
Así es que desde los comienzos de la presencia del agua líquida en la tierra. están variando perpetuamente las lindes de la porción sólida, hasta el punto de que la configuración de las costas de los continentes e islas no ha sido durante una hora,
ni siquiera durante un minuto, exactamente la misma. Porque la perpetua rompiente de las olas cercena a la tierra en unos parajes de la costa las porciones que en otros gana por acumulación del limo, cuyo pétreo endurecimiento eleva el fondo del mar y forma nuevas tierras. Nada más erróneo que la idea de una inalterable configuración de los continentes tal como, sin fundamento geológico, los representan los mapas escolares.El nombre de Lemuria lo dió Sclater, según antes dijimos, en consideración a que en este continente se desenvolvieron los animáles llamados lemúricos.
Dice A. R. Wallace (3): «La existencia de este continente es sin duda una legítima y muy firme hipótesis, al par que un ejemplo de cómo el estudio de la distribución geológica de los animales permite reconstruir la geografía de pasados tiempos. Acaso fuera este continente una primitiva región zoológica en lejanas épocas geológicas, pero ignoramos qué épocas fueron éstas, ni cuáles los límites de dicha región. Si suponemos que abarcaba toda el area correspondiente a la actual fauna de lemúridos, habremos de extenderla desde el Africa occidental a Burma, Sur de China e islas Celebes.


Ya nos hemos referido anteriormente a la conectividad que en otro tiempo hubo entre la subregión etiópica y la isla de Madagascar, para explicar la distribución del tipo lemuriano y otras curiosas afinidades entre ambos países. Corrobora esta opinión la geología de la península indostánica, al demostrarnos que la isla de Ceilán y el Sur de la India están constituidos, por lo general, de granito y rocas vetustamente metamórficas, al
paso que la mayor parte de la península es de formación terciaria, con talo cual roca secundaria.
Es evidente, por lo tanto, que durante mucho tiempo del período terciario estuvieron Ceilán y el Sur de la India limitados al Norte por una considerable porción de mar y acaso formaron parte de un vasto continente meridional o de una gran isla. (4)
Sin embargo, las numerosas y notables afinidades que estos suelos ofrecen con el archipiélago malayo son indicios de que posteriormente hubo más estrecha aproximación con estas islas.
Cuando, todavía más tarde, se formaron las extensas llanuras y planicies del Indostán que abrieron paso firme a la ya pujante fauna himalo-chinesca, inmigraron rápidamente nuevos tipos y se extinguieron las formas menos especializadas de mamíferos y aves.
Parece que la lucha entre reptiles e insectos no fué tan ardorosa, o acaso las viejas formas se adaptaron a las nuevas condiciones locales lo bastante bien para no desaparecer; pues tan sólo en estos dos órdenes zoológicos hallamos un considerable número de animales que probablemente son restos de la fauna que poblara un tiempo el hoy sumergido continente» .
Después de afirmar que durante todo el período terciario y tal vez gran parte del secundario, las vastas porciones de tierra estuvieron en el hemisferio boreal, prosigue diciendo Wallace: "En el hemisferio austral existieron, a lo que parece, tres considerables y muy antiguas porciones de tierra, cuya extensión varió de tiempo en tiempo, aunque
siempre distintas una de otra, como por ejemplo ocurre hoy día con Australia, el Sur de Africa y la América meridional. Por aquellas tierras fluyeron sucesivas oleadas de vida, cada vez que temporáneamente quedaban unidas a alguna porción de las tierras septentrionales.» (5)
Aunque para vindicar ciertas conclusiones que le refutó el Dr. Hartlaub, niegue posteriormente Wallace la necesidad de admitir la existencia de tal continente, queda inalterado el reconocimiento de las sumersiones y alzamientos de la corteza terrestre, así como tampoco se invalidan las deducciones derivadas de la innegable afinidad entre las faunas extintas y vivientes.
Sobre este particular nos da todavía más interesantes pormenores la notable Memoria (6) leída por H. F. Blandford ante la Sociedad Geológica, en que dice así:
"Las afinidades y analogías de los animales y vegetales fósiles del grupo Beaufort de Africa y los de Panchets y Kathmis en la India, bastan para inferir la primitiva existencia de una tierra que enlazaba ambas superficies. Pero la semejanza entre las faunas fósiles de Africa e India no cesa al terminar las épocas permiana y triásica. La flora del grupo de Uitenhage encierra once formas de plantas, de las cuales dos son idénticas a las de la India, según evidenció Tate. Los fósiles jurásicos de la India con escasas excepciones, se
han de describir todavía; pero sorprendido el doctor Stoliezka de las afinidades entre los fósiles de Cutch y las formas africanas, acabó por demostrar en colaboración de Griesbach que la mayoría (7) de los fósiles cretáceos del río Umtafuni en el Natal son idénticas a las especies del Sur de la India. Ahora bien; las series de plantas de la India
y el Karoo y parte de la formación africana de Uitenhage son, según toda probabilidad, de origen acuático, y ambas indican la existencia de una vasta superficie de tierra circundante, cuyo hundimiento determinó la formación de dichas cuencas.
¿Enlazaba esta tierra continuadamente ambas regiones? ¿Puede inferirse su probable situación de la actual topografía del Océano fndico? Por otra parte, ¿qué relación había entre esta tierra y Australia, cuya existencia en la época permiana es igualmente presumible? Y por último, ¿en las vivientes fauna y flora de la India, Africa y las islas intermedias, hay algunas peculiaridades que indiquen una primitiva relación más directa que la actual entre Africa y el Sur de la India y la península de Malaca? La hipótesis expuesta no es nueva en la ciencia. Hace tiempo la presumieron algunos naturalistas indos y europeos, entre ellos mi hermano y el doctor Stoliezka cuyos trabajos
especulativos se fundan no sólo en la analogía, y aun hasta cierto punto identidad de las faunas y floras fósiles, sino además en la actual comunidad de formas de que Murray, Searles, Wood y Huxley indujeron la existencia de un continente mioceno que ocupó parte del Océano Indico. Así, pues, lo único que me propongo en esta Memoria,
es ampliar algún tanto el concepto geológico de la cuestión.
Respecto a las pruebas geográficas, el examen del mapa nos dirá que desde las inmediaciones de la costa occidental de la India hasta cerca de las islas Seychelles, Madagascar y Mauricio se extiende una línea de bancos de coral, incluso los de Adas, Lacadivas, Maldivas, Chagos y Saya de Mulha, todos los cuales demuestran la existencia de una o más cordilleras sumergidas.
Por otra parte, Darwin observa que las islas Seychelles se levantan sobre un extenso banco de treinta a cuarenta brazas de profundidad, de modo que, si bien actualmente está en parte rodeado de arrecifes, puede considerarse como virtual extensión de la misma cordillera sumergida. Más hacia el Oeste, las islas de Cosmoledo y Comoro están formadas por escollos yarrecifes muy semejantes a los de las actuales costas de Africa y Madagascar. Parece probable que esta línea de escollos, bancos y arrecifes indica la situación de una antigua cordillera que tal vez formara la osamenta espinal de una porción de tierra primitivamente terciaria, y más tarde paleozoica y mesozoica, de
análoga manera a los sistemas alpino e himaláyco con relación al continente europeo-asiático ya los sistemas roquizo y andino con respecto a las dos Américas. Para designar esta tierra mesozoica, yo hubiera propuesto el nombre de Indoceana, aunque ha prevalecido el de Lemuria que le dió Sclater.
El profesor Huxley, apoyado en pruebas paleontológicas, opina que durante el período mioceno existió una tierra entre Absinia e India, pero según se infiere de lo antes expuesto, le atribuyó época mucho más primitiva (8).
Por lo que a su depresión se refiere, sólo nos queda hoy su extremidad septentrional como prueba demostrativa que esta región se hundió posteriormente al gran diluvio de Dakhan. Estas enormes capas de rocas volcánicas se extienden en dirección horizontal hacia el Este de la cordillera de Sakyadri; pero al Oeste de la misma empiezan las rocas a hundirse en el mar, de modo que la isla de Bombay está determinada por las más elevadas partes de aquella formación. Esto indica que la depresión hacia el Oeste ocurrió en la época terciaria; y por lo tanto, la opinión de Huxley de que fué posterior al período mioceno, está corroborada por pruebas geológicas» .


Después de fundamentar con ejemplos la íntima relación de los componentes de la fauna (9) de las tierras en estudio, prosigue el autor diciendo: «La Paleontología, Geología y Geografía física, con la establecida distribución de los animales y plantas hoy vivientes, atestiguan mancomunadamente la primitiva e íntima conexión entre Africa e India, incluso las islas tropicales del Oceano Indico. Parece que esta tierra indoceánica existió
por lo menos desde los comienzos del período permiano, y probablemente, según dice Huxley, hacia la conclusión del período mioceno (10). El Africa meridional y la península indostánica son los actuales resíduos de esta antigua tierra, cuya superficie no fué tal vez absolutamente contínua durante todo aquel largo período. Efectivamente, las
rocas cretáceas del Sur de India y Africa y las marinas capas jurásicas de las mismas regiones prueban que parte de estas tierras estuvieron por más o menos tiempo invadidas por el mar, aunque no persistiría mucho la interrupción de continuidad, pues las investigaciones de Wallace en el archipiélago oriental han demostrado que la más
angosta porción de mar es insuperable obstáculo para la emigración de animales terrestres. En la época paleozoica debió estar relacionada esta tierra con la Australia y en la terciaria con Malaya, puesto que las formas malayas y su parentesco con las africanas son, en algunos casos, distintas de las de India. Conocemos aún muy poco la Geología de la península oriental para fijar la época de su conexión con la tierra indoceánica. El geólogo Theobald ha señalado la existencia de rocas triásicas, cretáceas y numulíticas en las montañas costeras de Arabia, y sabido es que hacia el sur de Mulmein se encuentran carbonatos cálcicos, mientras la cordillera oriental de Irrawadi está formada por más recientes rocas terciarias. De esto se infiere, al parecer, que una considerable parte de la península de Malaya debió estar ocupada por el mar durante los períodos mesozoico
y eoceno. Se ha comprobado que las escotaduras exteriores de los Himalayas síkimos están formadas por rocas vegetales de la época raniganja, y en consecuencia la antigua tierra debió de extenderse algo más al Norte del actual delta del Ganges. En las cuestas de Khasi y en el alto Asam se encuentra hulla de las épocas cretácea y terciaria; pero en ambos casos está asociada a capas marinas, en prueba de que la linde divisoria de tierra
y mar osciló algún tanto en esta región durante los períodos cretáceo y eoceno. Las grandes formaciones cretáceas y numulíticas que en el Noroeste de India se extienden a través del Beluchistán y Persia y constituyen la estructura de la parte Noroeste de los Himalayas, prueban que en los períodos mesozoico y eoceno estuvo India separada del Asia occidental. Por otra parte, las rocas jurásicas de la cordillera de Salt y de la porción Norte de los Himalayas, demuestran que en el período anterior cubrían las aguas gran
parte de la actual cuenca índica, al paso que las formaciones triásicas y carboníferas y las todavía más recientes formaciones marinas de los Himalayas indican que desde tiempos muy primitivos hasta el alzamiento de la gran cordillera, muchos de los actuales parajes estuvieron cubiertos durante siglos y siglos por el mar .

Para resumir las conclusiones de esta Memoria, diremos:

1) Las series vegetales de la India desde los comienzos del período permiano hasta las postrimerías del jurásico indican (excepto en unos pocos casos y lugares) la interrumpida continuidad de la tierra.

2) En los comienzos del período permiano, como asimismo en el postplioceno, prevaleció la frigidez del clima en las latitudes bajas y, a mi entender, simultáneamente en ambos hemisferios.
Al disminuir el frío, la flora y la fauna del período permiano se propagó por Africa, India y tal vez Australia. Sin embargo, también pudo existir anteriormente la flora en Australia y propagarse después desde allí.

3) India, el Africa meridional y Australia estuvieron unidas por un continente indoceánico en el período permiano. Los dos primeros países permanecieron unidos con muy cortas interrupciones hasta el fin del período mioceno. A la conclusión del período estuvo esta tierra unida a Malaya.

4) De acuerdo con precedentes autores, creo que la cordillera submarina de arrecifes y bancos de coral que hoy se extiende entre el mar de Arabia y el Este de Africa señala la situación geográfica de esta tierra.

5) Hasta el fin de la época numulítica no hubo conexión directa (excepto cortos períodos) entre India y el Asia occidental.

En la discusión de esta Memoria, el profesor Ramsay convino con el autor en la creencia de que Africa, India y Australia estuvieron unidas en pasadas épocas geológicas. El académico Woodward se congratuló de que el autor hubiese corroborado con pruebas inferidas de la flora fósil de las series mosozoicas de la India, las opiniones de Huxley, Sclater y otros, respecto a la pretérita existencia de un antiquísimo continente, ya vislumbrada por las observaciones de Darwin en los arrecifes coralinos.
Dice Haeckel: (11) «De los cinco actuales continentes, ni Australia ni América ni Europa han podido ser la primieval residencia o cuna de la raza humana, llamada bíblicamente Paraíso.» Multitud de circunstancias colocan este lugar en el Sur de Asia, y todo lo más pudiera suponérsele en Africa. Pero hay muchísimos indicios (especialmente los hechos corológicos) de que la primitiva morada del hombre fué un continente, hoy sumergido en el fondo del Océano fndico, que se extendía a lo largo del Sur de Asia, y que llegaba por
Oriente hasta las islas de la Sonda y por Occidente hasta Madagascar y costa sudoriental de Africa.
Ya hemos dicho que la Geografía zoológica y botánica da mucha probabilidad a la existencia de este continente sudindiano. Sclater le llamó Lemuria a causa de los animales simiescos que lo poblaban. Si admitimos que Lemuria fué la principal morada del hombre, nos explicaremos sin dificultad cómo la emigración pudo distribuir geográficamente la especie humana.
En una obra posterior (12) afirma Haeckel resueltamente la existencia de Lemuria en época muy primitiva de la historia de la tierra.
El siguiente pasaje del Dr. Hartlaub (13) nos proporcionará la última prueba de este orden en pro de la existencia de la perdida Lemuria:
«Geoffroy Saint-Hilaire observó, hace treinta y cinco años, que si se hubiera de clasificar la isla de Madagascar bajo exclusivas consideraciones zoológicas, prescindiendo de su posición geográfica, sería forzoso no adscribirla ni al Africa ni al Asia, sino a un cuarto continente muy distinto de los tres del viejo mundo. Este cuarto continente, por lo que de su fauna se induce, diferiría mucho más de la cercana Africa que de la lejana India.
Con estas palabras, cuya exactitud han corroborado plenamente posteriores investigaciones, planteó el naturalista francés el interesante problema para cuya solución se ha propuesto recientemente una hipótesis basada en hechos científicos.
El cuarto continente de Geoffroy Saint-Hilaire es la misma Lemuria de Sclater, la sumergida tierra que contuvo parte de Africa y debió de extenderse hacia el Sudeste de la India y Ceilán. Los puntos más elevados de esta tierra son los actuales picos volcánicos de las islas de Borbón y Mauricio y la cordillera central de Madagascar, último abrigo de la extinta raza lemúrica que un tiempo la poblara».


Pruebas derivadas de los archivos arcaicos

Las demás pruebas relativas a Lemuria y sus habitantes brotan de la misma fuente que las aducidas en la Historia de los Atlantes. Sin embargo, en el caso presente ha podido copiar el autor dos mapas; uno de Lemuria y tierras aledañas durante el período álgido de este continente; y otro de su configuración después de los cataclismos que lo desmembraron muchísimo antes de su definitiva desaparición.
Siempre dijimos que los mapas de Atlántida no eran exactos en latitud ni longitud, y mucho menos exactos han de ser los de Lemuria, si tenemos en cuenta las enormes dificultades opuestas a su trazado. En el caso de Atlántida disponíamos de un excelente bajo-relieve de terracocha y un muy bien conservado mapa de pergamino. En el caso de Lemuria sólo hemos podido disponer de un modelo de terracocha, deplorablamente roto
y de un mapa estropeado y borroso, lo que agravó la dificultad de reconstituir todos los pormenores y, por consiguiente, de obtener copias exactas.
Se nos reveló que poderosos Adeptos trazaron los mapas de Atlántida en los florecientes tiempos de esta raza; pero no sabemos con seguridad si los mapas lemúricos fueron trazados por instructores divinos cuando aún existía el continente o si datan de la época atlante. Sin embargo, aun previniéndonos contra la ciega confianza en la exactitud de los mapas, creemos que por exactos pueden disputarse en el conjunto de sus líneas
generales.

Probable duración del continente lemúrico

De cuatro a cinco millones de años, en guarismo redondo, duró la vida geológica de la Atlántida, porque este tiempo hace poco más o menos que en parte del continente lemúrico, todavía firme a la sazón, aparecieron los remoahles, primera subraza de la cuarta raza raíz que iba a poblar la Atlántida. Si recordamos que en el proceso de la
evolución, el guarismo 4 representa invariablemente no sólo el nadir del ciclo respectivo, sino el período más breve, tanto en un manvántara como en una raza, podremos presumir que Lemuria existió durante un número de millones de años muy superior al asignado al continente atlante o de la cuarta raza. Pero respecto a Lemuria no tenemos fechas, ni siquiera aproximadas, por lo que sólo cabe apoyarnos en las épocas geológicas, tal como las conoce la ciencia moderna.

Los Mapas

Según puede advertirse, no están trazados los mapas con sujeción a las épocas geológicas, aunque de su examen inferimos que el más antiguo de los dos representa la superficie terrestre desde la época permiana hasta la jurásica, a través de la triásica, mientras que el otro mapa representa probablemente la configuración terrestre durante
los períodos cretáceo y eoceno.
El mapa más antiguo nos muestra que el ecuatoriano continente de Lemuria, en los días de su florecimiento, ceñía casi por entero el globo, pues desde donde hoy están las islas de Cabo Verde, a pocas millas de la costa de Sierra Leona, se dilataba hacia el Sudeste a través de Africa, Australia, islas de la Reunión y mares interpuestos hasta pocas millas de distancia de una isla continental (cuya extensión igualaba a la América del Sur) que fiotaba sobre el Pacífico y comprendía el Cabo de Hornos y parte de la Patagonia.
En el otro mapa de Lemuria llama la atención la mucha longitud y, en algunos parajes, la extrema angostura de los estrechos que separan los dos enormes témpanos de tierra en que por entonces se hendió el continente. Además, la magnitud de los estrechos que actualmente existen entre las islas de Bali y Lomboc coincide con la de una parte
de los que en aquella época separaban ambos continentes. También conviene advertir que estos estrechos seguían en dirección Norte por la costa occidental de Borneo, y no por la oriental, como conjeturó Haeckel.
Por lo que toca a la distribución de la fauna y la flora y la existencia de varios tipos comunes a India y Africa, según expone Blandford, se observará que parte de la India y extensas porciones de Africa estuvieron directamente enlazadas por tierra durante el período correspondiente al primer mapa, y que la misma conexión se mantuvo
parcialmente en el período relativo al segundo mapa. El cotejo de los mapas de Atlántida con los de Lemuria nos demostrará que, ya en una, ya en otra época, hubo siempre comunicación firme entre porciones de superficie hoy separadas por el mar. Con esto deja de ser un enigma para los naturalistas la actual distribución de la fauna y flora en ambas Américas, Europa y tierras orientales.
La isla que en el primer mapa lemúrico está situada al Noroeste del promontorio extremo del continente, al Oeste mismo de la actual costa de España, fué probablemente durante largos siglos el centro propagador de la fauna y la flora a que antes nos referimos. Es muy digno de nota, por lo interesante, que esta isla debió ser el núcleo permanente del posterior continente Atlante. Según vemos, ya existía esta isla en los comienzos de la época lemúrica, y en el período correspondiente al segundo mapa quedó unida a una tierra que había formado parte del gran continente lemúrico, de modo que por sucesivos acrecentamientos y soldaduras llegó a ser más bien continente que isla. En sus comienzos constituyó la vasta región montañosa de Atlántida, cuando esta desaparecida parte del mundo abarcaba los vastos lienzos de tierra que actualmente forman ambas Américas. En el período de decadellcia formó también esta gran isla la montañosa región atlántica, así como la de Ruta en la época de Ruta y Daitya, hasta que, por último, fué la isla de Poseidonis, resto póstumo del continente atlante, sumergida el año 9564 antes de J.C.
El mismo cotejo de los mapas lemúricos con los mapas atlánticos nos demostrará que las tierras de Australia, Nueva Zelanda, Madagascar, parte de la Somalia, el Sur de Africa y el extremo meridional de Patagonia han subsistido a través de los sucesivos cataclismos desde los comienzos del período lemúrico. Lo mismo podemos decir de las partes meridionales de India y Ceilán, con la excepción, respecto de esta última isla, de un temporáneo hundimiento en la época de Ruta y Daitya.
Cierto es que aún quedan restos del todavía más primitivo continente hiperbóreo, tales como Groenlandia, Islandia, Spitzberg, las partes septentrionales de la península Escandinava y el cabo Norte de Siberia, que son las tierras más antiguas del planeta.
El Japón existía ya en la época del segundo mapa lemúrico, bien como isla, bien como parte de un continente. En dicha época existía asimismo España que, con excepción de Escandinava septentrional, es probablemente la tiera más vieja de Europa.
El carácter indeterminado de las precedentes afirmaciones depende necesariamente de que durante las épocas comprendidas entre los períodos correspondientes a los mapas ocurrieron hundimientos y elevaciones en diversas partes de la superficie terrestre.
Por ejemplo, se nos dice que poco después de la fecha del segundo mapa lemúrico se hundió la península malayica, permaneciendo sumergida hasta un nuevo alzamiento ocurrido antes de la fecha del primer mapa atlántico, pues la actual península de Malaya aparece como parte de un gran continente. Del mismo modo hubo en tiempos más cercanos otros hundimientos y elevaciones no tan importantes, por lo que tenía razón Haeckel al decir que Inglaterra (14) ha estado alternativamente unida y separada del continente europeo.
A fin de esclarecer las ideas, acompañamos un cuadro con la sinopsis histórica de la vida animal y vegetal en nuestro globo, relacionada, según Haeckel, con las contemporáneas capas rocosas.
En otras dos casillas del cuadro aparecen las razas humanas y los cataclismos geológicos, según saben los estudiantes de ocultismo.
De este cuadro se deduce que el hombre lemúrico vivió en la época de los reptiles y de los pinares. Los monstruos anfibios y los gigantes helechos del período permiano medraban todavía en los climas húmedos y calientes. Los plesiosaurios é ictiosaurios rebullian en las tibias lagunas de la edad mesolítica, hasta que por el desecamiento
de la mayor parte de los :mares interiores predominó el enorme reptil terrestre llamado dinosaurio, mientras que los pterodáctilos (15) no solo reptaban por el suelo, sino que volaban por los aires. El pterodáctilo menor era del tamaño de un gorrión, y el mayor, cuyas alas medían unos cinco metros de largo, superaba a las más corpulentas aves de hoy día. Los dinosaurios o dragones eran colosales reptiles de rapiña cuyo cuerpo alcanzaba de doce a quince metros de longitud (16) y posteriores excavaciones han sacado a luz esqueletos todavía mayores. El profesor Ray Lankaster, en la sesión celebrada por el Instituto Real el 7 de Enero de 1904, dió cuenta de que en los depósitos
eolíticos de los Estados Unidos del Sur se había descubierto un esqueleto de brontosaurio que medía veinte metros de largo.
Las estancias del arcaico Libro de Dzyan dicen: "A las cosas reptantes se añadieron animales con vértebras, dragones del abismo y sierpes voladoras. A los que reptaban por el suelo les nacieron alas. Los de largos cuellos que nadaban en el agua fueron los progenitores de las aves del aire."
La ciencia moderna corrobora esta afirmación, pues como dice Haeckel: (17) "Las aves ofrecen tan íntima relación con los reptiles en su estructura interna y desenvolvimiento embrionario, que sin duda proceden de una rama de este orden... La transformació n de reptiles en aves sobrevino por vez primera en la edad mesolítica y probablemente durante el período triásico".
En esta época vemos también que el pino y la palmera suceden a los helechos gigantes. En los últimos días de la edad mesolítica aparecen por vez primera los mamíferos; pero los fósiles del mamut y del mastodonte, sus primeros representantes, se encuentran principalmente en las capas de los períodos eoceno y mioceno.

El reino humano

Antes de referirnos a lo que en aquellos primitivos tiempos debe entenderse por reino humano, conviene advertir que ninguno de los que hoy día poseen mayor o menor cultura mental y espiritual pudo vivir en aquellos tiempos, pues las mónadas más rezagadas empezaron a reencarnar en las tres últimas subrazas de la tercera raza raíz, mientras que las más a vanzadas reencarnaron en las primeras subrazas de la raza atlante.
Por lo tanto, y al menos durante la primera mitad de la tercera raza, es preciso ver en el hombre lemúrico más bien un animal destinado a alcanzar la etapa humana, que un hombre en el sentido que hoy damos a esta palabra; pues aunque los segundo y tercer grupo de Pitris, que constituyeron los habitantes de Lemuria durante las cuatro primeras subrazas, habían dcsenvuelto suficientemente la conciencia en el manvántara lunar para diferenciarse del reino animal, faltábales aún la chispa divina que debía dotarles de mente e individualidad o, en otros términos, ascenderlos a la etapa humana.


Tamaño y consistencia del cuerpo humano

Así es que la evolución de la raza lemúrica es uno de los más oscuros al par que interesantes puntos de la línea evolutiva del hombre; porque durante este período, no sólo alcanzó la verdadera humanidad, sino que su cuerpo experimentó profundas alteraciones físicas y hubo dos mudanzas en el procedimiento funcionario de la reproducción.
Para explicar las sorprendentes afirmaciones que hemos de hacer respecto del tamaño y consistencia del cuerpo humano en este primitivo período, conviene tener presente que mientras los reinos animal, vegetal y mineral seguían el ordinario curso de su evolución en este cuarto globo, durante la cuarta ronda del actual manvántara, el reino humano hubo de recorrer rápidamente las varias etapas evolutivas porque pasara en las tres rondas anteriores. Así es que los cuerpos de la primera raza raíz, en que aquellos casi amentes seres habían de adquirir experiencias, nos hubieran parecido gigantescos fantasmas de materia astral, que poco a poco se densificó hasta tomar consistencia física de grado etéreo en la segunda raza raíz, cuyos individuos hubieran sido igualmente invisibles para nuestro actual órgano de visión.
Se nos dice que fué necesaria esta abreviación evolutiva a fin de que el Manu y sus colaboradores dispusieran de medios a propósito para perfeccionar el tipo físico de la humanidad que hasta entonces no había pasado del enorme cuerpo simiesco existente en los tres planetas físicos, Marte, Tierra y Mercurio, durante la tercera ronda. Al llegar a la Tierra en la cuarta ronda la oleada de vida humana, estaban animadas cierto número de estas formas simiescas por los residuos dejados en el planeta durante el período praláyico. Estas criaturas se incorporaron a la corriente humana tan pronto como la raza alcanzó del todo el desarrollo físico, y si bien se hubieran podido utilizar sus cuerpos para la reencarnación de las más atrasadas entidades, era preciso perfeccionar la forma como lo hizo el Manu, elaborando en el plano astral el arquetipo creado por la mente del
Logos.
De la etérea segunda raza procedió la tercera o lemúrica, cuyos cuerpos estaban ya constituídos de gases, líquidos y sólidos, es decir, de las tres más densas subdivisiones del plano físico, aunque con predominio de gases y líquidos, de suerte que la estructura vertebral no se había osificado aún como lo está en nosotros y, por lo tanto, no podían mantenerse en pie. Efectivamente, sus huesos eran flexibles y cartilaginosos como los de
nuestros niños; pues hasta el promedio del período lemúrico no se osificó el esqueleto humano.
El átomo físico permanente (18) basta para demostrar la posibilidad de que la forma etérea se transmutase en otra más densa y que el esqueleto cartilaginoso se osificase según está actualmente.
El átomo físico contiene la esencia de todas las formas porque ha pasado el hombre en el plano físico; y asimismo, por una parte, la potencialidad de una estructura ósea tal como alcanzó durante el curso de la tercera ronda, y por otra, la potencialidad de una forma etérea con todas las fases intermedias; porque conviene recordar que el plano físico consta de cuatro sutilidades de éter, aparte de los estados gaseoso, líquido y sólido que
muchos tienen por los únicos de la materia física.
Así, cada etapa evolutiva tuvo su peculiar procedimiento en remotas edades, y el Manu y sus colaboradores rodearon el átomo permanente de la debida clase de materia.

Aparato visual

El aparato visual de estas criaturas, antes de la osificación esquelética, fué rudimentario y consistió en dos ojos frontales que les servían para buscar alimento por el suelo, hasta que después nació en medio de la frente un tercer ojo cuya reminiscencia es la glándula pineal, hoy centro único de visión astral, y órgano entonces no sólo de la vista astral, sino también de la física.
Con referencia a los reptiles ya extinguidos, dijo el profesor Ray Lankesten, en una conferencia dada no ha mucho en el Instituto Real, que el agujero parietal del cráneo de los ictiosaurios demuestra el considerable tamaño del ojo pineal de estos reptiles, de lo cual infiere que el género humano fué menos corpulento que estos enormes lagartos acuáticos, pues nosotros habíamos perdido el tercer ojo que podemos estudiar en el lagarto común, y mejor todavía en el gran dragón azul del Sur de Francia (19).
Algún tiempo antes de promediar el período lemuriano, tal vez durante la evolución de la tercera subraza, empezó a solidificarse poco a poco el gigantesco cuerpo gelatinoso ya tomar consistencia ósea la cartilaginosa armazón de los miembros. Ya pudieron entonces mantenerse en pie aquellas primitivas criaturas, y los ojos frontales se convirtieron gradualmente en órganos de la vista física, aunque también siguió ejerciendo en parte esta función el tercer ojo hasta el fin de la época lemúrica, transmutándose en medio activo (como hoy lo es todavía potencial), de la visión psíquica que poseyó la raza humana no sólo durante todo el período lemuriano, sino hasta muy entrada la raza atlante. Es en extremo curioso que cuando la primera raza pudo mantenerse en pie y andar en posición vertical, con igual facilidad caminaba hacia atrás que hacia adelante, no sólo a causa de la capacidad visual del tercer ojo, sino también por la singular configuración de los talones, a que luego nos referiremos.

Descripción del hombre lemúrico

Tomaremos por modelo descriptivo los hombres de una de las últimas subrazas, probablemente la quinta.
«Eran de gigantesca estatura (de 3,70 a 4,60 mts), piel de color amarillento muy oscuro,
mandíbula inferior alargada, rostro chato, ojos pequeños y tan apartados uno de otro que lo mismo veían de frente que de costado, mientras que el tercer ojo, abierto en lo alto de la cabeza, donde, como es natural, no brotaba pelo, les permitía también ver en aquella dirección. En el sitio de la frente tenían una faja de carne, y la cabeza se contorneaba en sesgo hacia atrás y hacia adelante de extraña manera. Los brazos y piernas, sobre todo éstas, eran proporcionalmente más largos que los nuestros y no podían doblarse en
ángulo recto en el codo ni en la rodilla. Las manos y pies eran enormes y los talones se alargaban toscamente hacia atrás. Llevaban la cara cubierta con una piel floja, algo semejante a la del rinoceronte, pero más escamosa, que sin duda sería de algún animal hoy fósil. Ceñían su rala cabeza con otro pedazo de piel en tiras entrelazadas a estilo de cabos de cordel con borlas rojas, azules y otros colores de tonos vivos. En la mano
izquierda empuñaban un puntiagudo bastón tan largo como su cuerpo que, indudablemente les servía de arma ofensiva y defensiva. En la mano derecha llevaban arrollado el extremo de una larga cuerda de fibras de una especie de planta trepadora, con la que arreaban a un enorme y horrible reptil parecido al plesiosaurio. Los lemurianos habían domesticado a este animal y se aprovechaban de su fuerza para cazar otros animales. El aspecto del hombre de esta raza, según queda descrito, causaba cierta repugnancia, pero no era del todo inculto, y representaba el vulgar término medio de las gentes de su tiempo.
Muchos otros hubo de aún menos humano aspecto hasta que la séptima subraza desarrolló un tipo superior, aunque muy lejano todavía del hombre de nuestra época. Persistían la saliente mandíbula inferior, los gruesos labios, el rostro chato y los ojos de estúpida mirada; pero ya estaba determinada la frente y reducido considerablemente
el alargamiento de los talones. Una derivación de esta séptima subraza tenía la ovoidea con el vértice menor hacia arriba y los ojos muy apartados uno de otro y muy cerca del extremo superior.
La estatura había disminuído notablemente, y las manos, brazos, pies y piernas eran más parecidas a las de los negros de hoy. Esta raza desenvolvió una importante y duradera civilización y por miles de años dominó a la mayor parte de las tribus que poblaban el vasto continente lemuriano, y aun en los tiempos de la decadencia prolongaron su
poderío por medio de ingertos matrimoniales con los rmoahles, primera subraza de la raza atlante.
La progenie de esta consanguinidad retuvo muchos caracteres de la tercera raza, aunque en realidad perteneció a la cuarta, y adquirió por el cruce nueva potencia evolutiva. Su aspecto general no difería gran cosa de los actuales indios de América, con la diferencia de que su piel tenía un curioso pigmento azulado.
Pero por sorprendentes que sean los cambios de estatura, complexión y aspecto del hombre durante este período, más pasmosas todavía son las alteraciones sobrevenidas en el procedimiento de reproducción genésica que comprenderemos con menor dificultad si observamos las funciones sexuales hoy día actuantes en los reinos inferiores de la Naturaleza.
Después de citar el sencillísimo procedimiento genésico de autodivisión, y el de germinación por yemas, dice Haeckel: «íntimamente relacionado con la formación de yemas está el tercer procedimiento genésico asexual de la gemación o polisporogonia: En los ínfimos organismos animales, sobre todo en los zoófitos y gusanos, vemos frecuentemente que en el interior de un individuo, compuesto de varias células, un pequeño grupo de éstas se separa de las circundantes y poco a poco se convierte en otro individuo independientemente distinto del primitivo...
La formación de yemas germinales apenas difiere del procedimiento de gemación; pero está relacionada con un cuarto procedimiento de reproducción asexual, la formación de células gérmenes (monosporogonia) que constituye el tránsito a la reproducción sexual. En este caso, ya no es un grupo de células, sino una sola, la que se separa de las demás y se desenvuelve al desprenderse del individuo progenitor.. .
La reproducción sexual o anfigónica es la más común entre las plantas y animales de las especies superiores. No cabe duda de que este procedimiento genésico apareció en tiempos ya muy adelantados de la historia terrestre, evolucionado de la generación asexual y más directamente de la germinación celular... En las principales modalidades de reproducción asexual antes mencionadas (fisión, gemación y germinación celular), la
célula o grupo de células separadas puede transformarse por sí en un nuevo individuo; pero en la generación sexual, la célula ha de ser previamente fecundada por una substancia procreativa, es decir, que el semen ha de obrar en la célula germinal o huevo, antes de que éste pueda desenvolverse en un nuevo individuo. Las dos substancias generativas, el semen y el huevo, existen, ya en un mismo individuo (hermafroditismo) , ya en dos individuos distintos (separación sexual).
La más sencilla y antigua modalidad de reproducción sexual tiene por actor el individuo de sexo doble. Así ocurre en la mayoría de los vegetales y en algunos animales, como el caracol, la sanguijuela y muchos gusanos. El individuo hermafrodita tiene en sí los materiales de ambos sexos, es decir, el semen y el huevo. En la mayor parte de las especies vegetales superiores, una misma flor contiene el órgano masculino (estambre con su antera) y el femenino (pistilo con su ovario).
Los caracoles tienen el germen ovárico en una parte de sus glándulas sexuales y el semen en otra. Muchos hermafroditas engendran por sí mismos; pero los hay que para reproducirse necesitan el concurso de otro individuo de su especie. Este último caso es evidentemente el tránsito a la separación sexual.
El desdoblamiento de sexos, la modalidad más complicada de reproducción sexual, derivó sin duda alguna del hermafroditismo en un ya muy adelantado período de la evolución orgánica de los seres terrestres. Actualmente es el peculiar procedimiento genésico de los animales superiores.. . La llamada reproducción virginal (partenogenesis) ofrece una interesante modalidad intermedia entre la reproducción sexual y la asexual
formación de células germinales que tanto se le parece. En este caso, la célula germinal, en vez de formarse exactamente como el huevo, es capaz de desenvolverse en un nuevo individuo sin necesidad del semen fecundante. Lo más curioso e instructivo de los diferentes fenómenos partenogenésicos está en que hay células germinales que,
según reciban o no fecundación, desenvuelven individuos completamente distintos. De un huevo de abeja fecundado por el zángano nace también un zángano, pero del no fecundado nace una abeja fecunda (reina) o una abeja estéril (obrera). Esto nos demuestra que la Naturaleza tampoco procede a saltos en el orden de la generación y que no hay ruptura alguna entre la asexual y la sexual". (20)
Ahora bien; por lo que atañe a la evolución de la tercera raza humana en el continente lemuriano, conviene observar que sus modalidades genésicas pasaron por fases de estrecha analogía con las citadas en el transcrito pasaje. La Doctrina Secreta habla de los «nacidos del sudor» , de los «nacidos del huevo" y de los «andróginos».
Dice así: «En un principio apenas tenían sexo y poco a poco se convirtieron en bisexuales o andróginos. El paso de una a otra modalidad requirió innumerables generaciones, durante las cuales la sencilla célula nacida de su progenitora (dos en uno) evolucionó en un ser bisexual y, convertida después en huevo regular, engendró una criatura unisexual. La tercera raza humana es la más misteriosa de las cinco desarrolladas hasta ahora;
pero como esta obra sólo da un vago bosquejo del procedimiento genésico, quedará muy oscuro todavía el «por qué» de la reproducción sexual, cuyo estudio compete más bien a los embriólogos. Pero es evidente que los individuos unisexuales de la tercera raza humana empezaron a desdoblarse sexualmente en sus óvulos o envolturas prenatales muchos siglos después de existir la especie. Según fueron evolucionando los períodosgeológicos, las nuevas subrazas empezaron a perder sus congénitas cualidades. A últimos de la cuarta subraza, la criatura perdió la facultad de andar apenas salida del huevo, ya fines de la quinta los seres humanos nacieron ya en las mismas condiciones y según el mismo procedimiento de nuestras históricas generaciones. Por supuesto que la mudanza requirió millones de años». (21)



Todavía hay en la tierra gente de raza lemúrica

Conviene repetir que casi todas las amentes criaturas que habitaron los cuerpos descritos,
durante las primeras subrazas de la época lemúrica, apenas merecen el nombre de humanas, pues no tuvieron apariencia de tales hasta que después del desdoblamiento de sexos se densificaron físicamente sus cuerpos. Hemos de recordar que si bien los seres a que nos referimos pertenecen a los grupos segundo y tercero de Pitris lunares, también los hay procedentes del reino animal correspondiente al manvántara lunar. Los degradados remanentes de la tercera raza raíz habitan en Australia, isla de Andaman y Tierra de Fuego, y forman las tribus montaneras de la India, los selvícolas de Africa y otras tribus igualmente salvajes. Las entidades hoy encarnadas en estos cuerpos debieron pertenecer al reino animal correspondiente a los comienzos del actual manvántara. Es muy posible que alcanzaran el reino humano durante la evolución de la raza lemúrica
y antes del cierre de puertas para las entidades venidas en tropel de abajo.

Pecado de los amentes

Los vergonzosos actos de los amentes, cuando el primer desdoblamiento de sexos, están referidos en las estancias del arcaico Libro de Dzyan y no necesitan comentario alguno.
"Durante la tercera raza, los animales invertebrados crecieron y se transformaron en vertebrados con chayas sólidos. Primero se desdoblaron los animales y empezaron a procrear. También se desdobló el ser humano y dijo: «Hagamos con ellos. Ayuntémonos y procreemos». Así lo hicieron. Y los que no tenían centella tomaron enormes hembras animalícas y de ellas engendraron razas mudas como ellos mismos eran. Pero se desataron sus lenguas.
Las lenguas de su progenie permanecieron calladas. Engendraron monstruos. Una raza de corcovados monstruos de piel roja que andaba a cuatro pies. Una raza que había de encubrir su oprobio".
Un comentario antiguo añade : "Cuando la tercera se desdobló en sexos y cayó en pecado al engendrar hombres animálicos, éstos montaron en furia, y ellos y los hombres se destruyeron mutuamente. Hasta entonces no había habido pecado.
Al ver esto los Lhas, que no habían formado hombres, lloraron diciendo: «Los amentes han mancillado nuestras futuras moradas. Esto es Karma. Moremos en otras. Enseñémosles mejor para evitar que suceda cosa peor». Así lo hicieron. Entonces todos los hombres quedaron dotados de Manas. Vieron el pecado de los amentes".

Origen de los monos pitecoides y antropoides

La semejanza anatómica entre el hombre y los monos superiores, tan frecuentemente citada por los darwinistas para probar su común ascendencia, plantea un interesante problema cuya verdadera solución hemos de buscar en la esotérica explicación de la génesis del pitecoide. Dice La Doctrina Secreta (22) que los descendientes de los
semihumanos monstruos nacidos del pecado de los amentes, fueron disminuyendo de tamaño al cabo de siglos, y densificaron más y más su cuerpo hasta parar, durante la época miocena, en una raza de monos progenitores de los actuales pitecoides. Los atlantes del período mioceno cayeron en el mismo pecado de los amentes con las hembras de los monos de aquel tiempo, pero con plena responsabilidad de sus actos. Fruto de su pecado fueron los actuales monos antropoides. En la futura sexta raza raíz, estos antropoides alcanzarán la etapa humana en los cuerpos de las más ínfimas tribus que a la sazón existan en la tierra.
En el primer mapa está señalada la porción del continente lemuriano en donde ocurrió el desdoblamiento de sexos y florecieron las subrazas cuarta y quinta. Caía dicha porción al Este de las regiones montañosas de que formó parte la actual isla de Madagascar, en el centro del territorio bailado por el menor de los dos grandes lagos.



Origen del lenguaje

Según dicen las estancias de Dzyan antes citadas, los hombres de aquella época permanecían mudos, no obstante haber evolucionado ya físicamente. Los astrales y etéreos antecesores de la tercera raza raíz no tenían necesidad de expresar
fonéticamente sus pensamientos; pero el hombre físico no podía seguir mudo por más tiempo. Se nos dice que en un principio estuvieron compuestos exclusivamente de vocales los sonidos con que aquellos primarios hombres expresaban sus pensamientos, y en el lento transcurso de la evolución fueron anadiéndose los consonantes, sin que el proceso lingüístico del período lemuriano llegase más allá de la fase monosilábica. El actual idioma chino es el único descendiente directo de la antigua lengua lemúrica (23), «cuando toda la raza humana tenía un solo idioma y un solo labio". (24)
En la clasificación lingüística de Humboldt, el chino pertenece al grupo de lenguas monosilábicas, en distinción de las aglutinantes y de las de flexión, que están respectivamente más y más evolucionadas.
Dijimos en La Historia de los Atlantes que en el continente de esta raza se formaron varios idiomas pertenecientes todos al grupo de aglutinantes o de combinación, como los llama Max Müller, mientras que la flexión idiomática quedó reservada a las lenguas arias y semíticas de nuestra quinta raza raíz.

El primer occidio

El primer pecado, el primer occidio o privación de vida, a que se refiere el antiguo comentario de las Estancias de Dzyan, puede considerarse como simbólica representació n de la mutua actitud, a la sazón incipiente, del reino humano y del reino animal, que desde entonces tan horrendas proporciones ha tomado, no sólo entre el hombre y los animales, sino entre los mismos hombres. Esta consideración da nuevo pasto a nuestro pensamiento.
El hecho de que los monarcas crean conveniente, y aun necesario, vestir en los actos oficiales el uniforme de una de las armas o institutos de su ejército, denota muy significativamente el apoteósico predicamento a que han llegado las cualidades belicosas. Esta costumbre deriva indudablemente de la época en que el rey era al propio
tiempo caudillo militar y tan sólo en este concepto se le reconocía por rey. Pero ahora que la quinta raza raíz está ya en los comienzos del arco ascendente, con el desenvolvimiento de la inteligencia por caracteristica funcional, era de esperar menor
encomio de la cualidad prevaleciente en la cuarta raza raíz.
Sin embargo, la época de una raza tiene su prolongación en la siguiente; y aunque las naciones directoras del movimiento mundial pertenezcan hoya la quinta raza, la gran mayoría de las gentes que pueblan la tierra pertenecen todavía a la cuarta, pues los lentísimos pasos de la evolución humana no han consentido hasta ahora que la quinta raza sobrepuje las características de la cuarta .
Resultará interesante resumir la historia de las cruentas contiendas humanas desde sus lejanísimos comienzos en la época lemuriana. De nuestras indagaciones parece inferirse que el antagonismo surgió primeramente entre el hombre y los animales. La evolución física requirió para el cuerpo humano alimentos que apropiadamente lo sustentaran; y por lo tanto, a la necesidad de la propia defensa contra las fieras, añadió el hombre el deseo de matarlas para comérselas, y una de las primeras aplicaciones de la incipiente
mentalidad humana fué, según hemos visto, adiestrar a ciertos animales en el ojeo y persecución de la caza.
Una vez puesto en acción el elemento de lucha, pronto empezó el hombre a proveerse de armas ofensivas contra sus semejantes, tomando por motivos de agresión los mismos que hoy levantan el brazo de las tribus salvajes. Bastaba que otro poseyera un objeto apetecible para que el hombre intentara arrebatárselo a la fuerza.
Tampoco se limitaba la lucha a simples agresiones individuales; porque, como ocurre hoy entre salvajes, pandillas de merodeadores saqueaban los aduares y ranchos vecinos. A esto se redujo la guerra en Lemuria hasta últimos de la séptima subraza.
A los atlantes les estaba reservado desenvolver sistemáticamente el elemento de lucha con la recluta, instrucción y disciplina de ejércitos permanentes y la construcción y botadura de buques marinos. El principio belicoso fué, en efecto, la característica fundamental de la cuarta raza.
Durante todo el período atlante ardió sin cesar la gnerra y menudearon los combates en tierra y mar, hasta arraigar tan profundamente el sentimiento de lucha en la naturaleza humana, que aun hoy las más inteligentes razas arias propenden con facilidad a guerrear unas con otras.
Para bosquejar el desenvolvimiento de las artes entre los lemurianos, hemos de acudir a la historia de la quinta subraza. El desdoblamiento de sexos se había ya cumplido, y el cuerpo humano era enterameute físico, aunque todavía de gigantesca talla. La lucha ofensiva y defensiva con las monstruosas íieras estaba entablada, y los hombres vivían en chozas construídas con troncos y ramas de tosca labra. Al principio cada familia vivía separadamente en los claros de las selva; pero pronto comprendieron que mejor podrían defenderse de los ataques de las fieras reuniéndose en pequeñas comunidades. Por otra parte, aprendieron a construir las chozas con piedras en vez de troncos, ya servirse de aguzadísimas lanzas de madera para atacar al dinosaurio y otras bestias feroces.
Por entonces no conocía el hombre la agricultura, ni tampoco las aplicaciones y servicios del fuego. Sus cartilaginosos antecesores se habían alimentado de lo que encontraban al escarbar el suelo; pero ya la posición vertical les permitía alcanzar los frutos de los árboles, aunque su principal alimento era la carne destrozada y cruda de animales.

Instructores de la raza lemúrica

En la historia de la raza humana va a ocurrir un suceso de trascendentales consecuencias de mística importancia, porque su relato nos pone frente a seres que, no obstante pertenecer a muy distintos sistemas de evolución, se asocian por aquella época a los destinos de la humanidad.
A primera vista no se descubre el significado del lamento de los Lhas que «no habían formado hombres»; y aunque el descenso de estos seres a cuerpos humanos no es el suceso capital a que hemos de referirnos, conviene intentar alguna explicación de su causa y resultados. Se nos dice que estos Lhas pertenecían a una sumamente evolucionada humanidad de un sistema que tuvo sus ciclos en un pasado indefinidamente remoto.
Habían alcanzado los Lhas las cumbres de la evolución en su cadena planetaria, desde cuyo término gozaron de bienaventuranza nirvánica durante las edades intermedias. Pero el Karma los llevaba entonces a nuevo campo de actividad y de causas físicas, por no haber aprendido aún del todo las lecciones de compasión. Su temporánea tarea iba a consistir en guiar e instruir a la raza lemúrica que a la sazón demandaba toda la ayuda y dirección que eran ellos capaces de dar.
Sin embargo, también hubo otros seres que voluntariamente se encargaron de la misma tarea. Estos otros seres llegaron del sistema evolutivo cuyo planeta físico es Venus, que ya está en la séptima ronda del quinto manvántara, o cadena planetaria, por lo que su humanidad es mucho más elevada que la terrestre, pues ellos son hombres «divinos», al paso que nosotros todavía somos «humanos». Según hemos visto, la raza lemúrica estaba por entonces en la curva de conversión hacia la verdadera etapa humana.
Aquellos seres venían a desempeñar interinamente el cargo de educadores de la infantil
humanidad, como tal vez de aquí a muchos siglos habremos nosotros de ayudar a los seres que en el porvenir formen la humanidad de las cadenas de Júpiter y Saturno. Bajo la guía e influjo de estos seres, progresaron rápidamente los lemurianos en su desarrollo mental, pues los sentimientos de amor y reverencia hacia quienes reconocían incomparablemente más sabios y grandes que ellos, se transmutaban en esfuerzos de imitación que necesariamente iban convirtiendo el Manas superior en vehículo capaz de transportar de una a otra vida las características humanas, en testimonio del flujo de Vida Divina que infunde en la forma la inmortalidad individual. Como dicen las Estancias de Dzyan: "Todos los hombres quedaron dotados de Manas".
Sin embargo, cabe distinguir notablemente entre los excelsos seres procedentes de la evolución de Venus y aquellos otros pertenecientes a una elevadísima humanidad en un previo sistema evolutivo, pues los primeros no estaban impelidos por Karma alguno y tomaron forma humana para vivir y trabajar entre los hombres sin necesidad de asumir limitaciones físicas, ya que podían construirse vehículos apropiados a su elevada espiritualidad.
Por otra parte, los Lhas habían de encarnar en cuerpos humanos de la raza entonces floreciente, y mejor hubiera sido para ellos y para la humanidad que no vacilaran en emprender ni demoraran el cumplimiento de su kármica labor, pues seguramente evitaran el pecado de los amentes. Además, hubiera sido más fácil su tarea, que no sólo estribaba en actuar de guías e instructores, sino en perfeccionar el tipo de la raza, es decir, en desenvolver de la semihumana, semianimálica forma entonces existente, el cuerpo físico del hombre futuro.
Conviene advertir que por aquel tiempo la raza lemúrica estaba constituída por el tercer grupo de Pitris lunares; pero después, al acercarse al nivel que en la cadena lunar alcanzó el primer grupo, les fué necesario a los de éste volver a encarnar, como así lo hicieron durante las subrazas quinta, sexta y séptima (aunque algunos dilataron su reencarnación hasta el período atlante), de suerte que con acumuladas fuerzas impulsaron el progreso de la raza. Los divinos seres procedentes de Venus fueron en la tierra monarcas, sacerdotes, inventores y maestros de artes, y en este último concepto los consideramos en la historia de la raza lemúrica.
Guiado por sus divinos instructores, aprendió el pueblo el uso del fuego y los medios de obtenerlo, al principio por roce y más tarde por pedernal y hierro. Les enseñaron a beneficiar, fundir y moldear los metales, de modo que pudieron poner puntas de aguzado metal en los ástiles de las lanzas.
También aprendieron el labrantío de la tierra y a mejorar por el cultivo las semillas silvestres que, a través de los siglos, se han convertido en los cereales de hoy: cebada, maíz, mijo, avena, etc. Sin embargo, cabe notar una excepción. El trigo no evolucionó en este planeta, como los demás cereales, sino que los seres divinos lo trajeron dadivosamente de Venus para alimento del hombre. No fué el trigo su único don. También trajeron de Venus la abeja, única forma animal no evolucionada en nuestra cadena planetaria. Asimismo aprendieron por entonces los lemurianos el arte de hilar y tejer lienzos para vestirse con el basto pelo de un animal ya extinguido, semejante a la actual llama del Perú, cuyo antecesor fué probablemente.
Hemos visto antes que los primeros vestidos del hombre lemuriano fueron pieles de las bestias que mataban, y así las siguieron llevando durante mucho tiempo en los parajes fríos del continente hasta que supieron aderezarlas y curtirlas toscamente.
Una de las primeras cosas que aprendieron aquellas gentes fué a emplear el fuego en la cocción de los alimentos, al estilo que todavía acostumbran las tribus salvajes. Respecto al don del trigo, tan maravillosamente traído de Venus por los seres divinos, hemos de colegir que tuvo por móvil el deseo de proporcionar desde luego al hombre un alimento que hubieran tardado muchísimos siglos en depararle las evoluciones del cultivo.
A pesar de la ruda barbarie de los lemurianos durante las subrazas quinta y sexta, los que tuvieron el privilegio de estar en contacto con los divinos instructores experimentaron sentimientos de reverencia y adoración lo bastante intensos para sacarles de su salvajismo. Por otra parte, la constante influencia de los seres más inteligentes del primer grupo de Pitris lunares, que por entonces comenzaban a reencarnar, ayudóles en el
logro de mejores condiciones de cultura.

Ciudades y monumentos

Durante la séptima subraza ya últimos de la sexta, aprendieron los lemurianos a edificar ciudades populosas, de ciclópea arquitectura, adecuada a los gigantescos cuerpos de la raza.
Edificaron las primeras ciudades en la vasta región montañosa del continente que, según aparece en el primer mapa, comprendía la actual isla de Madagascar .
La Doctrina Secreta (25) nos habla de otra ciudad construída enteramente con témpanos de lava, que se asentaba unas treinta millas al Occidente de la actual isla de Pascua, y fué destruída por una serie de erupciones volcánicas.
Las gigantescas estátuas de la isla de Pascua, casi todas de ocho metros de altura por dos y medio de ancho entre hombros, representan, probablemente, no sólo las facciones, sino también la estatura de quienes las esculpieron, o tal vez de sus antecesores, pues dichas estatuas datan, según toda conjetura, de la época de transición
entre las razas lemúrica y atlante. Echaremos de ver que en el período relativo al segundo mapa, el continente de que formaba parte la isla de Pascua se había ya hendido en varios trozos, uno de los cuales fué dicha isla, mucho mayor que lo es hoy, si bien comparativamente pequeña.
En diferentes puntos del continente e islas aledañas florecieron no desdeñables civilizaciones con establecidos regímenes urbanos y políticos; pero muchas tribus, parcialmente civilizadas, siguieron llevando vida nómada y patriarcal, mientras que en las partes más escabrosas e inaccesibles vivían, como hoy sucede, las tribus más
atrasadas e incultas.

Religión

Hombres de tan primitiva raza, apenas comprendían los conceptos religiosos. Todo lo más, se les pudieron dar en un principio sencillas reglas de conducta y los más elementales preceptos de moral. Durante la evolución de la séptima subraza, los divinos instructores les ensefíaron las formas rudimentarias de adoración y les comunicaron la idea de un Ser supremo simbolizado en el sol.



Destrucción del continente

A diferencia del futuro destino de la Atlántida que pereció anegado por aguas diluviales, la Lemuria fué destruída por convulsiones sísmicas, y asolada por las ardientes cenizas y el ígneo polvillo de innumerables volcanes. Bien es verdad que a cada uno de los espantosos cataclismos atlánticos precedieron terremotos y erupciones volcánicas, pero luego de cuarteada y hendida la tierra vinieron las aguas a hundirla de modo que la mayoría de las gentes perecieron ahogadas, al paso que los lemurianos hallaron la muerte asfixiados por el humo o abrasados por el fuego. Otro notable contraste entre el destino de Lemuria y el de Atlántida es que éste último continente sufrió cuatro espantosos cataclismos antes de su definitiva desaparición, mientras que al primero lo fué
corroyendo lentamente el fuego interior, pues desde la época en q ue comenzó el proceso de desintegració n, hacia fines del período correspondiente al primer mapa, no cesó un punto la actividad ígnea, y ora en una, ora en otra parte del continente, siempre se mantuvo la acción volcánica hasta determinar el total hundimiento y desaparición de la tierra, exactamente como ocurrió en Krakatoa en 1883.
La erupción de Monte Pelado, que hace algunos años destruyó la ciudad de San Pedro, capital de la Martinica, fué de naturaleza análoga a las que acabaron con el continente de Lemuria, y por lo mismo resulta interesante el relato que de aquella erupción hicieron algunos supervivientes. «Del cráter de Monte Pelado surgió repentinamente una inmensa nube negra que, precipitándose con increíble velocidad sobre la población, arrasó cuanto a su paso encontraba y en pocos minutos sembró la muerte en la ciudad, convertida en candente montón de inflamadas ruinas. Tanto en la Martinica como en la vecina isla de San Vicente, el fenómeno consistió en la súbita erupción de inmensas cantidades de polvo candente, mezclado con vapor de agua, que descendía por las laderas de la montaña con increíble velocidad. Cubrió en San Vicente la lava valles de 30 a 60 metros de profundidad que meses después de la erupción estaba todavía muy caliente, de modo que las copiosas lluvias causaron enormes explosiones y levantaron nubes de vapor y polvo hasta 600 metros de altura, con lo que los ríos se llenaron de negro e hirviente limo».
El capitán Freeman del vapor «Roddam» refiere un caso, en extremo doloroso, de que con su tripulación fué testigo en la Martinica. Una noche, al echar anclas en una pequeña ensenada sita una milla de San Pedro, la montaña estalló de modo que reprodujo exactamente la primera erupción. Por fortuna hubo síntomas premonitorios del fenómeno, que les permitieron alejarse dos millas de aquel paraje y salvar la vida. En la
oscuridad de la noche vieron resplandecer en la cumbre una brillante luz roja, y muy luego se dejaron oír sordas detonaciones y cayeron disparadas por el aire, monte abajo, grandes piedras candentes. Pocos minutos después resonó un crujiente ruido al que siguió un alud de encendida lava a mil grados centígrados que, desprendido del cráter, rodó por la falda de la montaña a la velocidad de cien millas por hora. Para explicar este fenómeno, dijo el capitán que la erupción no fué de lava propiamente dicha, sino de polvillo candente y vapor de agua. Sin embargo, como los volcanes eran de tipo eruptivo, el capitán dedujo de sus observaciones que no salió lava porque los materiales volcánicos eran pastosamente viscosos y no podían fluir en ordinarias corrientes. La teoría de
Freeman ha quedado confirmada desde entonces por posteriores observaciones que descubrieron en el cráter de Monte Pelado, no un lago de lava derretida, sino un sólido mazacote de roca ígnea que poco a poco se fué levantando en forma cónica hasta alcanzar la boca. Tenía unos treinta metros de altura e iba aumentando de tamaño según crecía la presión inferior que determinó repetidas explosiones de vapor, cuya fuerza expansiva disgregó gran parte de su vértice. El vapor, comprimido entre los poros de esta masa, quedaba libre a medida del enfriamiento y producía la explosión de la roca reduciéndola a finísimo polvo.(26)
La observación del primer mapa demostrará que en el lago situado al Sudeste de la vasta región montañosa hubo una isla formada por una gran montaña activamente volcánica. Las cuatro montañas situadas al Sudoeste del lago también eran volcánicas, y allí comenzó la disrupción del continente. Los cataclismos telúricos que siguieron a las erupciones volcánicas ocasionaron tales destrozos, que en el período relativo al segundo
mapa estaba ya sumergida una gran porción de la parte meridional del continente.
Característica notable del suelo lemuriano, en los primitivos tiempos de su existencia, fué el gran número de lagos, pantanos y volcanes que lo salpicaban; pero en los mapas sólo aparecen algunas grandes montañas volcánicas y los lagos más extensos.
Otro volcán comenzó más temprano su destructora obra en la costa Nordeste del continente. Los terremotos acabaron la disrupción, y es muy probable que el mar señalado en el segundo mapa con gran número de islas menores, al Sudoeste del actual Japón, indique el área de las perturbaciones sísmicas.
El primer mapa nos muestra que hubo lagos en el centro del actual continente australiano, donde la tierra es hoy sumamente seca y como apergaminada. En el período relativo al segundo mapa habían ya desaparecido estos lagos, y parece natural conjeturar que aquellas regiones lacustres fueron devastadas por los gigantescos volcanes del Sudoeste (entre Australia y Nueva Zelanda) con tal violencia que el polvo candente
secó las aguas.



Orígenes de la raza atlante

Antes de terminar este bosquejo, convendrá decir algo de los origenes de la raza atlante para enlazarlos eslabonadamente con las postrimerías de la lemúrica.
Tratados anteriores sobre el mismo asunto afirman que el núcleo de nuestra quinta raza raíz o raza aria, derivó de la quinta subraza o subraza semítica de la cuarta raza raíz. Sin embargo, hasta el período de la séptima subraza, lemúrica no tuvo la humanidad suficiente desenvolvimiento fisiológico para elegir con acierto individuos que sirvieran de tronco a una nueva raza raíz. Así es que la selección se llevó a cabo en la séptima
subraza. La colonia elegida se estableció primeramente en las tierras que ocupan las actuales comarcas del país de los ashantis y Nigricia occidental. El examen del segundo mapa nos muestra esta tierra como un promontorio situado al Noroeste de la isla continental que abarcaba el cabo de Buena Esperanza y parte del Africa occidental. Preservada durante muchas generaciones de toda mezcla con tipos inferiores, fué multiplicándose la colonia hasta que estuvo dispuesta a recibir el nuevo impulso de herencia física que el Manu le había de comunicar .
Saben los estudiantes de Teosofía que hasta hoy ningún hombre de nuestra evolución ha sido apto para desempeñar el excelso oficio de Manu aunque está escrito que los comienzos de la futura sexta raza raiz se encomendarán a uno de nuestros Maestros de Sabiduría, quien mientras perteneció a nuestra humanidad ascendió a superior nivel en la divina jerarquía.
En el caso que consideramos, o sean los orígenes de la cuarta raza raiz, el oficio de Manu estuvo confiado a uno de los Adeptos procedentes de Venus, que, como es de suponer, era de muy elevada categoría; pues conviene advertir que no estaban al mismo nivel todos los seres llegados del sistema de Venus para servir de directores y maestros a nuestra infantil humanidad.

Logia de Iniciación

Por este motivo existió en Lemuria una Logia de iniciación que, si bien no para servicio de la raza lemúrica, daba a los suficientemente aptos enseñanzas limitadas a la explicación de unos cuantos fenómenos físicos, tales como la rotación de la tierra alrededor del sol y el distinto aspecto que los objetos materiales presentan a la visión
física ya la visión astral.
La Logia se estableció en beneficio de los seres que dotados de la asombrosa potestad de transferir su conciencia a nuestro planeta desde Venus, buscaban vehículos apropiados para continuar el curso de su evolución; (27) es decir, en beneficio de quienes estaban en las ínfimas etapas iniciales del Sendero.
Aunque la meta de nuestra normal evolución sea mayor y más gloriosa de lo que podamos imaginar desde nuestro actual punto de vista, no cabe compararla con la expansión de conciencia que, combinada con el puro ennoblecimiento del carácter, nos aguarda en las altísimas cumbres a que conduce el Sendero de iniciación.
Otros han tratado ya de los medios de purificar y ennoblecer el carácter, y de los esfuerzos necesarios para realizar la expansión de la conciencia. Baste decir ahora que el establecimiento de una Logia de iniciación en beneficio de seres venidos de otros sistemas evolutivos, comprueba la unidad de plan y de propósito en el gobierno y acción de todos los sistemas de evolución puestos en existencia por nuestro Logos solar. Además del curso normal de nuestra evolución, sabemos que hay un Sendero por donde pueden llegar hasta El cuantos hijos de hombre quieran hollarlo. Vemos que así ocurrió en el plan de Venus y podemos presumir que lo mismo ocurra en todos los planes de evolución de nuestro sistema planetario. Este Sendero es el Sendero de iniciación
cuyo término es el mismo para todos: la unión con Dios.

NOTAS

(1) Historia de la Creación, I, 360- 62; edición 1876.
(2) Acierta Haeckel al suponer Que Lemuria fué la cuna de la raza humana, tal como ahora existe; pero no procedió de los monos antropoides. Más adelante trataremos del verdadero lugar de estos monos en la naturaleza.
(3) Distribución geográfica de los animales, con un estudio de las relaciones entre las faunas vivientes y extinguidas para dilucidar las alteraciones ocurridas en la superficie terrestre. I, 76-77; Londres. Macmillan & C.a, 1876.
(4) Cierto es Que Ceilán y el Sur de la India estuvieron limitados al Norte por una considerable extensión de mar, pero fué en época muy anterior al período terciario.
(5) WaIlace: Ibid., II, 155.
(6) «Sobre la antigüedad y correlaciones de las series de plantas de la India y la existencia de un primitivo continente indo-oceánico. Véase la Revista trimestral de la Sociedad Geológica, XXXI, 534-540; 1875.
(7) Veintidós formas de las treinta y cinco descritas.
(8) El examen de los mapas demostrará que la fecha de Blandford es la más correcta.
(9) León, hiena. chacal, leopardo, antílope, gacela, avutarda y especialmente el lemur y el escamoso.
(10) Si bien subsistieron algunas porciones del continente, la desmembración de Lemuria ocurrió antes de la época eocena.
(11) Historia de la creación, 11,325-326.
(12) La Genealogía del Hombre.
(13) «Sobre la fauna ornitológica de Madagascar y las islas Mascareñas.» Véase El Ibis, revista trimestral de ornitología.- Cuarta serie, I, 33d; 1877
(14) Con mayor propiedad debiera haber dicho las islas de la Gran Bretafía e Irlanda, que estaban unidas en aquel entonces.
(15) Historia de la Creación, II, 226-7.
(16) Lagartos con alas de murciélago.
(17) Haeckel: Historia de la Creación, II, 22-56.
(18). En la obra titulada Lugar del hombre en el Universo, págs. 76-80, encontrará el lector más amplia información acerca de los átomos permanentes de todos los planos y de sus potencialidades con referencia al ciclo de reencarnaciones. (N. del A.)
También encontrará el lector amplia información sobre los átomos permanentes en la primera parte del valioso libro de la señora A. Besant: Estudio sobre la Conciencia. (N. del E.)
(19) The Standart, 8 Enero 1904.
(20) Ernesto Haeckel: Historia de la Creación, I, 193 a 198.
(21) La Doctrina Secreta, II, 197.
(22) Tomo II, Sección III.
(23) Conviene advertir que los chinos descienden en su mayoría de los turanios, cuarta subraza de la cuarta raza.
(24) Doclrina Secreta, II.
(25) Ob. cit. II.
(26) The Times, 14/9/1903.
(27) Al nivel alcanzado por estos seres llegará nuestra humanidad de aquí a muchísimos siglos, en la sexta ronda de nuestra cadena planetaria, y las mismas facultades trascendentales serán patrimonio de todos los hombres.