martes, 10 de junio de 2008

La lógica de la vida


La vida es un fenómeno único en el Universo. Solo se sabe con certeza que existe en este planeta. Todos somos evidencia de este hecho, pero ha pesar del inmenso avance de la ciencia, no existe hasta el momento una respuesta clara y evidente, a la pregunta más dificil que el ser humano haya podido hacerse en todo su historia sobre la Tierra ¿Cómo apareció la Vida?

Nadie lo sabe y es muy posible que nunca llegue a saberse, pero hay algo que si es posible de ser conocido; y es la causa de la inmensa diversidad de especies y tipos de organismos que existen y han existido. Este es el fenómeno que Charles Darwin intentó explicar, al igual que muchos antiguos pensadores que desde la época de Platón y Aristóteles, intentaron esclarecer, pero la explicación darwiniana, como la de los antiguos, falló al no ser ser clara y concisa, y mucho menos evidente. Sus seguidores intentaron buscar una respuesta coherente al problema planteado por la idea de que los organismos; provienen "todos" de un ser único, y que por medio de "transformarse", aparecieron con el correr del tiempo, toda la inmensa gana de tipos diferentes de seres vivientes, tanto animales como vegetales, pero resulta que los evolucionistas actuales, todavía no se ponen de acuerdo en explicar el mecanismo natural que hace posible la evolución, de hecho existen varias hipótesis, ninguna comprobada, y sin embargo se enseña a la evolución como el fundamento de la Biología Moderna ¿Es esta una realidad científica?

Los evolucionistas contemporáneos al discutir sobre el "motor" que hace posible la evolución, confunden el término "evolución" con la palabra "desarrollo" e incluso con el fenómeno de la variación, el cual es el resultado de la acción bioquímica del ADN, y no de otra cosa. La verdad es; que cada género se ha mantenido dentro de los límites que le ha impuesto el "Codigo Genético", variando siempre sobre el mismo tema, es decir, que por más variaciones que se produzcan con el transcurrir del tiempo, siempre se podrá reconocer al último vástago de una generación, como descendiente de los progenitores originales del género, esto es algo que se evidencia cada vez que se presencia el advenimiento de un nuevo ser. Es una "Ley Natural", que los pájaros engendren pajaros, según su especie, y los gatos gaticos según su especie. La respuesta es total y únicamente GENÉTICA.

¿Si esto es así, no debería revisarse con seriedad lo que se está enseñando en las escuelas y universidades del mundo? La "Teoría de la Evolución" es totalmente incongruente con la Ciencia Genética.

lunes, 9 de junio de 2008

El principio de vibración



“Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.”

Esta ley nos indica que todo en el Universo está en vibración y que nada permanece inmóvil. La materia, la energía, el espíritu, son solamente el resultado de estados vibratorios diferentes.

El espíritu representa el extremo polar de las vibraciones más rápidas, cuya frecuencia es tan elevada que parece estar en reposo absoluto. El otro polo lo forma la materia extremadamente densa. Dice el hermetismo que entre ambos polos hay millones y millones de diferentes intensidades y modos de vibración. Sabemos que las moléculas que componen la materia están en constante vibración, y que a su vez, los átomos que las forman, también están en constante movimiento y vibración. A su vez, los electrones y protones también están vibrando rapidísimamente.

Sin temor a equivocamos podemos afirmar que no hay nada en el Universo que no sea “materia mental vibrando en diferentes frecuencias”. La luz, el calor, el magnetismo, la electricidad, son solamente diferentes modalidades vibratorias. Aquel plano misterioso conocido con el nombre de “cuarta dimensión”, es solamente un estado vibratorio de alta frecuencia. Si una persona pudiera hacer vibrar su cuerpo físico a una muy elevada frecuencia por segundo, llamémosla frecuencia X, penetraría físicamente en el mundo de la cuarta dimensión.

Sin embargo, no es aquella remota posibilidad lo que debe interesarnos, sino lo que se refiere al control de las propias vibraciones. En efecto, nuestros pensamientos, emociones, deseos, o impulsos, son solamente estados vibratorios. Nuestro cuerpo físico es un conjunto de sistemas que vibran a una misma frecuencia, y la salud es solamente la armonía vibratoria del cuerpo. Enfermedad es desarmonía, y la muerte es la rotura de la cohesión vibratoria de los sistemas biológicos.

En el terreno de nuestra vida personal todo gira en torno a la vibración; si estamos alegres es por una vibración positiva, la tristeza es una vibración negativa. Nuestro pensamiento nos hará ser más o menos inteligentes de acuerdo a nuestra vibración mental. Cada persona tiene un largo de onda mental que le es propio, de acuerdo a la frecuencia vibratoria de su inteligencia; mientras más corta es la onda mental, más inteligente será el sujeto, y viceversa.

La dificultad para comunicarse que tienen las personas, proviene de sus diferentes largos de onda mental, las cuales, al no coincidir en sus frecuencias vibratorias, impiden la mutua comprensión. Si queremos comunicarnos con un individuo, y que nos entienda realmente, debemos esforzarnos por adaptar nuestra onda mental a su estado vibratorio, a fin de establecer una perfecta afinidad.

Esto explica las diferencias sorpresivas que se producen entre dos personas que normalmente se entienden bien; una de ellas ha variado notablemente su largo de onda mental, ya sea alargándola o acortándola, dejando al otro “fuera de frecuencia”, tal como si pretendiéramos sintonizar una emisora determinada en una frecuencia que no le corresponde.

Existen diversos motivos por los cuales se producen caídas vibratorias en la gente. Problemas de salud, estados depresivos, inercia, conflictos internos y abulia intelectual, son algunas de las principales causas. En cuanto a los sujetos que tienen permanentemente una onda muy larga (de baja frecuencia), esto se debe a la falta de preparación intelectual del individuo.

También influye de manera muy poderosa en las vibraciones de la gente, el medio ambiente, ya que vivimos en un océano de vibraciones, las cuales nos impactan constantemente, despertando en nosotros fuerzas de calidad similar. El espacio cósmico y terrestre que nos rodea, está saturado de vibraciones, y ellas influyen de manera determinante en las personas.

En los habitantes de una ciudad, por ejemplo, se puede apreciar, al observarlos, un ambiente vibratorio positivo o negativo, y lo mismo ocurre al visitar el hogar de alguna familia, donde sentiremos de inmediato una irradiación cálida y positiva, o bien, una fuerza que nos repele. Lo que ocurre en nuestras habitaciones, es que la irradiación vibratoria de las personas que allí viven, penetra en la construcción material, impregnándola con energías positivas o negativas, las cuales son captadas fácilmente por los visitantes. Es por eso que hay lugares que al visitarlos despiertan en nosotros una tristeza intolerable, que llega en algunos casos hasta una profunda depresión con tendencia al suicidio.

Estamos, simplemente, recibiendo los estados anímicos de quienes vivieron o trabajaron en ese lugar. Los hábitos de conducta, los estados emocionales, los pensamientos habituales, y las normas morales y espirituales del individuo, determinan la bondad o inconveniencia de sus estados vibratorios, lo que a su vez influye de manera decisiva en su vida cotidiana. Las familias y grupos de humanos en general, se constituyen en vórtices de energía, los cuales dejan sentir su poder en quienes entran en contacto con ellos.

Las vibraciones se van acumulando en el individuo, es decir, éste va haciendo acopio de buena o mala vibración, y hay momentos en los que el sujeto es una verdadera bomba de tiempo por la fuerza en estado latente que tiene en sí mismo, destructiva o creadora, la cual, con el influjo de un detonante adecuado, se descargará violentamente, produciendo acontecimientos favorables o negativos.

Esta fuerza tiene la particularidad de afectar intensamente a las personas que entran en contacto con el sujeto que vibra de manera intensificada, pudiendo resultar éstas, contagiadas con lo que el “emisor” siente. Tal caso ocurre cuando alguien nos cuenta sus penas, por ejemplo, y el afectado, después de esto, queda en excelente estado de ánimo, y nosotros, en profunda condición depresiva. Tal vez, uno de los profesionales más afectados por este fenómeno, sea el psiquiatra, quien se contagia con las lacras mentales de sus pacientes, y ellas empiezan a perjudicarlo a él.

Aquellos sitios donde se da rienda suelta a las pasiones inferiores, tales como bares o casas de prostitución, son centros de vibraciones inferiores y negativas que perjudican notablemente a los, parroquianos. Todo hombre que quiera tener éxito en sus empresas personales o que desee aumentar su capacidad de realizar cosas, ya sea en el terreno espiritual o material debe, por medio de la autodisciplina, elevar sus vibraciones para no ser afectado por aquello que se denomina “mala suerte” o desgracia.

Es preciso, practicar una rígida higiene mental, a fin de no ser afectado por lo negativo del ambiente en el cual nos desenvolvemos. Existen fuerzas tan poderosamente negativas que pueden matar a una persona, ya que su tono o nota básica, es destructiva o desintegradora. Sabemos que existen sonidos (vibraciones) que pueden destruir la cohesión de la materia (infrasonidos), o bien, que pueden producir un efecto curativo medicinal (ultrasonidos). Conocido es el poder del rayo laser (vibración), cuya luz puede perforar el material más duro.

El sapiens busca de manera inconsciente un remedio para sus desarmonías vibratorias, y recurre para esto a la buena música, la cual restablece el equilibrio interno. Sin embargo, existen ritmos musicales de tal disonancia que crean estados negativos dentro de las personas. El sonido de ciertos instrumentos posee cadencias de tal índole, que provoca bajo ciertas condiciones, estados de profunda tristeza, como es el caso de la quena, especie de flauta indígena. Conocemos también el pernicioso efecto de los ruidos que sobrepasan ciertos decibeles de potencia, y que provocan una considerable fatiga nerviosa que repercute en la pérdida de la eficiencia humana, tanto en lo manual como en lo intelectual.

La vibración de la palabra humana tiene también poderosos efectos bienhechores o perniciosos en quienes la escuchan. Hay personas de gran simpatía personal, pero cuya voz, sin tener un tono desagradable, resulta repelente. Esto depende del resultado del choque de las oscilaciones sonoras. Si aquellas que recibimos son armónicas a las nuestras, sentiremos simpatía y agrado, y viceversa. La gente no se da cuenta en qué medida se le acoge bien o mal de acuerdo a las vibraciones que se emiten.

Es simple comprobar la influencia de las energías oscilantes del individuo. Existe un experimento muy simple para esto y que consiste en tener dos grupos de pequeñas plantas de interior, las cuales se deben separar en dos facciones. A una de ellas es preciso hablarle todos los días, tal como si fueran seres racionales, expresándoles por medio de las palabras, pensamientos de amor, amistad y fortaleza. El otro grupo se deja abandonado a su propia suerte. Con el correr de los días se verá cómo las plantitas regalonas se ponen mucho más hermosas y crecen más rápidamente, aunque tengan exactamente la misma tierra, luz, y riego que las otras.

Otra experiencia muy simple consiste en comprobar nuestro poder de inducción vibratorio sobre la gente. Para esto, es necesario dirigirse a alguien que nos tenga notoria antipatía.

Venciendo el rechazo que esta persona nos provoque, nos esforzaremos en sentir por ella una profunda simpatía y cordialidad, y después de poco, veremos cómo cambia radicalmente y pasa a tener una gran amistad por nosotros. Muchas veces, somos nosotros mismos quienes provocamos rechazo en la gente por nuestra hostilidad hacia ellas.

A través del principio de vibración es posible comprender que las maldiciones existen efectivamente, pero no tienen nada de sobrenatural; son solamente la condensación y proyección de vibraciones fuertemente destructivas. Con las bendiciones ocurre el mismo fenómeno, pero como se comprenderá, a la inversa.

Cuando una pareja de amantes se dice palabras de amor, el goce que experimentan no se debe solamente al conocimiento de que son amados, sino a la influencia vibratoria de la palabra.

Reflexionando un poco en esto, es posible concebir la existencia de palabras mágicas, que son solamente la combinación de letras que producirán fenómenos oscilatorios. El tradicional grito del karate, por ejemplo, estaba originariamente concebido con el fin de paralizar efectivamente al adversario, para lo cual tenía que ser emitido en tono y frecuencia determinada, ya que de lo contrario no producía ningún efecto.

El estudiante atento que medite sobre el principio de vibración, podrá llegar a comprender cosas de la más grande importancia; el que no tiene ojos para ver ni oídos para escuchar, permanecerá en la antesala del misterio.

http://es.groups.yahoo.com/group/sinergia7/message/1984

http://www.proyectopv.org/1-verdad/pasosparaelev.htm

http://www.misionrahma.de/docs/SUBIR_LA_VIBRACION.pdf

viernes, 6 de junio de 2008

El decimotercer daimon: Judas y Sophia en el Evangelio de Judas





Escrito por: Marvin Meyer

Al igual que mi colega y amiga, la profesora April DeConick, autora de The Thirteenth
Apostle: What the Gospel of Judas Really Says [El decimotercer apóstol: Lo que el Evangelio de Judas realmente dice], yo también leí recientemente un texto que me interesó de gran manera, pero que me hizo pensar que algo terrible se interpuso.* El texto que DeConick leyó fue una traducción del Evangelio de Judas preparado por el equipo de traductores de National Geographic, que incluía a Rodolphe Kasser, Gregor Wurst, François Gaudard y a mí mismo. El texto que yo leí fue el propio libro de DeConick, el cual plantea una interpretación revisionista del Evangelio de Judas.

En su libro, la profesora DeConick trata de corregir lo que para ella son nuestros descuidos para revelar el verdadero significado del Evangelio de Judas. Ella está convencida de que lo que ella produce apunta a un evangelio completamente diferente a cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado –un evangelio trágico que es más dysangelium que evangelium. Yo personalmente creo que la tesis del libro de la profesora DeConick –que el Evangelio de Judas es un evangelio paródico– es tanto interesante como provocativa, y en principio me mantengo abierto a un documento, antiguo o moderno, que funciona como texto trágico o hasta nihilístico. En su libro hay una serie de puntos sobre la interpretación del Evangelio de Judas, entre ellos, sus comentarios en cuanto a la crítica de sucesión apostólica en el texto, que amerita una seria consideración. Pero lo que desde un principio me molestó –y continúa molestándome– del libro de DeConick es que todo lo que sabemos acerca de los antiguos evangelios revolotea alrededor de su tesis básica. En género, el Evangelio de Judas se parece mucho a otros evangelios llamados gnósticos, y todos ellos proclaman la buena noticia de la salvación a través de la gnosis. No conozco nada que se parezca a un evangelio paródico en toda la literatura de la antigüedad y la antigüedad tardía. Antes bien, esta idea acerca de un evangelio paródico parece imponer categorías modernas y kafkianas de género a un texto antiguo –y a uno que es perfectamente comprensible bajo la luz de antiguas convenciones genéricas.

De acuerdo con la profesora DeConick, todas las características aparentemente positivas del Evangelio de Judas deberían de ser tratadas con guiños de ojos y golpecitos de codo en las costillas. ¿No es el título “las buenas noticias” de Judas? Claro, dice DeConick, aunque en realidad son muy malas noticias para Judas. ¿Qué sobre la confesión setiana acerca de la identidad de Jesús pronunciada por Judas y solamente por Judas? Para DeConick, esto simplemente provee una divertidísima yuxtaposición entre el inteligente “malo de los malos” y los otros doce mentecatos. Y ¿cómo explicar el inicio del texto, o íncipit, que promete reveladoras conversaciones entre Jesús y Judas Iscariote? ¿Y las revelaciones privadas de Jesús a Judas, entre ellas, la revelación cosmogónica que domina la porción central del texto? ¿Y las repetidas declaraciones de Jesús acerca de que le ha revelado el misterio del reino de Dios a Judas y le ha dicho todo? En verdad, alega DeConick, todo forma parte de la maliciosa táctica de Jesús para hacerle saber a Judas qué tan malo en realidad es. Todo esto es una broma cruel, pese a que otros evangelios gnósticos presenten estos mismos elementos como la proclamación de buenas noticias gnósticas. Sí, Jesús se ríe bastante en el Evangelio de Judas, como se ríe en otros textos gnósticos, pero repite más de una vez en el evangelio que no se está riendo de Judas ni de ningún otro discípulo.

Es por eso por lo que estaba molesto y lo sigo estando. También estoy decepcionado por las acusaciones, algunas publicadas en el artículo de opinión de la profesora DeConick en diciembre de 2007 en el New York Times, que tienen que ver con el trabajo del equipo de traducción que produjo la trascripción inicial y traducción del Evangelio de Judas y otros textos del Códice Tchacos. DeConick hace referencia a nuestras “traducciones erróneas” y ofrece sus propias versiones “corregidas”, cuando de hecho ambas alternativas casi siempre se proveen en el popular libro de Judas (Evangelio de Judas) y la edición crítica del Códice Tchacos. Como DeConick debe de saber, estas no son “traducciones erróneas”, sino que representan formas alternativas de entender un texto complejo. Por ejemplo, la palabra daimon, término de derivación griega, se usa en el Evangelio de Judas dentro de una declaración en la cual Jesús llama a Judas el “decimotercer daimon”, y el término pude traducirse como “demonio”, entendido en sentido negativo, como sugiere DeConick. Pero con todas las referencias a los daimones en textos platónicos, platónicos medios, neoplatónicos, herméticos y mágicos, donde el término a menudo es imbuido con connotaciones neutrales o hasta positivas, puede fácilmente traducirse como “espíritu”, como nosotros lo tradujimos, o aún como “dios”, como las profesoras Karen King y Elaine Pagels lo tradujeron en Reading Judas: The Gospel of Judas and the Shaping of Christianity [Leyendo Judas: El Evangelio de Judas y la formación del cristianismo]. Comúnmente, se piensa que los daimones son seres intermediarios que encuentran su lugar entre los reinos divinos y humanos.

Asimismo, en la forma verbal cóptica porj= e- (46,17) se puede traducir como “separado/diferenciado para” o bien “separado/diferenciado de” en el Evangelio de Judas, a pesar de las sugerencias de la profesora DeConick. De acuerdo con el evangelio, Judas le pregunta a Jesús, “¿Cuál es la ventaja que yo he recibido? Pues me has diferenciado para –o de– esa estirpe”. El Coptic Dictionary [Diccionario cóptico] (271b-272a) de Walter E. Crum ofrece tanto “estar divido de” y “estar dividido en” (reflexionando acerca de la forma griega aphorizein [etc.] eis) como posibles significados de porj e-. Por lo que inicialmente tradujimos la frase en 46,17, la cual difiere de la habitual construcción en el texto y códice (porj ebol e-/n- = “separado/diferenciado de”), con “diferenciado para”, aunque una nota al pie en la edición crítica ofrece la traducción alterna de “diferenciado de”, y la traducción francesa de Rodolphe Kasser dice, “tu m’aies séparé de cette (présente) génération-là”. Mientras que he indicado en otro lugar que yo también me inclino cada vez más a traducir esta complicada frase cóptica como “diferenciado de”, el hecho es que ambas traducciones son posibles. Elaine Pagels y Karen King concuerdan en este punto. Una vez más, la lectura y reconstrucción del texto cóptico al final de la página 46 del Evangelio de Judas han demostrado ser algo parecido a una pesadilla, como bien lo sabe la profesora DeConick.

Desde el principio luchamos con los fragmentarios rastros de tinta en el papiro. En la primavera de 2006, hicimos nuestra traducción cóptica provisional y traducción al inglés disponible, y seguimos trabajando, en colaboración con otros profesionales, para encontrar el sentido del texto. En París, en una conferencia en La Sorbonne, a la cual asistió la profesora DeConick, y en Washington D. C., en otra conferencia a la cual también asistió, ambas a finales de otoño de 2006, distribuimos transcripciones actualizadas a todos los que deseaban ver el texto. Y en 2007 la edición crítica del Códice Tchacos apareció, con la siguiente traducción: “En los últimos días ellos a ti, y (¿que?) no ascenderás a las alturas hacia la [estirpe] sagrada”. La lectura a final de la página 46 cambió, como se podía anticipar, parcialmente fundamentada en la aportación adicional de los profesores Wolf-Peter Funk y Peter Nagel, como la pertinente nota al pie en la edición crítica lo indica. Pero seguimos con una solución de desesperación: la afirmación de que la única manera en que podemos encontrar el sentido del texto es suponer un error del escriba que tiene que ver con la omisión de algunas palabras en el texto cóptico (señaladas por los paréntesis angulares).

¿Qué es lo que DeConick considera que debemos hacer en esta ardua tarea de leer un texto cóptico terriblemente difícil? En su artículo de opinión, escribe, “Probablemente el error más egregio que encontré fue una alteración en el original cóptico. De acuerdo con la traducción de National Geographic, el ascenso de Judas a la estirpe sagrada estaría maldito. Pero queda claro que la transcripción de los eruditos alteró el original cóptico, el cual eliminó una negativa de la oración original”. Pocas veces existe una acusación tan mordaz que uno puede hacer en contra de sus colegas: que de forma deliberada alteramos el texto cóptico para satisfacer nuestros propios propósitos, y dificultar la búsqueda erudita de comprensión. Nada podría estar más alejado de la verdad, y cualquier persona que nos ha observado a nosotros y a nuestro trabajo, incluso la profesora DeConick, lo sabe. Sólo puedo esperar que, dada la oportunidad, la profesora DeConick estuviera dispuesta a retirar la acusación difamatoria que por alguna razón salió mal. Ahora la misma acusación ha sido recogida por The National Review, que repite la crítica de la profesora DeConick. Es así como, desgraciadamente, los comentarios calumniosos se van esparciendo. En The Thirteenth Apostle, DeConick ofrece una conjetura sobre cómo llegamos a esa primera lectura, adivinando que adoptamos una abreviatura no avalada de un verbo griego. No recuerdo nada que se le parezca. Por tanto, llamé a Gregor Wurst en Augsburg, y me aseguró que acababa de contactar a DeConick para decirle que había malentendido nuestra decisión de traducción, la cual estaba basada en un idioma cóptico normal encontrado en el diccionario de Crum. Pero ahora eso también ya fue publicado.

La profesora DeConick admite que su tesis sobre Judas Iscariote en el Evangelio de Judas depende en gran medida de la declaración de Jesús que dice que Judas es el “decimotercer daimon”, destinado a gobernar sobre el decimotercer aeon o reino. La palabra daimon aparece sólo una vez en las páginas existentes del Evangelio de Judas y el Códice Tchacos. El profesor Antti Marjanen apunta que, “Dado a que la palabra daimon sólo aparece una sola vez en todo el texto, la interpretación debe llevarse a cabo con cautela. Aun si se toma como referencia negativa, no significa necesariamente que es la última caracterización de Judas en el texto”. Obviamente no hay ninguna demonología desarrollada en el Evangelio de Judas; de hecho, aun los gobernadores malévolos, Nebro y Saklas, no son llamados demonios en el Evangelio de Judas sino ángeles (angeloi). DeConick explica las referencias del decimotercero, el decimotercer daimon, y el decimotercer aeon, al apuntar las referencias sobre los trece aeons y el dios de los trece aeons –el demiurgo, el creador del mundo mortal debajo– en el Holy Book of the Great Invisible Spirit and Zostrianos [Libro sagrado del gran espíritu invisible y Zostrianos] de la biblioteca Nag Hammadi. También menciona los trece reinos de Revelation of Adam [La revelación de Adán], otro texto de Nag Hammadi, a pesar de que en este texto la naturaleza del decimotercer reino es oscura. Basándose en esta evidencia limitada, DeConick llega a conclusiones exageradas: que en el Evangelio de Judas, Judas Iscariote es un demonio maligno, un lacayo del demiurgo Yaldabaoth, quien se encuentra en la cama con Yaldabaoth y está destinado a permanecer en el decemotercer aeon con Yaldabaoth el megalómano de ahí en adelante. ¡Pobre Judas! Recibe toda la información en el Evangelio de Judas, pero al final permanece un pobre diablo.

La profesora DeConick no menciona en su libro ninguna referencia adicional citada por la profesora Pagels en una junta de la Society of Biblical Literature, efectuada en San Diego, en noviembre de 2007. En otro texto de Nag Hammadi, titulado Marsanes, un escenario celestial denominado “el decimotercer sello” es la morada del “silencioso desconocido”, es decir, el Dios más alto. Este “decimotercer” reino es muy distinto del lugar imaginado por DeConick, un espantoso ámbito compartido por el demiurgo y su contraparte demoníaca. Por desgracia, Marsanes no tuvo lugar en el libro de DeConick –por lo que tampoco su “decimotercer apóstol” pudo llegar al cielo de Marsanes.

DeConick tampoco incluye en The Thirteenth Apostle ningún paralelismo específico a la frase “decimotercer aeon, uno de los términos claves en el Evangelio de Judas –y un término que aparece de manera prominente en otro texto gnóstico que se ha conocido desde hace mucho tiempo. De hecho, el “decimotercer aeon” aparece más de cuarenta veces en Pistis Sophia (y también se encuentra en el Libros de Jeu), donde se construye como un “lugar de rectitud” localizado encima de los doce aeons y hogar celestial de veinticuatro lumbreras –incluyendo a Sophia, quien llama al decimotercer aeon “mi morada”. En la literatura de la antigüedad y de la antigüedad tardía, el decimotercer reino puede ocupar un lugar justo arriba de los doce (los cuales a menudo son considerados los signos del zodiaco), en la frontera del infinito –un lugar, puede ser, entre el mundo de la mortalidad en la tierra y el mundo divino en las alturas. Algunas veces, como en Marsanes, el decimotercer reino puede ser tomado con un escenario donde las deidades trascendentes habitan. De acuerdo aon la versión del mito de Pistis Sophia, Sophia, esforzándose por ascender a la luz de las alturas, es engañada y baja del decimotercer aeon descendiendo a través de los doce aeons hacia el “caos” inferior. En ese mundo es oprimida, y los que mandaban el mundo, entre ellos Yaldabaoth, con cara de león, buscan robarle su luz interior. Por un tiempo, no la dejan abandonar el lugar de su opresión. En palabras de Pistis Sophia, las cohortes de Authades, el arrogante, “me han rodeado, y se han regocijada sobre mí, y me han oprimido mucho, sin mi consentimiento; y han huido, y me han dejado y no han sido misericordiosos conmigo. Volvieron y me tentaron, y me oprimieron con gran tiranía; rechinaron sus dientes y querían despojarme de mi luz interior por completo”. En medio de sus sufrimientos, Pistis Sophia –la sabiduría de Dios debilitada y lánguida en este mundo, reflejo del alma de los gnósticos atrapados ahí abajo– clama por su salvación, y finalmente su grito es escuchado: “Ahora en este tiempo, sálvame, para que pueda regocijarme, porque quiero (o, amo) el decimotercer aeon, el lugar de rectitud. Y diré todo el tiempo, Que la luz de Jeu, tu ángel, dé más luz. Y mi lengua cantará alabanzas para ti en tu conocimiento, todo el tiempo que esté en el decimoterceer aeon” (1.50, Schmidt-MacDermot).

En otras palabras, Sophia viene del decimotercer reino en las alturas; es separada de ese reino y por él para usar el lenguaje del Evangelio de Judas; y está destinada a regresar a ese lugar otra vez. Mientras que aquí abajo, además, se refiere a sí misma con otro término que resuena con la representación de Judas en el Evangelio de Judas: se refiere a sí misma como daimon. En su cuarto arrepentimiento, Sophia lamenta su destino al decir, “Me he convertido en un demonio (daimon) peculiar, que habita en materia y que carece de luz. Y me he convertido en algo parecido a una contraparte espiritual (antimimon ’empn(eum)a) la cual se encuentra dentro de un cuerpo material, en el cual no hay poder de luz” (1.39, Schmidt-MacDermot). De nuevo, en su duodécimo arrepentimiento, Sophia lamenta: “Se han llevado mi luz y mi poder, y mi poder se desmorona dentro de mí, y no he podido pararme derecha en medio de ellos; me he convertido en algo semejante a materia que ha caído; he sido arrojada a este lado y el otro, como un demonio que se encuentra en el aire” (1.55, Schmidt-MacDermot). La palabra usada para “demonio” aquí es refsoor, el equivalente cóptico de la palabra griega daimonion.

Por lo tanto, de una forma que establece un paralelo cercano con la representación de Judas Iscariote en el Evangelio de Judas, Sophia, en Pistis Sophia es comparada con un daimon, tal vez como un ser intermediario; es perseguida por los gobernantes de los doce aeons; y aunque esté separada por mucho tiempo de él, regresará a su lugar en “el decimotercer aeon, el lugar de la rectitud”. Esas son las buenas noticias de Sophia en Pistis Sophia.

Pistis Sophia, entonces, plantea cuestiones fundamentales acerca del entendimiento de DeConick sobre Judas –y de cualquier entendimiento negativo de Judas– en el Evangelio de Judas. Más que funcionar como un buen amigo de Yaldabaoth, como propone DeConick, Judas puede considerarse, bajo la luz de Pistis Sophia, como la viva imagen de Sophia. (Sophia, o sabiduría, es referida una vez en las páginas existentes del Evangelio de Judas, en 44,4 en una sección fragmentaria, como “sabiduría corruptible” o “Sophia corruptible”). Resulta que justo este tipo de vínculo entre Judas y Sophia ya había sido establecido por los gnósticos en el siglo II, como nos informa Ireneo de Lyon –en un pasaje que DeConick menciona en su libro (pero sin hacer referencia a Pistis Sophia y sin advertir las implicaciones para el Evangelio de Judas; yo hice lo mismo en mi propio libro Judas). De acuerdo con Ireneo en su Adeversus haereses [Contra las herejías], ciertos gnósticos valentinianos, quienes debieron haber enunciado sus creencias alrededor del mismo tiempo en el siglo II, cuando el Evangelio de Judas se componía y leía, estableció una conexión cercana con el sufrimiento de Sophia y la pasión de Judas –ambos conectados, dice Ireneo, con el número doce, con Judas numerado como el duodécimo y último discípulo en el círculo de doce y Sophia numerada como el duodécimo aeon.

Ireneo argumenta en contra de los gnósticos valentinianos de esta forma, desde su perspectiva protoortodoxa: “Otra vez, en cuanto a su afirmación de que la pasión del duodécimo aeon fue probada a través de la conducta de Judas, ¿cómo es posible que Judas sea comparado con este aeon como emblema de él –él, quien fue expulsado del número del doce, y nunca más fue restaurado? A ese aeon, cuyo tipo se asemeja a Judas, después de separarse de su Enthymesis (pensamiento, reflexión), le restituyeron su antigua posición; pero Judas fue despojado de su cargo y expulsado mientras que Matías fue ordenado en su lugar. Deberían, entonces, mantener que el duodécimo aeon fue expulsado del Pléroma (la plenitud celestial de lo divino), y que otro se produjo o fue enviado para tomar su lugar; si es que es señalado en Judas. Además nos dicen que fue el aeon mismo quien sufrió, pero Judas fue el traidor, no el sufridor. Aún ellos mismos reconocen que fue el Cristo sufridor, y no Judas, quien soportó la pasión. ¿Cómo, entonces, pudo Judas, el traidor de quien tuvo que sufrir para nuestra salvación, ser el tipo e imagen del aeon que sufrió?” (2.20, ANF).

Ireneo –quien sabía de la existencia de un texto llamado Evangelio de Judas– admite que en el siglo II habían unos gnósticos que comparaban a Judas con Sophia y estaban convencidos de que Judas era “el tipo e imagen del aeon que sufrió”. (A propósito, también declara, un poco antes de su referencia al Evangelio de Judas, que unos gnósticos declararon que después de la resurrección, Cristo, quien estaba ligado a Sophia, ascendió a la mano derecha de Yaldabaoth para un propósito completamente positivo: ayudar en la salvación de las almas). Este reconocimiento de Ireneo, combinado con las similitudes cercanas en tema y terminología en las presentaciones de Judas y Sophia en el Evangelio de Judas y Pistis Sophia (y los Libros de Jeu), permite formular una poderosa conclusión en cuanto al papel de Judas Iscariote en el Evangelio de Judas. Yo propongo que entre ciertos gnósticos del siglo II, entre ellos algunos valentinianos y aquellos que escribieron y usaron el Evangelio de Judas, la figura de Judas podía haberse presentado en términos que guardan semejanza con la figura de Sophia, y el relato de Judas en el Evangelio de Judas debe de ser leído prestando atención a los elementos de la caída, pasión, dolor y redención de la sabiduría de Dios.

Como Sophia en otros textos y tradiciones, Judas en el Evangelio de Judas es “separado de” los reinos divinos en las alturas, a pesar de que sabe y profesa los misterios de lo divino y el origen del salvador; atraviesa el dolor y la persecución como un daimon confinado a este mundo terrenal; es iluminado con revelaciones “que ningún humano verá jamás”; y finalmente se dice que está en camino, como Sophia, al decimotercer aeon de tradición gnóstica.

La historia de Judas, como la historia de Sophia, hace recordar la historia del alma de cualquier gnóstico que habita este mundo y añora la trascendencia. El Evangelio de Judas puede ser entendido para representar a Judas como el tipo e imagen de Sophia y de los gnósticos, y el texto revela cómo puede ser alcanzada la salvación –no, se enfatiza, a través de la teología de la cruz y de la experiencia del sacrificio (como Karen King y Elaine Pagels demuestran con tanta claridad), sino, al contrario, a través de la gnosis y el entendimiento de la naturaleza de lo divino y la presencia de lo divino en las vidas internas de la gente de conocimiento.

Sin duda, esta interpretación del Evangelio de Judas cuestiona muchos de los principios centrales de un argumento que sostiene que el texto debe de ser visto como un evangelio paródico o un evangelio trágico. De todas formas, un número de incertidumbres permanecerán mientras que las lagunas de la porción superior de las páginas 55-58 del Evangelio de Judas, con el relato de la conclusión de la historia de Jesús y Judas, permanezcan sin resolver. Además, indiscutiblemente, hay espacio para una aproximación del texto más matizada, una que tome en serio las diversas características de este complejo documento. Sospecho que, en el futuro, la figura de Judas Iscariote en el Evangelio de Judas será interpretada al buen estilo hegeliano –y bajo la luz de tales textos paralelos citados aquí– como un personaje ni completamente positivo ni completamente demoníaco, sino más bien como una figura, como Sophia y cualquier gnóstico, que se encuentra enredada en este mundo de mortalidad pero aun así se esfuerza por obtener gnosis e iluminación. Hasta tal punto hay espacio para que los aspectos de una interpretación revisionista, como la de DeConick y otros, se unan con las características positivas del Evangelio de Judas, para así dar una aproximación equilibrada del texto. Después de todo, Judas, como Sophia, se encuentra atrapado entre los mundos de mortalidad e inmortalidad mientras busca la liberación, y el Evangelio de Judas muestra cómo la liberación puede ser alcanzada. De este modo, la evidencia del Evangelio de Judas junto con el entendimiento obtenido de Marsanes, Pistis Sophia, y los Libros de Jeu y de Ireneo de Lyon, pueden proveer una nueva serie de perspectivas sobre Judas y Sophia en la literatura gnóstica del siglo II. Sin embargo, lo que queda claro es que el mensaje místico del Evangelio de Judas, tan matizado como esté, continúa siendo una noticia sumamente buena, desde un punto de vista gnóstico, la mejor noticia del mundo. Al final, la gnosis –y la sabiduría– triunfan.

http://www.nationalgeographic.com/lostgospel/_pdf/GospelofJudas.pdf?fs=www9.nationalgeographic.com
http://www.piedrasrodantes.com/judas/

jueves, 5 de junio de 2008

Faraones negros



Un capítulo ignorado por la historia relata la época en que los reyes, desde lo más profundo de África, conquistaron el antiguo Egipto

En el año 730 a. C. un hombre llamado Piankhi decidió que la única manera de salvar de sí mismo a Egipto era invadiéndolo. La situación se tornaría sangrienta antes de que llegara la salvación.

“Aparejen los mejores corceles de sus cuadras”, ordenó a sus caudillos. Destrozada por la mezquindad de los jefes militares, la civilización que había construido las colosales pirámides perdió su grandeza. Durante dos decenios Piankhi gobernó su reino desde Nubia, un estrecho en África cuya mayor parte se ubicaba en lo que ahora es Sudán. Piankhi se concebía como el auténtico gobernante de Egipto, así como el legítimo heredero de las tradiciones religiosas practicadas por faraones como Ramsés II y Tutmosis III. Hubo quienes no tomaron en serio los alardes de Piankhi, quien probablemente en realidad nunca visitó el Bajo Egipto. Pero él presenció directamente el avasallamiento del decadente Egipto: “Dejaré que el Bajo Egipto pruebe el sabor de mis dedos”, escribió más tarde.

Sus soldados bogaron al norte del río Nilo. Desembarcaron en Tebas, capital del Alto Egipto. Puesto que se creía que las guerras religiosas debían librarse de una manera apropiada, Pankhi ordenó a sus soldados que, antes de cualquier combate, se purificaran mediante una inmersión en el Nilo, vistieran lino de la mejor calidad y salpicaran sus cuerpos con el agua proveniente del templo en Karnak, lugar sagrado del dios solar Amón, a quien consideraba su deidad personal. Piankhi lo honró con ofrendas y sacrificios. Luego de consagrarse, el caudillo y sus hombres hicieron la guerra a cualquier legión que encontraron a su paso.

Al término de un largo año en campaña, todos los líderes en Egipto habían capitulado, incluyendo al poderoso tirano del delta, Tefnakht, quien envió a Piankhi un emisario para decirle: “¡Sé misericordioso!, que soy incapaz de ver tu rostro en los días de deshonra; no puedo erguirme ante tu fulgor, porque temo tu grandeza”. A cambio de sus vidas, los vencidos pidieron con vehemencia a Piankhi que utilizara sus templos, se quedara con sus más finas joyas y reclamara sus mejores caballos. Piankhi aceptó los ofrecimientos. En aquel momento, cuando sus siervos se estremecían ante él, el recién impuesto Señor de dos Reinos hizo algo extraordinario: embarcó a su ejército y su botín de guerra, zarpó rumbo al sur, hacia su tierra, Nubia, para nunca regresar a Egipto.

Tras un reinado de 35 años, Piankhi murió en 715 a. C.; sus súbditos honraron sus deseos al enterrarlo, con cuatro de sus caballos, en una pirámide similar a las egipcias. Fue el primer faraón que, después de 500 años, recibó un entierro de tal magnitud. Es una lástima que el gran nubio que consumó estas proezas no haya dejado, literalmente, un rostro para la historia. Las imágenes de Piankhi sobre las elaboradas estelas o losas de granito, que conmemoran su conquista en Egipto, ya hace tiempo que fueron destrozadas. Sobre un relieve en el templo de Napata, en la capital nubia, únicamente permanecen sus piernas. Sólo queda un particular detalle del hombre: su piel era negra.

Piankhi fue el primero de los llamados faraones negros, una sucesión de reyes nubios que reinaron en Egipto por tres cuartos de siglo, durante la dinastía 25. Los faraones negros reunificaron a un Egipto desgarrado, colmaron su paisaje de gloriosos monumentos, construyeron un extendido imperio desde la frontera sur hasta lo que hoy es Jartum, en la ruta septentrional hacia el Mediterráneo. Se mantuvieron firmes ante los sanguinarios asirios, y probablemente esto contribuyó a mantener a salvo Jerusalén.

Aquellos episodios históricos permanecieron inéditos durante largo tiempo. No fue sino hasta estos cuatro decenios recientes cuando algunos arqueólogos los han revivido, concediendo que los faraones negros no surgieron de la nada: proceden de una vigorosa civilización africana que, a lo largo de 2 500 años, medró en las riberas meridionales del Nilo y se remonta incluso hasta la primera dinastía egipcia.

Hoy en día las pirámides de Sudán son espectáculos inquietantes sobre el Desierto de Nubia. Se puede deambular a su alrededor sin verse asediado por los vendedores. Mientras que, cerca de 1 000 kilómetros al norte, hacia El Cairo o Luxor, los visitantes llegan en grandes cantidades para observar las maravillas egipcias, en Sudán raramente visitan las pirámides en El Kurru, Nuri y Meroe, serenas entre el paisaje árido que difícilmente indica que ahí hubo una próspera cultura de la antigua Nubia.

En la actualidad, la falta de claridad amenaza nuestro conocimiento sobre esta civilización. El gobierno de Sudán está construyendo un dique hidroeléctrico a lo largo del Nilo, 1 000 kilómetros río arriba, que parte de la gran presa de Asuán, edificada por Egipto en la década de los sesenta, lo que hace que gran parte de la baja Nubia se haya enviado hasta el fondo del lago Nasser. Para 2009 concluirá la construcción de la enorme presa Merowe, y un lago de 170 kilómetros de largo anegará el terreno que bordea la Cuarta Catarata del Nilo, o los rápidos, que incluyen miles de sitios sin explorar. A lo largo de los nueve años previos, los arqueólogos se han agolpado en esta región cavando frenéticamente, antes de que los monumentos históricos de Nubia se hundan.

el mundo antiguo era ajeno al racismo. Durante la conquista histórica de Piankhi, el hecho de que su piel fuese negra careció de importancia. Los trabajos artísticos provenientes de Egipto, Grecia y Roma muestran, en las tonalidades de piel, un inequívoco conocimiento de las peculiaridades raciales, pero hay poca evidencia de que una piel oscura fuera considerada como un signo de inferioridad. No fue sino hasta el siglo xix, en la época en que las potencias europeas colonizaron África, cuando los eruditos de Occidente pusieron atención –con sus poco piadosas consecuencias– al color de piel de los nubios.

Los exploradores que llegaron al estrecho central del río Nilo reportaron el hallazgo de templos y pirámides: las ruinas de la antigua civilización llamada kush. Tal fue el caso del doctor italiano Giuseppe Ferlini, quien removió la parte superior de al menos una pirámide, lo que inspiró a otros a hacer lo mismo. El objetivo del arqueólogo prusiano Richard Lepsius era el estudio, pero al concluir que los kushitas seguramente “pertenecían a una raza blanca”, sólo causó más daño.

Incluso, George Reisner, el afamado egiptólogo de la Universidad de Harvard cuyos descubrimientos entre 1916 y 1919 presentaron la primera evidencia arqueológica de los reyes nubios que gobernaron Egipto, contaminó sus propias investigaciones, al insistir en que los negros africanos no pudieron haber edificado aquellos monumentos excavados por él. Aseguraba que los líderes nubios, incluido Piankhi, eran egipto-libios de piel blanca que se impusieron a los africanos primitivos.

Por decenios muchos historiadores han vacilado respecto a los nubios: ya sea que en realidad los faraones kushitas hayan sido “blancos” o negros, su civilización desciende de una auténtica cultura egipcia. En su historia de 1942, Cuando Egipto gobernaba el oriente, los muy respetados egiptólogos Keith Seele y George Steindorff resumieron la dinastía nubia faraónica y los triunfos de Piankhi en apenas tres enunciados, el último de los cuales sentenciaba: “Mas su dominio no duró por tanto tiempo”.

La incuria que padeció la historia de Nubia no sólo reflejó la intolerante visión del mundo de esa época, sino también dio origen a una seudofascinación por las proezas egipcias y a un total desconocimiento del pasado de África. “La primera vez que fui a Sudán –recuerda el arqueólogo suizo Charles Bonnet– la gente me decía: ¡Estás loco!, allá no hay historia, todo está en Egipto”.

Eso sucedió hace apenas 44 años. En 1960, cuando subieron las aguas en Asuán, los objetos hallados durante las campañas de rescate empezaron a cambiar esa visión. En 2003, después de decenios de haber excavado cerca de la Tercera Catarata del Nilo, en el poblado abandonado de Kerma, Charles Bonnet obtuvo reconocimiento internacional por el descubrimiento de siete grandes estatuas de piedra de los faraones nubios. No obstante, tiempo antes de este hallazgo, las investigaciones de Bonnet habían revelado un antiguo y pequeño centro urbano, que dominaba vastos campos y extensos ganados, y que se beneficiaba del intercambio de oro, ébano y marfil. “Era un reino totalmente emancipado de Egipto, y original en cuanto a su edificación y ritos funerarios”, menciona Bonnet. Esta poderosa dinastía surgió justamente durante la caída del Imperio Medio de Egipto, en 1785 a. C. Para el año 1500 a. C., el imperio nubio se extendió entre la Segunda y la Quinta cataratas.

Al estudiar de nuevo la época de oro en el desierto africano no se aporta mucho a la posición de los egiptólogos afrocentristas, quienes sostienen que todos los antiguos egipcios, del rey Tut hasta Cleopatra, eran negros africanos. Sin embargo, las epopeyas de los nubios confirman que, en tiempos pasados, una civilización de la remota África no sólo prosperó, sino que dominó, aunque brevemente, entremezclándose o casándose con sus vecinos del norte, los egipcios. A los gobernantes egipcios no les gustaba tener un vecino poderoso al sur, especialmente porque dependían de las minas de oro de Nubia para financiar su predominio en Asia occidental. De tal manera que los faraones de la dinastía 18 (1539-1292 a. C.) enviaron legiones para conquistar Nubia y erigir fuertes a lo largo del Nilo. Impusieron a los jefes nubios como administradores, y a los niños de los nubios privilegiados los educaron en Tebas.
Subyugada, la elite nubia comenzó a adoptar la cultura y las costumbres religiosas de Egipto, venerando a sus dioses, valiéndose de su idioma, adoptando sus ritos funerarios, para, después, construir pirámides. Podría decirse que los nubios fueron los primeros en caer en la “egiptomanía”.

Los egiptólogos de finales del siglo xix y principios del xx interpretaron esto como un signo de debilidad, pero se equivocaron: los nubios tuvieron un don, el de discernir la situación geopolítica del momento. Para el siglo viii a. C., Egipto fue dividido por bandos: el norte, liderado por los jefes libios, quienes se revistieron de tradiciones faraónicas para ganar legitimidad. Una vez en el poder, moderaron la devoción teocrática hacia Amón, y los sacerdotes en Karnak temían que, como resultado, la población fuese atea. ¿Quién podría devolver a Egipto a su antigua condición de poderío y santidad?

Los sacerdotes egipcios dirigieron sus miradas hacia el sur, y encontraron la respuesta: una población que, sin siquiera poner un pie en Egipto, preservó sus tradiciones espirituales. Como expresa Timothy Kendall, arqueólogo de la Universidad de Northeastern, los nubios “fueron más católicos que el papa”.

BAJO EL DOMINIO NUBIO Egipto llegó a ser, nuevamente, Egipto. Cuando Piankhi murió, en 715 a. C., su hermano, Shabaka, consolidó la dinastía 25 al establecer su residencia en la capital egipcia de Menfis. De la misma manera que su hermano, Shabaka contrajo matrimonio como en las antiguas tradiciones faraónicas, asumiendo el trono con el nombre del soberano de la dinastía 6, Pepi II, tal y como Piankhi reclamó el trono con el antiguo nombre de Tutmosis III.

Con obras arquitectónicas, Shabaka colmó de lujos a Tebas y el templo de Luxor. En Karnak levantó una estatua de granito rosa retratándose con la doble corona kushite uraeus: las dos cobras denotan su legitimidad como Señor de los Dos Reinos. Mediante la arquitectura y el poderío militar, Shabaka le manifestó a Egipto que los nubios estaban ahí para quedarse.

Hacia el este, los asirios construían aceleradamente su propio imperio. En 701 a. C., cuando avanzaban hacia Judea –hoy en día Israel–, los nubios decidieron atacar. Los dos ejércitos se encontraron en la ciudad de Eltekeh. A pesar de que el emperador asirio Sennacherib se jactó de que “les infligió la destrucción a los nubios”, un joven príncipe nubio, quizá de 20 años, hijo del gran faraón Piankhi, logró sobrevivir. El que los asirios fallaran en su intento por ejecutar al príncipe, sugiere que su victoria fue todo menos total.

En todo caso, cuando los asirios partían de sus tierras y se congregaban a las puertas de Jerusalén, el líder sitiado, Ezequías, confiaba en que los aliados de los egipcios llegarían a salvarlo. Burlonamente, los asirios dieron una respuesta inmortalizada en el Antiguo Testamento (Reyes II): “Tú cuentas con la ayuda de esa caña rota que es Egipto, que rompe y traspasa la mano de todo el que se apoya en ella. Así se porta el Faraón con los que confían en él”.

Entonces, según las Escrituras y otras crónicas, ocurrió un milagro: los asirios se replegaron. ¿Acaso una plaga los azotó? O, como plantea el provocador libro de Henry Aubin, El rescate de Jerusalén, ¿quizá fueron las alarmantes noticias de que el príncipe nubio avanzaba sobre Jerusalén? Lo que se sabe con certeza es que Sennacherib abandonó el lugar y, a galope, deshonrado, volvió a su reino, donde, al parecer a manos de sus hijos, fue asesinado 18 años después.

Ha sido fácil pasar por alto entre estos cruciales acontecimientos históricos, al margen de este panorama, al personaje de piel negra, el sobreviviente de Eltekeh, el implacable príncipe que para los asirios sería “aquel que fue condenado por los dioses”: Taharqa, hijo de Piankhi.

TAN ARROLLADORA fue la influencia de Taharqa sobre Egipto, que incluso sus enemigos fueron incapaces de borrar su huella; levantó monumentos por todo Egipto: estatuas, cartelas o bustos, que ostentan su nombre o su imagen, muchos de los cuales, en la actualidad, están en los museos alrededor del mundo. Se le representa como un suplicante de los dioses o ante la presencia protectora de Amón, la deidad carnero; él mismo como esfinge, o bien como guerrero. Muchas de las estatuas fueron mutiladas por sus adversarios. En varias, su nariz está desprendida, lo cual impide que regrese de la muerte. En otras, el uraeus de su frente también está destrozado, en repudio de su título como Señor de los Dos Reinos.

Su padre, Piankhi, devolvió a Egipto las auténticas costumbres faraónicas. Su tío, Shabaka, estableció la presencia nubia en Menfis y Tebas. Sin embargo, sus ambiciones palidecieron ante aquel jefe de 31 años de edad que fue coronado en Menfis en el año 690 a. C., y que condujo los imperios unidos de Egipto y Nubia por los siguientes 26 años.

Taharqa ascendió en un buen momento para la dinastía 25. Los jefes del delta fueron abatidos. Los asirios, al fallar en su intento para derrotarlo en Jerusalén, no querían compartir autoridad ni tierras con el gobernante nubio. Egipto era sólo de él y para él. Los dioses le aseguraron prosperidad, sin conflictos militares. En su sexto año en el trono, las aguas en el Nilo crecieron a causa de las lluvias, provocaron inundaciones en los valles y produjeron asombrosas cosechas de grano sin afectar ninguna aldea. Como Taharqa dejaría inscrito en sus cuatro estelas conmemorativas, las inundaciones incluso exterminaron a todas las ratas y serpientes. Era evidente que el venerado Amón sonreía a su elegido.

Taharqa no se propuso ahorrar recursos, sino, más bien, gastarlos en su capital político. Así, emprendió la más audaz campaña para el fomento de cualquier faraón desde el Nuevo Imperio (hacia 1500 a. C.), cuando Egipto estaba en un periodo de expansión. Inevitablemente, las dos capitales sagradas de Tebas y Napata atrajeron la mayor parte de los fondos de Taharqa. Hoy en día, se yergue, entre el conjunto sagrado de templos en Karnak, cerca de Tebas, una solitaria columna de 19 m de altura. Ese pilar era uno de los 10 que conformaban un enorme quiosco que el (Viene de la p. 41) faraón nubio agregó al templo de Amón. Construyó asimismo un sinnúmero de capillas, que circundaban el templo, y erigió una gran cantidad de estatuas de sí mismo y de su madre, Abar. Sin siquiera dañar un solo monumento anterior a su época, Taharqa hizo suya a Tebas.

Realizó lo mismo a cientos de kilómetros río arriba, en la ciudad nubia de Napata. Su montaña sagrada, Jebel Barkal, cautivó incluso a los faraones egipcios del Nuevo Imperio, quienes creían que era el lugar donde nació Amón. En busca de representarse a sí mismo como heredero del Nuevo Imperio egipcio, Taharqa levantó, en honor de las diosas consortes de Amón, dos templos en la base de la montaña. Sobre la cumbre de Jebel Bakal, parcialmente cubierta con una hoja de oro para impresionar a los creyentes, el faraón negro mandó inscribir su nombre.
Aproximadamente a los 15 años de su mandato, entre la grandiosidad de su imperio constructivo, tal vez una pizca de arrogancia sobrecogía al gobernante nubio. “Taharqa tenía una sólida armada y representaba uno de los mayores poderes internacionales de su época –comenta Charles Bonnet–. Se concebía como el rey del mundo. Se hizo un tanto megalómano”.

A lo largo de la costa del Líbano, los mercaderes madereros nutrían las necesidades arquitectónicas de Taharqa con un continuo abastecimiento de enebro y cedro. Cuando el rey asirio Esarhaddon controló la ruta comercial, Taharqa envió tropas al sur del Levante para respaldar una revuelta contra el asirio. En el año 674 a. C., Esarhaddon anuló la jugada, internándose en Egipto; no obstante, las legiones de Taharqa repelieron a sus adversarios.
Claramente la victoria ensalzó al líder nubio. Los grupos rebeldes a lo largo del Mediterráneo compartieron sus veleidades y, en calidad de aliados, se unieron contra Esarhaddon. En 671 a. C., los asirios partieron con sus camellos, adentrándose en el desierto del Sinaí, para sofocar la rebelión. El éxito fue inmediato, entonces Esarhaddon era quien rebosaba con ansias de sangre. Enfiló sus legiones hacia el delta del Nilo.

Taharqa y sus legiones se alistaron para el combate contra los asirios; lucharon durante 15 días. Pero los nubios fueron replegados hasta Menfis, de donde, herido en cinco ocasiones, Taharqa logró escapar. Siguiendo la costumbre característica de los asirios, Esarhaddon mandó sacrificar a los lugareños y “hacer pilas con sus cabezas”. Más tarde los asirios escribieron: “Su reina, su harén, Ushankhuru su heredero, y el resto de sus hijos e hijas, sus fincas, sus dioses, sus caballos, sus ganados, sus carneros, una y otra vez, los llevaremos a Asiria. Arranqué de tajo la raíz kush en Egipto”. Para conmemorar la humillación de Taharqa, Esarhaddon encargó una estela, exponiendo a Ushankhuru, hijo de aquel, arrodillado ante los asirios con una cuerda alrededor del cuello.

Casualmente, Taharqa sobrevivió al conquistador. En el 669 Esarhaddon murió camino a Egipto, después de enterarse de que Taharqa se las arregló para volver a tomar Menfis. Bajo las órdenes de un nuevo rey, los asirios atacaron nuevamente la ciudad, esta vez con una legión engrosada por tropas de rebeldes capturados. Taharqa, sin posibilidades de éxito, partió hacia el sur, a Napata, para nunca regresar a Egipto.

Lo que define la importancia de Taharqa en Nubia es su permanencia en el poder luego de haber sido expulsado de Menfis en dos ocasiones. Cómo vivió sus últimos años es un misterio, con la gran excepción de un decisivo e innovador hecho. Como su padre, Piankhi, Taharqa eligió ser enterrado en una pirámide. Escogió un lugar en Nuri, en la ribera opuesta del Nilo. Timothy Kendall ha especulado al respecto: probablemente, Taharqa eligió esta ubicación porque, desde Jebel Barkal, su pirámide se alinea precisamente con el alba del antiguo Año Nuevo de Egipto, vinculándolo eternamente con el concepto egipcio de la reencarnación.

Pero la razón por la cual Taharqa escogiera este lugar quedará, como la historia de su población, en la oscuridad.

miércoles, 4 de junio de 2008

La filosofía ecológica fue anticipada por Francisco de Asís



Para muchos, es el precursor de una nueva democracia universal de tipo socio-cósmica

Generalmente se ha considerado que el “Cántico de las criaturas” representa uno de los logros más importantes de la espiritualidad de Francisco de Asís, en el que puso de manifiesto una profunda reconciliación entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, entre el universo y Dios. A pesar de estar escrito en el siglo XIII, todavía se tiene como una de las joyas de la poesía occidental y de la mística de la naturaleza. Ya en 1967 el historiador norteamericano L. White Jr. propuso considerar la piedad cósmica de Francisco como un ejemplo para la mentalidad ecológica actual



El Cántico de las criaturas mantiene hoy planamente viva su actualidad y debe ser entendido en el marco de la inquietud moderna de la filosofía ecológica. Se trata del canto de un hombre que durante toda su vida luchó para lograr un poco más de fraternidad entre sus conciudadanos y para que se hiciera visible la humanidad de Dios. Francisco de Asís aprendió a contemplar los seres vivos y las cosas de una forma ingenua, sencilla, fraterna. Dejó de verlos desde el ángulo de su valor comercial, como se hacía en su tiempo y se sigue haciendo en gran parte hoy, para considerarlos criaturas de Dios y, por lo tanto, dignos de interés por sí mismos. Francisco cantó para mostrarles a los hombres la tierra fraternal, liberada del dominio del dinero y de toda servidumbre.

La fraternidad con las personas…

Todas las biografías más antiguas de Francisco coinciden en destacar la estrecha unión que establecía con todas las personas y todas las cosas. Pero este torbellino de fraternidad no nació de un modo intemporal, sino que coincide con la revolución social que se estaba produciendo en su tiempo y con la revolución personal que supuso su encuentro con los pobres y los leprosos. En este sentido, se cuenta que pasó tres años dedicado a atenderlos a la vez que restauraba la capilla de San Damián, hasta que un 24 de febrero, festividad de San Matías, escuchó el evangelio de la misión de los Doce (Mt. 10,5-10) y comprendió que Dios no le pedía que restaurara iglesias ruinosas, sino la Iglesia viva y sus ruinas humanas… Y el Señor le dio hermanos, con los que fundó su primera fraternidad. Era la primavera de 1208.

… Y con las criaturas

Francisco amplió su fraternidad fuera de los límites de lo humano para llegar al mundo de los animales y al mundo de los vegetales. Todas las biografías escritas en los años siguientes a su muerte destacan unánimemente la amigable unión que Francisco establecía con todas las criaturas. La fraternidad en Francisco no solo se humaniza sino que se hace universal. Son múltiples los detalles que se nos han transmitido sobre cómo Francisco vivía esta fraternidad: en su trato con las plantas, con los animales, etc. Así, sus biógrafos señalan que andaba sobre las piedras en atención a Aquél que se había llamado piedra a sí mismo; recogía las babosas de los caminos para que no fueran pisadas por la gente; daba miel y vino a las abejas en el invierno para que no muriesen de frío y de hambre. Con su enorme optimismo, prestó al mundo un servicio inapreciable que los poetas y demás hombres tendremos siempre que agradecer. Y esto, en una época en la que especialmente los cátaros habían despertado las sombras del maniqueísmo, considerando intrínsecamente mala a la materia.

La fraternidad cósmica

Francisco dio un paso más en el concepto de fraternidad. Ya no se trataría sólo de las criaturas vivientes, sino que amplió el círculo a todo el cosmos, a toda la creación. Y no solamente a la creación material sino también a la inmaterial pero existente y, por lo tanto, también hermana. Como veíamos al principio, la demostración más elevada de ese sentido de fraternidad cósmica lo podemos observar en el “Cántico de la criaturas”.

En este cántico, Leonardo Boff ha querido ver, sobre todo, una síntesis afortunada entre ecología interior y ecología exterior. Su estructura revela el encuentro de la unidad global, entrecruzándose dos líneas: una vertical en la que se dirige a Dios y otra horizontal en la que estima que, si por nuestra minoridad no podemos hablar directamente con Dios, sí podemos hacerlo con las criaturas en las que Francisco ve la presencia de Dios, considerándolas sacramentos de Dios.

Así, la primera estrofa va dirigida directamente a Dios y las siguientes también a Dios pero por medio de las criaturas, organizadas en parejas masculinas-femeninas: el sol y la luna, el viento y el agua, el fuego y la tierra. El Dios al que Francisco se dirige es un Dios pequeño a pesar de su magnitud; no es un Dios lejano, sino que es un Dios cercano. Sin embargo, en su minoridad, Francisco percibe que no puede cantar directamente a Dios; por eso lo hace a través de las criaturas.

Así canta al hermano sol al que lo considera señor, pero como también ha sido creado por Dios, no deja de ser hermano. Y lo mismo a la luna, al viento, al agua, al fuego y a la Tierra, considerada por Francisco como madre, pero que por haber sido creada por Dios es también hermana. Finalmente, la hermana muerte corporal, a la que no teme sino que la considera una hermana que viene a abrirle las puertas de la eternidad. Por eso, Francisco se abraza a la muerte porque es una hermana, portadora de una vida más amplia e inmortal. No hay por qué temer; podía abrazarla. Francisco acaba su vida reconciliándose así con la muerte.


Fundamentos de la fraternidad en Francisco


Simplificando mucho las cosas, podríamos decir que lo que fundamenta el concepto y la vivencia de la fraternidad en Francisco es su imagen de Dios y su imagen del hombre y, especialmente, la relación entre ambas. Francisco no fue un teólogo ni mucho menos. Él se consideraba un iletrado; por eso nunca pretendió ejercer de teólogo. Sin embardo es interesante destacar que el Dios de Francisco es un Dios Padre, un Dios cercano, el “abba” de Jesús. Es un Dios débil y pequeño, pero que asumió nuestra condición para mostrar la grandeza de la condición humana. Es un Dios Padre creador de todas las cosas, a las que ama porque las ha creado buenas, como podemos leer en Sab. 11.

Por otra parte, se ha dicho que la antropología de Francisco está cargada de dimensiones teológicas, por la cercanía que encuentra entre el hombre y Dios o entre Dios y el hombre. Para Francisco, el hombre es fundamentalmente un hermano, sobre todo un hermano menor, siervo y al vez cortés, libre porque es pobre, alegre con la alegría de sentirse en comunión con la creación, compasivo y misericordioso, etc.

Actualidad de la experiencia de fraternidad cósmica en Francisco

De acuerdo con E. Haeckel, su primer definidor, la ecología es el estudio de la inter-retro-relación de todos los seres vivos y no vivos entre sí y con su medio ambiente. Por lo tanto, no se trata de estudiar por separado el medio ambiente y los seres vivos y no vivos, sino hacerlo desde la globalidad de su interacción mutua. Cada vez está más aceptado que un ser vivo no puede ser considerado aisladamente como un simple representante de su especie, sino que tiene que verse en relación y en equilibrio con los demás representantes de la comunidad de vivientes y con las condiciones en que se desarrollan.

De aquí que, en la actualidad, se suelen distinguir tres niveles o tipos de ecología:

a) Una ecología ambiental, que trata del medio ambiente y de las relaciones que los seres vivos, especialmente el hombre, establecen con él.

b) Una ecología social, que se ocupa de las relaciones derivadas de la consideración del hombre como un ser social.


c) Una ecología mental, que se fundamenta en el hecho de que la naturaleza no es algo exterior al ser humano, sino interior; es de la mente de donde surgen los patrones de comportamiento que se concretan en actitudes de defensa o de agresión a la naturaleza.

La ecología ambiental en Francisco de Asís

La Declaración de Río de Janeiro de 1992 acabada diciendo que la salvación del planeta y de sus pueblos, de hoy y de mañana, requiere la elaboración de un nuevo proyecto de civilización que debe ser construido sinergéticamente por todos. La ecología no puede reducirse al campo “verde” de la naturaleza, sino que se basa en las relaciones que todos los seres, principalmente los seres vivos, mantienen ente sí y con su entorno. Por eso se ha dicho que hoy hemos llegado a un punto en que o nos salvamos todos o nos perdemos todos.

La visión moderna del mundo que nos está proporcionando la física cuántica, la biología molecular o la propia ecología nos debe llevar a comprender que todo tiene que ver con todo, que estamos envueltos en una red de relaciones y que nada ni nadie existe fuera de esas relaciones. Según la física cuántica, toda la materia del universo deriva de las mismas partículas elementales de las cuales sólo cuatro parecen ser estables: el protón, el electrón, el fotón y el neutrón. Como resultado de la atracción de las cargas opuestas de los protones y electrones surgen los átomos. Como diría F. Betto, “lo que sustenta al átomo es una cuestión de amor”.

A su vez, de la combinación de los átomos surgen las diferentes moléculas de que está hecho todo nuestro mundo. El agua está formada por un átomo de oxigeno y dos de hidrógeno; al aire está formado por átomos de nitrógeno, oxígeno, carbono, hidrógeno, etc. La tierra, las plantas, los animales… todo está formado por átomos mantenidos por esa especie de amor o atracción básica.

A escala celular, la bioquímica y la biología molecular nos están diciendo que cada una de los miles de moléculas que existen en cada una de nuestras células tiene una estructura determinada que hace que sea la más apropiada para llevar a cabo una función determinada, de tal modo que entre ellas se establece una relación que las hace a todas igualmente necesarias y que, a su vez, se encuentra perfectamente regulada para que funcionen como un “todo” orgánico y armónico.

Pero no olvidemos que cada molécula es el resultado de un “abrazo amoroso” entre sus átomos constituyentes, y que, a su vez, las moléculas se funden en otro “abrazo amoroso” para formar las células, y éstas igualmente los tejidos, los órganos y los sistemas de un organismo.

Por otra parte, dada la complejidad de los seres vivos, cada día está más aceptado en el campo de las ciencias de la vida lo que se ha dado en llamar el “principio hologramático”, que viene a decir que en las partes está presente el todo y el todo está en las partes. Por eso, el sentido actual de ecología implica el pensar siempre holísticamente, convenciéndonos de que la totalidad no es sólo la suma de las partes, sino fundamentalmente la interdependencia orgánica de todos los elementos.

La ecología actual tiene que ser holística o no será ecología. La ecología se entiende hoy como relación, de tal manera que no existe nada fuera de la relación, porque todo tiene que ver con todo, en todos los momentos y en todas las circunstancias.

Este sentido relacional está también presente en la antropología actual. Se ha definido el hombre como un nudo de relaciones, en todas las direcciones: hacia lo alto, hacia Dios; hacia los lados, hacia sus hermanos; hacia abajo, hacia la tierra; hacia dentro, hacia su corazón.

Pues bien, en este ámbito es donde se mueve Francisco de Asís. Pero con algo añadido. Para Francisco, el hombre no es sólo un nudo de relaciones sino que es un nudo de relaciones cordiales. La cordialidad es una característica fundamental de Francisco: todo está unido a su corazón. Eso da lugar a que su experiencia de fraternidad represente el más vivo ejemplo de una antropología de relación y, sobre todo, de cordialidad con todos los seres. Es una antropología que sabe sentir el corazón de las cosas, para lo cual es indispensable entrar en sintonía con ellas viviendo la fraternidad universal y cósmica.

No se trata solamente de que el otro esté allí y nosotros aquí, por muy cercanos que estemos. Es que tenemos que convertirnos en el otro, transformarnos en el otro, lograr una fusión mística con las demás realidades, vivir una experiencia de identificación con el otro. Se trata de con-vivir, con-sentir, com-partir y co-mulgar con las cosas. De ahí nace la comunidad con esas cosas conocidas amorosamente. Y esa fue la idea de fraternidad cósmica y la vida de Francisco.

La ecología social en Francisco de Asís


Como decíamos antes, la crisis ecológica nos concierne a todos, por lo que necesita la participación de todos. Y la mejor forma de participación es una democracia. En esta democracia ecológico-social, los ciudadanos no son solamente los seres humanos, sino todos los seres que componen el mundo: una “biocracia” y una “cosmocracia”. Esto significa que todos los seres de la naturaleza son ciudadanos, sujetos de derechos, dignos de respeto y de admiración.

El filósofo francés J. Maritain y otros muchos han considerado que Francisco es el precursor de una nueva democracia universal de tipo socio-cósmica; no se trata de una democracia en la que todas las personas humanas son iguales y sin jerarquías, sino de una democracia cósmica, que incluye dentro de sí como ciudadanos no sólo a los hombres sino también a los animales, las plantas, el agua, el sol, la luna y las estrellas.

Todos estos ciudadanos de la nueva democracia cósmica participan de nuestra convivencia, tienen derecho a vivir y deben ser plenamente respetados. Esta democracia cósmica es una democracia biocentralizada, es decir, centrada sólo en la vida y en la naturaleza. Ahora bien, como la naturaleza es el equilibrio entre la vida y la muerte, también debe ser incluida la muerte. Eso es lo que hizo Francisco en su tiempo: su democracia incluye todas las formas de vida e incluso la propia muerte. Cuando llamaba hermanos a los animales y a las plantas, al sol, la luna y las estrellas… y hasta a la muerte, ¿no estaba sentando las bases de esta nueva democracia cósmica?

La cultura moderna parece situar al hombre por encima de las cosas para poseerlas y dominarlas. Este antropocentrismo se ha considerado como el resultado de una lectura arrogante de los textos bíblicos. Sin embargo, Francisco vivió otra manera de ser en el mundo. Francisco no define al ser humano por lo que lo diferencia de los demás seres, sino por lo que tiene de común con ellos.

Se pone al lado de todas las cosas y de todas las criaturas para amarlas y convivir con ellas como hermanos y hermanas en una casa común. Todas las cosas las consideró animadas y personalizadas; él descubrió intuitivamente lo que hoy conocemos por la ciencia: que todos los seres vivos somos hermanos porque tenemos el mismo código genético. Para Francisco, todos con-vivimos en la misma casa paterna y materna, con un profundo respeto hacia todas las diversidades, especialmente con los más débiles.

La ecología mental en Francisco de Asís

La ecología de la mente, también llamada ecología profunda, trata de despertar en las personas su espíritu de escucha. Por eso, una de las misiones del ser humano es descifrar el mensaje que nos transmiten todos los seres del universo y celebrarlo. A partir de la ecología interior, el universo deja de ser una entidad neutral para convertirse en algo que concierne al ser humano.

El universo se dirige hacia el ser humano, lo mismo que el ser humano se vuelve hacia el universo de donde procede. Ambos nos pertenecemos mutuamente. Nos une un vínculo de fraternidad que Francisco ya intuyó en su tiempo. No podemos considerarnos como seres separados de la Tierra; somos hijos de la Tierra, somos la misma Tierra que se hace autoconsciente.

Francisco vivió esta experiencia de un modo profundo. Su gran aportación para su tiempo fue considerar que todas las cosas de la creación son hermanas porque proceden del mismo Padre. Francisco personalizó todas sus relaciones al considerar a todos los seres del universo como sacramentos de la presencia de Dios. Hoy día se acepta que esta sacramentalidad no debe considerarse sólo en dirección vertical de Dios-universo, sino también en la horizontal de Dios-proceso evolutivo cosmogénico. Esto lleva consigo el mantener abierta la sacramentalidad hacia las nuevas formas de manifestación del misterio de Dios. La fe de Francisco le llevó a vivir intensamente la experiencia religiosa del origen común de todas las cosas. De esta manera experimentó cómo Dios muestra su presencia en cada ser y en su historia. Para él, Dios está presente en el cosmos y el cosmos está presente en Dios.

Diversos filósofos y teólogos del siglo XX (Whitehead, Ogden, Griffin, etc.) han dejado de poner a Dios y al mundo frente a frente, para considerar a Dios dentro del proceso del mundo y al mundo dentro del proceso de Dios, de tal manera que todo lo que ocurre en el mundo le afecta a Dios de alguna forma. El Creador rodea siempre a la criatura y al revés, aunque cada uno conserva su identidad. Así, la distinción sirve a la comunión. Dios no se identifica con el proceso cósmico, pero sí en el proceso cósmico. Y a la inversa, el universo no se identifica con Dios, pero se identifica en Dios.

Francisco se adelantó a esta manera de pensar ya en el siglo XIII puesto que veía a Dios en todas las cosas, en todas las circunstancias. Comenzó a verlo en los pobres, en los leprosos, en las plantas y los animales, en el hermano sol, etc., hasta llegar a ver a Dios en la hermana muerte. Francisco se adelantó en la reconciliación entre el hombre y la naturaleza que hoy se exige en diferentes foros. Francisco reconcilió con su experiencia de vida al hombre con toda la creación. Por eso se le ha considerado como el paradigma de “homo reconcilatus”.

De hecho, cuando el Concilio Vaticano II señala que: “el hombre, hecho nueva criatura, puede y debe amar las cosas creadas por Dios, porque de Dios las recibe, y las mira y las respeta como salidas de sus manos” (GS, 37) está teniendo plenamente presente el cómo Francisco vio y amó a todas las criaturas.

Esta visión franciscana de la naturaleza y Dios es lo que hoy se quiere expresar con la palabra “panenteísmo”. No se trata de caer en el panteísmo sino de admitir el panenteísmo. Para el panteísmo, Dios es todo y todo es Dios. El cristianismo no puede aceptar esta visión panteísta porque eso significaría hacer a Dios igual que el universo, confundir el Creador con la criatura. Dios y el universo son diferentes, pero están abiertos uno al otro en una perfecta comunión.

Para el panenteísmo, Dios está en todas las cosas y a la inversa; eso significa que podemos ver a Dios en las piedras, en los animales, en las plantas, en el sol, etc.… como ya hizo Francisco en el siglo XIII. Francisco vive y experimenta la presencia de Dios en todas las cosas; encontró a Dios en sí mismo y en todas las criaturas, considerándolas como sacramentos reveladores de Dios. La creación entera es el gran sacramento de Dios.

En este sentido (como en otros muchos), Francisco puede considerarse un precursor de P. Teilhard de Chardin. En la última página de su diario escrita el día 7 de Abril de 1955, el Jueves Santo antes de su muerte, este jesuita recogía como síntesis de su credo la frase “Dios todo en todas las cosas” (1Cor, 15,28). Esa era la expresión bíblica del “misterio de los misterios”: pleromizar a Dios, como él decía. Pleromizar será la consecución final del momento en que Dios y la creación se unan en una totalidad sin confusión.

Conclusión

Después de todo lo anterior, podemos explicarnos el por qué de la fascinación que Francisco ejerció sobre los hombres de su tiempo y los hombres del siglo XX-XXI. “Creó una síntesis que se había perdido en el cristianismo: el encuentro con Dios, con Cristo y con el Espíritu en la naturaleza y, consecuentemente, el descubrimiento de la inmensa fraternidad/sororidad cósmicas” (L. Boff).

Por eso no es de extrañar que ya en 1967 el historiador norteamericano L. White Jr. propusiera considerar la piedad cósmica de Francisco como un ejemplo para la mentalidad ecológica actual y sugiriera que fuera declarado oficialmente “patrono de los ecologistas”. Y eso fue lo que hizo Juan Pablo II, el 27 de Noviembre de 1979, con todas las honras y privilegios litúrgicos inherentes a esa proclamación.

martes, 3 de junio de 2008

Chichén Itzá






Chichén Itzá es uno de los principales sitios arqueológicos vestigio de una de las civilizaciones prehispánicas más importantes: la cultura Maya. Se localiza en Yucatán, México.Y su nombre significa en maya Chi (Boca) maya Chen ( pozo)Itzá (Pueblo que habitaba esa region)Chichen Itza es la boca del pozo de los Iztá. "En la orilla del Pozo del Brujo de agua"1 o bien Chichén Itzá Huasteco Ch'iich'en (en estado/apariencia de pájaro), Huasteco Itzam' (Serpiente) Serpiente Emplumada2 es el nombre del que fue uno de los principales asentamientos de los mayas durante el período Posclásico en la Península de Yucatán. Se localiza al sureste de Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán.

Hacia el final del Clásico tardío (600-900 d. C. siglo IX) , Chichén se convirtió en uno de los más importantes centros políticos de las tierras bajas del Mayab. Para el principio del Posclásico (desde el año 900 hasta el 1527), la ciudad se había consolidado como principal centro de poder en la península yucateca. Las edificaciones de Chichén Itzá muestran un gran número de elementos arquitectónicos e iconográficos que algunos historiadores han querido llamar mexicanizados3 mezclados con reminicencias del estilo Puuc de la arquitectura clásica maya. La presencia de estos elementos procedentes de las culturas del Altiplano Central fueron concebidas hasta hace algunos años como producto de una migración masiva o conquista de la ciudad maya por parte de grupos toltecas. Sin embargo, estudios más recientes4 sugieren que pudieron haber sido la expresión cultural de un sistema político muy extendido y prestigioso durante el Posclásico temprano en toda Mesoamérica.

De acuerdo con la evidencia disponible, es posible que muchas de las construcciones principales de la ciudad fueran incendiadas hacia el final del siglo XIII. Por lo tanto, se puede decir que el declive de Chichén Itzá se dio en un contexto de violencia, que conllevó a la pérdida de la hegemonía en el Mayab. A partir del declive de Chichén Itzá, Mayapán se convirtió en el líder de la confederación que lleva su nombre.

El yacimiento arqueológico de Chichén Itzá es patrimonio de la nación mexicana y propiedad de la Federación. El mantenimiento de los monumentos y la administración de la zona son facultad del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). A pesar de ello, los terrenos que ocupa la zona arqueológica son propiedad privada, como muchos de los monumentos considerados patrimonio nacional en México.5

Templo de las 1000 Columnas

La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. El 7 de julio de 2007, fue reconocida como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, por una iniciativa privada sin el apoyo de la UNESCO, pero con el reconocimiento de millones de votantes alrededor del mundo.

Historia
Templo de los Guerreros y de las 1000 Columnas

Caracol

Guerreros, sacerdotes y comerciantes constituían la élite gobernante en Chichen Itza. Introdujeron el culto al dios Kukulcán, el equivalente al Quetzalcóatl (serpiente emplumada) del Altiplano. Levantaron construcciones con taludes y muros verticales y representaciones del dios pájaro-serpiente. El militarismo fue el fundamento indudable de esta cultura. Esto se hace evidente en el monumento llamado Plataforma de las Calaveras donde exhibían, clavados en estacas, los cráneos de cientos de enemigos.

Hacia el año 325, la ciudad, que en un principio fue un pequeño poblado de chozas, madera y paja, floreció y sus habitantes comenzaron a erigir edificaciones monumentales cerca del cenote llamado Xtoloc. Al parecer, creció de manera dispersa en los primeros tiempos, para posteriormente ser diseñada cuidadosamente dejando grandes espacios entre los templos. Las distancias entre los edificios se cubrían de amplias calzadas o vías principales, elevadas sobre el suelo, llamadas Sacbés (caminos blancos, en maya).

El Templo de los Guerreros, El Observatorio, El Cenote Sagrado, El Juego de Pelota, son sólo parte de la grandeza de esta civilización y antigua metrópoli Maya.

Los monumentales edificios de la Gran Explanada de Chichen Itza están presididos por la Pirámide de Kukulcán, uno de los edificios más altos y notables de la arquitectura maya. Es una pirámide de cuatro lados que culmina en un templo rectangular. Se asienta sobre una plataforma rectangular de 55.5 metros de ancho y tiene una altura de 24 metros. Cada lado de la pirámide tiene una gran escalinata que conduce al templo superior. Balaustradas de piedra flanquean cada escalera, y en la base de la escalinata norte se asientan dos colosales cabezas de serpientes emplumadas, efigies del dios Kukulcán.

En 1900 Edward Thompson adquiró la Hacienda de Chichén-Itzá que en su momento identificó la zona y realizó algunos estudios y al mismo tiempo saqueó objetos encontrados en sus exploraciones que posteriormente fueron entregados. Los europeos Francisco de Montejo y Landa realizaron las primeras visitas a la zona y dieron cuenta de la existencia de la ciudad.

lunes, 2 de junio de 2008

Aumentan las probabilidades de colisión de un asteroide con la Tierra


Científicos del Reino Unido han desarrollado un modelo matemático según el cual el sistema solar atraviesa actualmente la zona más densa de la Vía Láctea, una trayectoria que se produce cada 35-40 millones de años y que provoca un aumento en la cantidad de asteroides que se adentran en nuestro sistema solar y de los riesgos de colisión con la Tierra de uno de estos cuerpos rocosos. Se considera que al menos dos extinciones masivas de la vida en nuestro planeta se han producido en estas trayectorias, por lo que el modelo matemático respalda con nuevas evidencias esta teoría. Los astrónomos advierten que deberían destinarse más medios a la búsqueda de los "Objetos próximos a la Tierra".

TENDENCIAS CIENTÍFICAS

Científicos del Cardiff Center of Astrobiology, del Reino Unido, han desarrollado un modelo matemático que confirma que, actualmente, nuestro sistema solar está atravesando el llamado plano galáctico, lo que aumenta las probabilidades de que algún asteroide colisione con la Tierra. Un asteroide es un cuerpo rocoso que orbita alrededor del Sol. Se convierte en meteorito cuando ingresa a la atmósfera Terrestre.
En astronomía, se denomina galáctico al plano situado en medio de la región en la que se hallan la mayor parte de las estrellas de una galaxia con forma aplanada, como las galaxias espirales. Este plano pasa por el centro de la galaxia.
Según informa la revista TFOT, los científicos señalan que nuestro sistema solar atraviesa el plano galáctico de la Vía Láctea cada 35-40 millones de años. En anteriores ocasiones, el viaje del sistema solar a través del plano galáctico ha coincidido con extinciones masivas de la vida en la Tierra, como consecuencia del choque contra ésta de un meteorito de gran tamaño.
Extinciones pasadas
El modelo matemático creado por los investigadores demuestra que nuestro Sol "brinca" de arriba abajo a través del plano galáctico de la Vía Láctea y, a medida que va atravesando las partes más densas de dicho plano, las fuerzas gravitacionales empujan a los cometas fuera de sus trayectorias y los precipitan hacia el interior del sistema solar. Como consecuencia, las probabilidades de que un meteorito alcance la Tierra aumentan.
Los profesores Janaki Wickramasinghe y Bill Napier, de dicho centro, explican en la Monthly Notices of the Royal Astronomical Society que el modelo ha permitido calcular el flujo de cometas que se han adentrado en el sistema solar procedentes de la llamada Nube de Oort durante periodos anteriores.
Esta Nube de Oort es una nube de cometas que se cree que se encuentra en el límite del sistema solar, a una distancia aproximada de 100.000 UA (UA es una unidad astronómica que equivale a 149.597.870 kilómetros).
Estadísticamente, se calcula que en ella existen entre uno y cien billones de cometas, con una masa total tal vez superior a la de Júpiter. Aunque nunca ha sido observada directamente, se cree que la Nube de Oort estaría constituida por los "escombros" de nuestro sistema planetario, al que envolverían como una especie de globo.
Según Wickramasinghe y Napier, los episodios de "bombardeo" extra de cometas al sistema solar se producen a escalas de tiempo características de entre 25 y 35 millones de años, en especial en los periodos en que el sistema solar atraviesa el plano galáctico.

Peligro futuro

De hecho, las expectativas teóricas del modelo matemático coinciden en el tiempo con la edad de los cráteres por impacto de meteoritos aparecidos en la Tierra en los últimos 250 millones de años.
Hace años que la comunidad científica concluyó que, al menos, dos de las extinciones masivas de las formas de vida terrestre han tenido lugar durante un periodo de travesía del sistema solar a través del plano galáctico. El modelo de los investigadores de Cardiff respalda con nuevas evidencias esta teoría.
Según los astrónomos, el último encuentro del sistema solar con uno de los brazos luminosos de la Vía Láctea (brazos que contienen formaciones estelares) ocurrió hace 65 millones de años. Este encuentro dio como resultado la extinción de casi todos los dinosaurios y de casi el 60% de la vida vegetal de nuestro planeta.
El modelo matemático ha deducido, tanto de los registros de los cráteres por impacto y por la posición del Sol con respecto al plano galáctico, que en la actualidad atravesamos un periodo similar.
Por esta razón advierten de que deberían destinarse más medios y esfuerzos en la búsqueda de los denominados "Objetos próximos a la Tierra" (en inglés los "NEO" ), que son aquellos cometas o asteroides que, atrapados por la atracción del Sol o de los diversos planetas en órbita alrededor de éste, podrían acabar acercándose peligrosamente a nuestro planeta. Los cometas están mayoritariamente compuestos de hielo y polvo, mientras que los asteroides son rocosos.
Según Napier, habría que explorar a fondo el sistema solar a la búsqueda de fragmentos de cometas y también de cuerpos extremadamente oscuros (cometas inactivos) que no pueden detectarse con herramientas corrientes, sino que necesitarían ser rastreados con radiación infrarroja.

¿Más vida?

Todos estos aspectos negativos del viaje del sistema solar por las regiones más densas de la Vía Láctea tendrían un lado positivo, señalan los científicos: la posible expansión de la vida a lugares remotos del universo.
Es posible, señalan los astrónomos, que los periodos de colisiones de la Tierra con meteoritos permitieran a formas microbianas de vida (a microorganismos) abandonar la Tierra, arrastradas por el polvo y los fragmentos de piedra desprendidos en los impactos, para poblar lugares distantes del universo.
Esta idea está relacionada con la teoría de la Panspermia, que señala que la vida en nuestro planeta empezó de esta forma, al llegar en forma de microorganismo en un meteorito.
Aunque es una teoría polémica, es cierto que existen pruebas de bacterias capaces de sobrevivir largos períodos de tiempo en el espacio exterior. Chandra Wickramasinghe uno de los creadores de dicha teoría (junto al astrónomo Sir Fred Hoyle), declaró en en una entrevista realizada en 2003 que él y sus investigadores habían encontrado evidencias de la existencia de moléculas orgánicas en el polvo interestelar y también en el polvo cometario.
Aunque ya se ha aceptado que el polvo interestelar y cometario es orgánico en una proporción bastante alta, la pregunta que se hacía Wickramasinghe entonces era: ¿cómo es que las partículas formadas en el espacio tienen las mismas propiedades que las bacterias