viernes, 15 de mayo de 2009

De los Druidas y su doctrina


En primer lugar ¿de dónde provienen los druidas? Discípulos de los magos ¿venían de Persia? Algunos lo han pretendido. Iniciados a sus misterios por la vieja Isis ¿llegaron de Egipto? Otros lo han afirmado. Por fin ¿no fueron arrastrados hacia nuevas regiones por una oleada humana proveniente de la India, como consecuencia de unas fuertes tensiones internas? Esta es la opinión de la mayoría.

Ante la perplejidad de tener que elegir una de estas tres hipótesis ¿por qué no Intentar compaginar las tres? La ruta de la India a Germania y a Galia es larga: aunque debemos admitir que hubieron etapas entre el lugar de salida y el de llegada, entre el embarcadero y el desembarcadero, corno diríamos hoy en día.
Los druidas, así como los celtas, se fueron de la India por un trayecto indirecto y finalmente abordaron Europa tras diversas estancias y transbordos en Egipto o en Persia.

Admitido el hecho, reconozcámoslo en voz alta, los primeros llegados celtas sólo llevaron consigo, desde los bordes del Indo o del Ganges, unos sueños de naturalismo peligrosos, propagados fuera del templo por una cantidad de falsos doctores: en cambio, en ese templo mismo, o sea en las confidencias supremas de la iniciación, donde los druidas conocieron la verdad, la verdad verdadera respecto a la divinidad.
Su doctrina se apoyaba en esta triple base: un Dios único, la Inmortalidad del alma: la recompensa o el castigo en la otra vida.

Estas creencias saludables, tan antiguas como el mundo, fundamentos de la moral humana, fueron adoptadas por los sabios de todos los tiempos.

Más tarde, los griegos, por orgullosos que estuviesen de su filosofía platónica, no dudaron en declarar que sus fuentes eran las de los pueblos bárbaros, los celtas, los gálatas, o sea los druidas. Un padre de la Iglesia, Clemente de Alejandría, reconoce públicamente que estos mismos celtas seguían la línea recta de la religión, al menos respecto a los dogmas.

¿Qué nombre daban los druidas al Ser supremo? Pues lo nombraban Esus, o sea el Señor o le designaban por el simple apelativo de Teut (Dios). Fue por Teut que los pueblos germánicos llegaron a ser Teutones, los hijos, los adeptos de Teut: hoy en día, en la lengua alemana se les da el nombre de Teutsch o Teutschen.
Tres únicas máximas de gran laconismo componían la catequesis de los druidas: Sirve a Dios, Absténte del mal, Sé valiente.

A la vez guerreros y pontífices los druidas, en el ejercido de su sacerdocio militar, desplegaban toda la fuerza, todo el rigor y toda la autoridad que implica este acoplamiento de palabras.

Con todos los poderes en mano, hablaban en nombre de Dios: gobernadores de los ejércitos, guardianes del tesoro público, y ejerciendo las funciones de jueces incluso las de médicos, castigaban tanto la herejía como la insubordinación y ponían fin a los pleitos así como a las enfermedades, aunque era más a menudo por la muerte del enfermo que por la del acusado.

Según su legislación, liberal y filantrópica, a pesar de su rigor aparente, un tribunal compuesto de notables reconocía los crímenes graves: la Idea de un tribunal compuesto de notables hace suponer fácilmente la aceptación de unas circunstancias atenuantes por lo tanto, el culpable no tenía más remedio que pagar una multa fuerte si era rico o ser condenado al destierro, si era pobre.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos de los druidas, el antiguo culto a los árboles no pudo ser aniquilado por completo y tuvieron que tomar la decisión de adoptar uno excluyendo a todos los demás, que congregase en torno suyo los homenajes dispersos de las poblaciones. Este árbol oficial, especie de altar verde donde venía Dios para manifestarse a sus sacerdotes era un roble, un roble robusto y vigoroso, el rey de los bosques.

Hoy en día se reconoce y se honra al roble sagrado, es hacia él que los devotos van en procesión de noche con sus antorchas para depositar sus ofrendas.
Poco tiempo después esta costumbre iba a invadir toda la Céltica.

En torno a este roble los druidas establecieron unos recintos sagrados donde sus familias se asentaron pues estaban casados; pero sólo podían tener una mujer, a diferencia de los demás jefes, que solían practicar la poligamia.
Aun cuando se prefiriera al roble entre los demás árboles, este no fue adoptado de modo exclusivo en todas partes.

Sea por antagonismo religioso, sea simplemente por una cuestión de suelo, algunas provincias de Galia o de Italia preferían el haya o el olmo. Sobre todo en Galia se prefería el olmo, Incluso en la Francia cristiana se siguió plantando un olmo delante de cada nueva Iglesia que se edificaba para asegurarse la presencia de Dios; y hasta el final de la Edad Media, era debajo de un olmo que se rendía justicia. De ahí nuestro viejo proverbio, que no tenía entonces el sentido irónico que se le da ahora: Esperadme bajo el olmo", pues era así como se citaba a la gente a comparecer ante el juez.

El fresno tuvo también sus seguidores entre las poblaciones del extremo norte y fue en las ramas más altas de un fresno que vino a romperse aquella nube oscura que contenía al terrible Odín y su cortejo de dioses.

He aquí donde vuelve el culto a los árboles. Es un culto que persistió siempre en Alemania. Todavía existe, pero no es el roble, el olmo, el haya, ni el fresno que reciben los homenajes, sino el tilo.

El roble de los druidas, acabó por generar sentimientos casi fanáticos. Las procesiones y las ofrendas se multiplicaban en torno suyo; las muchachas lo adornaban con guirnaldas de flores entremezcladas de pulseras y collares: los guerreros colgaban en sus ramas los más preciados despojos conquistados en sus combates. Gracias a la ayuda de un viento tempestuoso, los demás árboles de los recintos parecían inclinarse humildemente ante él. No obstante tenía un enemigo, un enemigo personal, encarnizado. Implantándose sin pedir permiso sobre sus ramas sagradas, hasta su augusto tallo una pequeña planta abyecta, oscura, miserable, vivía a sus expensas, se alimentaba de su savia, absorbía su sustancia hasta el punto de amenazar su libre crecimiento con tanta insolencia que ocultaba bajo sus hojas opacas y turbias el brillante follaje del árbol fetiche.

Esta planta hostil e impía era el muérdago, el muérdago del roble (Guythil).
Para librarse de este huésped incómodo y nocivo, alguna gente menos hábil, menos precavida que los druidas se hubiera conformado simplemente con trepar hasta la copa del árbol y de un golpe de hoz le hubiera sacado su parásito. Pero esto hubiera sido una maniobra tan irrespetuosa como torpe. ¿Qué hubiera pensado el pueblo? Pues el pueblo hubiera dicho que el árbol divino, vuelto impotente no tenía suficiente fuerza para librarse de su parásito por sí solo.

Los druidas se mostraron más listos, Declarado planta oficial y sagrada, el muérdago quedó, de un modo muy especial, vinculado al culto.

Esto no se llevó a cabo de una forma solapada ni con una miserable hoz
de hierro, sino que se quitó del árbol a la vista de todo el mundo, en medio del regocijo general y de los cánticos, con una hoz de oro, y el Guythil cortado en su base fue recogido con sumo cuidado en unos velos de lino. Estos velos, santificados por el muérdago ya no podían tener un uso profano.

Los teutones del Rin sacaban de la planta una especie de sustancia viscosa que se consideraba un contraveneno infalible para combatir la esterilidad de las mujeres, infalible para combatir las enfermedades y conjurar los maleficios y también para coger a los pajaritos.

En Galia, se solía pulverizar y después de su disecación se llenaban con ello unas bolsitas muy monas que la gente se regalaba el día de año nuevo. De ahi la palabra aguinaldo y ese grito que siguió siendo tan popular durante mucho tiempo en nuestras provincias: "Muérdago para el año nuevo! (Aguilanneuf).

La ciencia moderna sólo pudo descubrir en el muérdago una sustancia purgante, así que era un purgante, y un purgante violento, lo que nuestros antepasados se intercambiaban en lugar de bombones, el día de año nuevo.

La entronización de esta planta parásita en el santuario no dejó de ser un beneficio para todos. El muérdago del roble sagrado llegó a tener un valor comercial, y los falsificadores (también los había en la época de los druidas) se cuidaron de recogerlos en otros robles. incluso los otros árboles en que se producían, como los manzanos, los perales, los olmos, los nogales los fresnos y los tilos o alerces. Pronto, tanto en las huertas como en los bosques, podíamos presumir de la superchería, sobre la cual los druidas cerraban los ojos. Pero aprendieron la lección.

Infinidad de reptiles peligrosos se habían multiplicado en los cantones del Rin y, sin duda, eran la causa de continuos accidentes para el que vivía al aire libre, y casi todo el mundo dormía el raso. En su época de letargo, estos reptiles se entrelazaban. quedando pegados entre si por una supuración viscosa y formaban una especie de pelota llamada huevos o más bien anillos de serpientes por los Celtas, y anguinum por los Romanos.

Como el muérdago, el anguinum entró en la farmacopea de los druidas: así mismo figuró en sus ceremonias religiosas y pronto fue tan escaso que se convirtió en un objeto de valor que sólo conseguían los ricos a precio de oro. Si al principio se dejaron arrastrar a estas prácticas supersticiosas, condenadas por su conciencia, luego los druidas supieron sacarles partido para el bienestar de todos.
Por desgracia, a la larga, los anillos de serpiente, el roble y su parásito ya no resultaron suficientes para los que querían innovaciones.

La vía de las concesiones, por más estrecha que sea la entrada, ha de ir siempre alargándose y ensanchándose.

El antiguo partido del culto a los árboles (aún era numeroso y sobre todo activo, como todos los antiguos partidos) se quejó de que se hubiesen suprimido los compañeros, los oráculos de la familia, a favor de un roble aun cuando ese roble privilegiado no gozaba tan sólo de la facultad de ponerles en comunicación con Esus, el Dios del cielo.

Estas exigencias no estaban desprovistas de lógica: y fue preciso satisfacerlas.
Los druidas se dividen en tres clases: los DRUIDAS propiamente dichos (Eubages, en Galia), filósofos y sabios, Incluso magos si era necesario (porque entonces la magia no era más que la forma más superficial de la ciencia), quienes estaban encargados de mantener los principios de la moral y de estudiar los secretos de la naturaleza: los ADIVINOS que al menor soplo de viento sabían interpretar el lenguaje del roble sagrado por el murmullo de las hojas, el susurro de las ramas, un crujido en el árbol, el retraso o la precocidad de su vegetación. Por fin, LOS BARDOS que eran los poetas dedicados al altar.

Mientras que los bardos cantaban alrededor del roble, los adivinos le hacían rendir oráculos. Estos oráculos se multiplicaron no sólo en Europa sino también en Asia menor donde una colonia celta, según Herodoto instituyó el oráculo de Dodona por derecho de conquista; la Grecia naciente veneraba así a un roble, aunque Estrabón asegura que era un haya; ni los árboles ni los colores pueden discutirse: pero Homero lo declaró roble, y para nosotros seguirá siendo un roble.
Este nuevo movimiento, inscrito al culto puritano de los druidas, no iba a acabar ahí.

Una vez acostumbrados a comunicarse con Teut mediante un árbol, los celtas se sorprendieron, al ver que pudiendo hablar los árboles, los seres vivos, en cambio, se quedaban mudos y desprovistos del don de la profecía. A algunos jefes, poniéndose en campaña, y terriblemente afectados en su devoción por no poder llevar el roble sagrado consigo, se les ocurrió consultar a los súbitos estremecimientos de un caballo, a sus relinchos en un momento de sorpresa o de terror, pues para que fuese un augurio, el movimiento del animal tenía que ser involuntario y espontáneo. Esta creencia iba estableciéndose de tal modo que cualquier hombre que se disponía a viajar o a guerrear, montaba su caballo con la convicción de que, en caso de necesidad, podía utilizarlo a lo largo del camino, sometiendo, por supuesto, los pronósticos a las sabias Interpretaciones del adivino.

El colegio de los druidas no tardó en alarmarse de aquellos oráculos viajeros que iban necesariamente a contradecirse entre si.De la misma manera que había antes instituido un solo árbol oficial, ahora afirmó que únicamente los caballos criados bajo su vigilancia, en los recintos sagrados, tenían el don especial de la verdadera profecía.

Estos caballos de pelaje blanco e Inmaculado, alimentados a expensas del tesoro público, no tenían que trabajar ni ser sometidos a ninguna de las trabas de la montura o de la rienda. Fieros e indomables, las crines al viento, vagaban en libertad por las arboledas. Gracias a sus movimientos más libres y, por consiguiente, más seguros desde el punto de vista de la pronosticación, esos caballos profetas, que casi formaban parte del clero druídico, gozaron durante mucho tiempo en todos los países celtas de una autoridad incontestable, la cual, sin embargo, se encontró un buen día contestada.

Otros seres animados les hicieron la competencia, y estos adversarios de los caballos ¿lo diré? fueron las mujeres. De repente las mujeres se encontraron dotadas en sumo grado del don de la segunda vista, de la inspiración, de la Intuición, de la divinidad.

Viéndose forzados por el público a pronunciarse, los druidas admiran en ellas (es Tácito quien nos lo dice) algo más instintivo, más divino que los hombres e Incluso que los caballos. Su organización, fácilmente impresionable, las predisponía al don de la profecía: "Es que, en efecto, las mujeres actúan más fácilmente por Instinto natural e irreflexivo que por prudencia y lógica."

Esta última e Incorrecta explicación no es de Tácito, ni mía, ¡Bien sabe Dios! que pertenece a Simón Pelletler, ya nombrada. Que cada uno responda de sus obras.
Los druidas hicieron para las mujeres lo que habían hecho para el muérdago y para los árboles. Sólo reconocieron como verdaderas profetizas a las que sentían, lo más cercana posible a ellos, la Influencia del roble sagrado, o sea sus esposas y sus hijas.

El sistema de la centralización de los poderes no es ninguna novedad.
Hubieron entonces druidesas, así como druidas. Los druidas tenían una escuela para jóvenes y el maestro enseñaba a sus discípulos el movimiento de los astros, la forma y la extensión de la tierra, los diversos productos de la naturaleza, la historia de los antepasados reproducida de modo poético por los bardos; les enseñaban de todo menos a leer ya escribir. La memoria bastaba. Por su lado, las druidesas abrieron unas escuelas para las chicas; les enseñaban canto, costura, prácticas del culto, conocimiento de las plantas medicinales, e incluso poesía, y les hacían aprender de memoria unos versos especialmente compuestos para ellas. Estos versos que nos imaginarnos de un lirismo dudoso las iniciaban en el arte de hacer el pan, de preparar la cerveza y otras menudencias de la cocina y del hogar.
Asimismo las druidesas ejercían la medicina. Esta triple prerrogativa de mujeres-doctoras-institutrices y profetizas acabó por realzarlas en el espíritu de la nación hasta el punto que los sacerdotes de Teut, obligados a abandonar sus santuarios, no temían confiarles su custodia. Ellas presidían incluso ciertas ceremonias por derecho propio.

Si una de ellas se destacaba por la frecuencia, la lucidez, la seguridad de sus inspiraciones, así como en su tiempo las célebres Aurinia, Velleda o Ganna que los emperadores romanos consultaban con plena confianza mediante sus embajadores, entonces el orgulloso colego de los druidas se inclinaba y se sometía a su autoridad. Durante esta dictadura femenina, árbitro de los destinos de la nación, ella decidía si habría paz o guerra y aceleraba o frenaba el movimiento de los ejércitos.



César explica que, habiendo preguntado a unos prisioneros germanos la razón por la cual Ariovisto, su jefe, no se había atrevido aún a presentar la batalla, éstos le respondieron que las druidesas, tras examinar los remolinos y los torbellinos del Rin, habían declarado que no se tema que iniciar el combate antes de la luna nueva.
Como se lo puede imaginar, el interrogador sacó provecho de la respuesta, y cuando salió la luna nueva, fue para ver a los germanos en absoluta derrota.

Pero el Rin a rendido todavía oráculos y no ha llegado el día en que Ganna, Velleda o Aurinia se dignaran acordar una audiencia a los embajadores de Roma.
Sólo quisimos trazar unas líneas para esbozar el desarrollo de esta nueva institución de las druidesas, de las que ya no se hablará mucho más hasta su declive.
No obstante, su naciente poder y crédito crecían día tras día. ¿Por fin estaban los teutones satisfechos?.., no. A pesar de la habilidad de sus adivinos y de sus druidesas encontraron que el roble sagrado, mediante los estremecimientos de sus hojas, o los caballos, por sus temblores y sus brincos desordenados, sus relinchos más o menos prolongados y estridentes no ofrecían signos reveladores bastante convincentes ni un espectáculo bastante conmovedor. Les pareció convenientes consultar a los animales, ya no en sus manifestaciones externas, sino en sus entrañas palpitantes, lo cual no dejaba de dar a las ceremonias religiosas un aspecto más serio, un cierto sabor a crimen, capaz, al menos de despenar el interés de un pueblo guerrero.

De nuevo los druidas cedieron, pero un poco desanimados. ¿Qué había sido de aquella gran religión filosófica para la cual bastaba la plegarla y la meditación y que habla creído, un poco a la ligera, es verdad, poder aclimatarse el medio ambiente de esos bárbaros?

Al pie del roble, hasta entonces de pura sangre, consintieron en sacrificar los animales perjudiciales, primero los lobos, los linces y los osos, luego vinieron los animales útiles que alimentan al hombre, las ovejas, las vacas, y luego, por fin, hasta su compañero de guerra, el caballo.Los caballos inmaculados rodeados hasta entonces de una consideración supersticiosa, no se salvaron.

Y a cada uno de los grados de esta escala sangrienta, siempre resistiendo y siempre desbordados, los druidas dejaban escapar una última concesión, con la esperanza de retener así por algún tiempo un poder que sentían a punto de escapárseles de las manos.

Exaltados por el éxito, los progresistas llegaron a preguntarse por qué la ofrenda más digna de hacer a Dios no sería la sangre de un hombre. ¿No era el hombre el más noble y el más perfecto de los seres creados? Quizá llevando aún más lejos el argumento, esperaban probar que entre los hombres, los más agradables a Dios, los más dignos de ser elegidos eran los propios druidas. Pero no se puede exigir demasiado al mismo tiempo. Esta suprema consecuencia de un mismo principio quedaba en paréntesis, por el momento, sólo exigían una víctima vulgar, la que llegase primero, con tal de que fuese un hombre.

No cabe duda que, ante esta abominable petición, ante este asesinato propuesto en nombre del cielo, los herederos, los descendientes de estos sabios pontífices que habían hecho tabla rasa de las primeras e inofensivas supersticiones de los antiguos celtas, escondiéndose, retrocediendo horrorizados, recobrando su antigua energía, iban a invocar a la vez el cielo y los infiernos, el roble sagrado, los adivinos, las druidesas, los caballos inmaculados, llamar a la nación entera y lanzar el anatema sobre las cabezas de los infames solicitantes: pero no sucedió así. Al contrario, se apresuraron a legitimar con su sagrado consentimiento este sacrificio salvaje. Incluso se podría llegar a pensar que ellos mismos hubieran inspirado esa horrible idea.

¡Sacerdotes hipócritas! ¡filósofos mentirosos! ¡tigres Disfrazados de pastores de pueblos!... Apaciguémonos. Obrando de este modo obedecían menos, tal vez, aun instinto de crueldad que a la política, y también a la filantropía, sí, a la filantropía: pero expliquémonos.

Entre los celtas de aquel entonces se valoraba poco la vida del hombre: se desperdiciaba en las batallas, se prodigaba en los duelos. En la época de sus grandes asambleas nacionales los galos tenían por costumbre, para obligar a los electores a la puntualidad, de matar al último llegado, y éste pagaba por todos los rezagados.

Por su lado, los teutones, no en sus asambleas electorales, sino en la guerra, eran unos vencedores despiadados y se entretenían matando a todos los prisioneros.
Estas masacres cesaron en cuanto los druidas tuvieron el monopolio de los sacrificios humanos.

Convertido en sanguinario, el buen Esus reclamaba los cautivos como víctimas expiatorias reservadas para su altar. ¡Pobre de aquel que se atrevía a ir en su detrimento! Para éste los recintos sagrados quedaban cerrados; declarado impío, sacrílego, dejaba de formar parte del grupo de ciudadanos e incluso era probable que sustituyese al muerto que por su culpa faltaba en el holocausto.

Siendo así, cuando se le entregaba los prisioneros sanos y salvos, el gran sacerdote escogía a los que tenían que ser degollados, contentándose alguna vez con uno solo. Se sacrificaba a menudo uno de los jefes enemigos, con su caballo de guerra, para realzar la pompa de la ceremonia y también para que la cantidad de sangre derramada disimulara la pequeña cantidad de víctimas.

Tras haber interrogado escrupulosamente los flancos entreabiertos del caballo y del caballero, el sacrificador, la barba y la ropa mancillada de sangre, alzaba hacia el cielo una mano enrojecida en la misma fuente, resumiendo crimen, respirando matanza, y declaraba que su dios había quedado satisfecho: su dios estaba cansado y se le reservaba el resto de los cautivos para otro día, que no llegaría...

Acababa de crearse un nuevo empleo, el de sacrificador. En Germania así como en Galia, por los dos lados del Rin, los druidas se lo reservaban para si mismos: en otros países célticos, entre los escandinavos, y los escitas ese triste empleo fue ejercido incluso por las mujeres: la Ifigenia de Tauride puede atestiguarlo.
Sea como sea esta sangrienta innovación, los prisioneros sacaron provecho de ella: pero los que se beneficiaron más fueron los druidas. Su poder, fuertemente quebrantado, sacudida tras sacudida, se fortaleció de repente. La oposición no tuvo en cuenta sus amonestaciones ni sus oraciones, y ahora se detuvo ante su cuchillo.
A partir de este instante empieza la SEGUNDA EPOCA DE LOS DRUIDAS. El cuchillo druídico desempeña un papel, durante un largo período que no nos conviene recorrer. César habla conquistado y apaciguado Gales: los sucesores de Augusto promulgaban decretos imperiales contra todos los druidas, sacrificadores de hombres, pero este mismo cuchillo seguía amenazando Germania.

martes, 12 de mayo de 2009

Angeles en las religiones


Un ángel es un ser etéreo presente en las creencias de muchas religiones cuyos deberes son asistir y servir a Dios. Según las tres principales religiones monoteístas, los ángeles actúan típicamente como mensajeros. Más específiamente, en el Cristianismo, el término ángel hace referencia a la categoría más superior de las nueve en que tradicionalmente se dividen los seres angélicos. La rama de la teología que se ocupa de los ángeles se denomina angelología.

Desde el punto de vista religioso, los ángeles son normalmente considerados como criaturas de gran pureza destinadas en muchos casos a la protección de los seres humanos. En este sentido, en el Cristianismo, se habla del ángel de la guarda o custodio, que sería aquel que Dios tiene señalado a cada persona para protegerla.[1] Por contraposición, también existe la figura del ángel caído, aquel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra Dios. El más conocido de ellos, en la tradición cristiana, es Lucifer.

Tradicionalmente, sobre todo en pintura, los ángeles han sido representados como seres alados (adaptado de la iconografía de eros), aunque pueden ser espíritus invisibles o incluso simplemente rayos de luz que todo lo observan, que pueden aparecer en la Tierra no sólo como seres humanos sino también como animales o incluso objetos. Posiblemente, para seres visionarios o en trance místico, las "alas" fueran el movimiento tenue o enérgico que visualizaban alrededor de sus apariciones y que, por una traslación a algo inteligible culturalmente, fue asimilado a "alas".

Ángeles en el Judaísmo


Aunque los israelitas eran un pueblo monoteísta, vivían rodeados de otros pueblos de tradición politeísta cuyas creencias sin duda ejercieron un fuerte influjo sobre los judíos. Resultó entonces muy útil convertir a cualquier ser “divino” en un servidor del único dios que adoraban, formando así una “corte celestial”, similar a la de los reyes de esa época. Posiblemente por influencia mesopotámica (los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia desde el año 597 a. C. hasta el 538 a. C.), se empezó a representar a estos ángeles con alas. El influjo de la religión mazdeísta, basada en los principios del mal y el bien como explicación de todas las cosas, también contribuyó sin duda a configurar los ángeles como parte “del bien”, mientras que las potencias malignas encajaron de modo natural como “ángeles malos” (o ángeles caídos) y por tanto servidores del mal.

Desde muy pronto, a los ángeles se les atribuyó el papel de intermediarios entre la divinidad y los seres humanos, posiblemente porque su aspecto de “hombres con alas” parecía apropiado para moverse tanto en el ámbito divino como en el humano. Así, ya para los persas un ángel fue el encargado de revelar “la verdad” a Zoroastro. Este modelo se va a repetir una y otra vez en el judaísmo (por ejemplo el ángel Gabriel con Abraham), el Cristianismo (ángel Gabriel con la Virgen María) y el islam (ángel Gabriel con Mahoma).

A lo largo de los siglos, los ángeles judíos van evolucionando, en un principio se los menciona como seres tan parecidos a varones humanos que podían ser confundidos con ellos, para ir luego paulatinamente tornándose más espirituales y cumpliendo funciones más especializadas (ángeles que solo sirven a la divinidad, ángeles mensajeros, ángeles que castigan, etc).


Ángeles en el Cristianismo




Jerarquía


De acuerdo a los teólogos cristianos de la Edad Media, los ángeles están organizados en varias órdenes, o coros, angelicales. La clasificación más influyente fue creada por un autor desconocido cuyas obras nos han llegado atribuidas a Dionisio Areopagita, por lo que es conocido como Pseudo-Dionisio Areopagita, y expuso su doctrina angelológica en su libro La Jerarquía Celeste. Según esta obra, los nueve coros angélicos, agrupados en tres grupos, son serafines, querubines y tronos (primer grupo); dominaciones, virtudes y potestades (segundo grupo) y principados, arcángeles y ángeles (tercer grupo).

Los serafines están en la cima de la jerarquía y rodean el trono de Dios; son de color rojo y su atributo es el fuego. Los querubines simbolizan la sabiduría divina y son de color azul y oro. Los tronos representan la justicia divina y llevan toga y bastón de mando. El segundo grupo es responsable de los elementos naturales y de los cuerpos celestes. Las dominaciones llevan corona y cetro. Las postestades ordenan las operaciones que los espíritus superiores ejecutan en los inferiores; también llevan corona y cetro. Las virtudes se refieren a la Pasión de Cristo y llevan a veces flores o símbolos de María. El tercer grupo establece la relación con la humanidad. Los principados protegen a las naciones, los arcángeles son mensajeros de Dios y los ángeles protegen a los seres humanos.

Iconografía

Las representaciones artísticas sobre ángeles en el cristianismo han sido extensas y variadas a lo largo de la historia, a diferencia de lo ocurrido en otras religiones. Generalmente se les ha representado casi siempre como niños, jóvenes varones, o seres asexuados de gran belleza. Los primero ángeles paleocristianos toman figura humana, sin alas. A partir de la Edad Media, aparecen con alas que se ha convertido en el elemento más característico de su iconografía, durante este periodo no eran representados de forma aislada, a excepción de algunas obras de la pintura flamenca, italiana y española en las que aparece San Miguel Arcángel como "Juez de las Almas". Es en el Renacimiento cuando los ángeles comienzan a ser pintados de forma individual, es entonces cuando aparecen los angelotes, influencia de los putti, que son niños desnudos con alas pequeñas. Todas estas prácticas se extienden durante el Barroco, donde también se populariza la cabeza, sin cuerpo, sostenida solo por las alas. La indumentaria de los ángeles suelen ser túnicas, en otros casos ropa litúrgica y en algunas ocasiones llevan vestimenta militar, incluida coraza.[2]

La escuela sevillana de pintura, en especial Zurbarán y sus discípulos, contribuyó también de forma importante a la iconografía de los ángeles. Cuando los conquistadores españoles impusieron la religión católica a los habitantes de América, éstos encontraron en los ángeles unos sustitutos ideales para sus antiguos dioses, por lo que su culto llegó a ser muy popular, surgiendo, ya durante el Barroco, los ángeles arcabuceros, representados como soldados de lujosas ropas holgadas.

El sexo de los ángeles

Aunque la tradición los suele representar como varones, los ángeles no tendrían sexo debido a que son espíritus puros, y éste ha sido discutido en múltiples Concilios.[3] Sin embargo, en algunos pasajes de la Biblia se declara su carácter masculino o femenino en el caso del libro de Zacarias en el capitulo 5:

En el Génesis (19:2), Lot dice a los dos ángeles que llegan a Sodoma “Mirad, señores; os ruego que vengáis a la casa de vuestro siervo, para pernoctar en ella y lavaros los pies. Cuando os levantéis por la mañana, seguiréis vuestro camino”. El texto original hebreo utiliza adonai, "señor".

En el Libro de los Jueces (13:6), un ángel anuncia el nacimiento de su hijo a la madre Sansón: “Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy temible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer su nombre”. El original hebreo utiliza el masculino 'iysh, "hombre, varón".

En los Hechos de los apóstoles (12:7) se produce la liberación de Pedro de su prisión: “Un ángel del Señor se presentó, y el calabozo se iluminó; y golpeando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto; y se cayeron las cadenas de sus manos”. El texto original griego utiliza aggelos, "mensajero", masculino.

En el Apocalipsis (15:6) se lee “y salieron del templo los siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino puro, brillante, y ceñidos los pechos con cinturones de oro”. El original griego también utiliza aggelos.

En Zacarias (5:9) se hace referencia a los angeles como mujeres, "Yo levanté los ojos y tuve una visión. Había dos mujeres que avanzaban. El viento soplaba en sus alas: ellas tenías dos alas como las de la cigüeña, y levantaron el recipiente entre la tierra y el cielo"

Los ángeles en la tradición cristiana parten de lo que se ha dicho sobre ellos en la religión judía; por tanto, son seres creados por Dios para su servicio, que actúan como enviados o mensajeros para los hombres.

La postura oficial de la Iglesia Católica se fija en los concilios de Roma del año 745 y de Aquisgrán del 789, los cuales rechazaron el uso de nombres de ángeles, salvo aquellos citados en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael. La Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia ortodoxa copta reverencian, no obstante, también a Uriel. Pero además existen muchas otras fuentes documentales y tradicionales que se refieren a otros ángeles, como Baraquiel, Alamiel, Letiel o Laeiel. En el Apocalipsis Nova de Amadeo de Portugal se mencionan a Uriel, Sealtiel, Jehudiel y Barachiel.

Ángeles en el Islam




Como religión emparentada estrechamente con el cristianismo y el judaísmo, en el Islam también existe la creencia en los ángeles, que en lengua árabe reciben el nombre de ملاك , malāk (plural ملائكة , malā'ika), de la misma raíz que el hebreo מלאך , malākh o malāj.

La creencia en los ángeles es central en el islam, empezando por el que, según la tradición, fue el jefe de los ángeles, Yibril o Yibrail (Gabriel), quien se dirigió a Mahoma en nombre de Dios para dictarle su revelación, el Corán. Además, es parte de su profesión de fé, por tanto un musulmán que negara la existencia de los ángeles sería apóstata.

El Islam concibe a los ángeles como seres creados de luz y dedicados totalmente al servicio de Dios, por cuyo mandato realizan determinadas tareas, como introducir el alma en el cuerpo de los neonatos, recoger el alma de los que mueren, registrar determinados hechos de la vida o servir de mensajeros divinos. Como ejemplo de esto último, además de la revelación hecha a Mahoma y a los profetas anteriores por Gabriel, está la anunciación a Maryam Bint Dawud (la virgen María).

Según el Islam, los ángeles, al contrario que los seres humanos, no comen ni procrean, no están dotados de libre albedrío y no pueden cometer pecados. Pueden adoptar apariencia humana y generalmente se les describe como seres extraordinariamente bellos que poseen varios pares de alas, aunque pictóricamente se les suele representar con un único par.

La figura del demonio en el Islam que tendría en su forma auténtica seiscientas alas, aparece asociada a la de los genios, seres creados de fuego y no de luz, por lo que no es considerado como un angel caído.

El Islam no establece entre los ángeles jerarquías complejas como las que crearon los teólogos cristianos medievales. Hay cuatro ángeles que se consideran principales, Yibril, Azra'il, Mika'il e Israfil, todos ellos mencionados en el Corán salvo Azra'il, y otros ángeles menores. Yibril o Yibra'il (Gabriel) es el jefe de todos los ángeles y es también el mensajero de Dios para todos los profetas. Es el instrumento de la revelación no solo del Corán sino también de los Evangelios, los Salmos y la Torá a sus destinatarios respectivos. Azra'il (Azrael) es el ángel de la muerte, encargado de que el alma humana abandone el cuerpo. La separación de alma y cuerpo puede hacerse de un modo más dulce o más violento dependiendo del comportamiento que haya tenido la persona en vida. Mika'il (Miguel) es el encargado de la lluvia y del trueno. Por último, Israfil (Rafael) es el encargado de dar la señal de la llegada del Día del Juicio, con la «trompeta de la verdad», y de sembrar las almas en sus cuerpos antes de nacer.

Entre los otros ángeles presentes en las creencias islámicas, podemos encontrar a Rakīb y Athīd, que registran las buenas y malas acciones realizadas por las personas a lo largo de la vida; Nakīr y Munkar, que interrogan a la persona que acaba de morir acerca de su fe; Radwān, el ángel responsable del Paraíso, así como Mālik lo es del Infierno; Hārūt y Mārūt, dos angeles de la magia; y Charrsk, conocido como ángel de luz y oscuridad a cuyo cargo están diecinueve ángeles que administran los castigos a los condenados al fuego. Otros ocho ángeles sostienen el trono de Dios.

Pelicula The Profecy

El angel Caido


Lucifer

En las religiones judía, cristiana e islámica, un ángel caído es un ángel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios.

Según las leyendas más conocidas, después de la Primera Guerra en el Cielo, muchos ángeles fueron expulsados, convirtiéndose así en ángeles caídos. El ángel caído más reconocido por la historia es Lucifer; aunque esta palabra nunca se usa para referirse a un ángel caído dentro de la Biblia.

Razones para su caída

Hay varias hipótesis y mitos en relación a la caída de los ángeles; la mayoría teniendo como tema principal el libre albedrío, lujuria o vanidad, o la falta de entendimiento de los actos de Dios. Según el islam; el único angel caido es Iblis o Sitán. Este habría desobedecido la orden de Dios para arrodillarse ante Adam (porque Adam fue creado de la humilde arcilla, mientrás él había sido creado del fuego). Dios le expulsa y éste promete a Dios revelar la verdadera cara del hombre (mediante la incursión en los pecados). Para esta labor Satan o Iblis se emplea de los Junun (sing. Jinn) que ya estaban en la tierra antes que el hombre y que algunos aceptan a Dios y otros lo rechazan. Otra hipótesis cita sobre la potestad que el mismo Dios le otorga a los angeles caidos, que es el alcanzar la divinidad absoluta (aunque esto es considerado como herejía en el cristianismo católico) y nombra a Lucifer como la figura mas relevante y representativa. A los ángeles caídos se les suele considerar demonios ya que fueron expulsados y estos crearon su propio hogar, que solemos conocer hoy como Infierno. El más poderoso de los primeros ángeles que traicionó a Dios fue Lucifer, al que los demás demonios o ángeles caídos consideraban su líder y amo supremo del infierno.

Consecuencias del libre albedrío

Estas hipótesis o mitos están relacionados al libre albedrío y a los problemas en los cuales se ven envueltos aquellos que lo poseen. Estas hipótesis o mitos, las cuales pueden presentar en sus relatos algunas variaciones que hace que puedan existir diferentes versiones de cada una; son las siguientes:

El aura de Dios

La hipótesis fue expuesta por Orígenes de Alejandría, uno de los distinguidos Padres de la Iglesia en sus comienzos. Orígenes creía que Dios había creado a todos los ángeles de una forma uniforme y con libertad. Sin embargo, al tener el poder del libre albedrío, algunos de estos ángeles comenzaron a alejarse de Dios. Orígenes sostenía que aquellos que se alejaban menos se mantuvieron en las regiones cercanas a Dios; mientras que aquellos que se alejaron cayeron a los aires más bajos, convirtiéndose así en lo que conocemos como Ángeles (la orden más baja en la jerarquía angelical). Aquellos que se alejaron aún más se convirtieron en humanos, y finalmente aquellos que se alejaron a una distancia aún mayor se convirtieron en los caídos de Dios, o demonios. Estos caídos son los que componen el infierno.

Orígenes explica de manera metafórica que, aunque estos ángeles cayeron y se convirtieron en humanos o demonios, la esperanza no debe perderse ya que los hombres se pueden convertir en ángeles, y los demonios pueden también recuperar su antigua apariencia angelical.

Lujuria

Esta otra hipótesis tiene como origen principal a una serie de libros no canónicos titulados Los Tres Libros de Enoc, una serie de libros encontrados en la pseudoepigrafía del Antiguo Testamento, y en un pasaje del libro del génesis. De acuerdo a este hipótesis, Dios le pidió a un grupo selecto de ángeles (los Grigori) que ayudaran a los Arcángeles a crear el Edén. Aquellos ángeles que descendieron a la tierra vieron a las hijas de los hombres y se encantaron con las mismas. Debido a esto, comenzaron a revelarle al hombre algunos de los secretos del cielo; como por ejemplo el movimiento de los cuerpos celestes (astrología), el arte de hacer armas, y el mejoramiento de la cara y el cuerpo con maquillaje y perfumes (vanidad). Algunos hasta se enamoraron y tomaron como esposas a mujeres terrenales, creando una serie de descendientes similares a gigantes, llamados Nephilim. Esto enojó a Dios de tal manera que maldijo a todos aquellos que lo habían traicionado, los desterró del cielo, y los convirtió en mortales o en demonios. Dios envió un gran diluvio para limpiar el desastre dejado en la tierra por los descendientes de estos ángeles. Algunos ángeles conocidos que cayeron por estas razones son Semyazza, Luzbel (Satanás), y Azazel.


LILLITH
La única referencia sobre el tema en la Biblia, en la cual se alude a este evento, es un verso del libro del Génesis en el Antiguo Testamento:

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Yahveh Dios: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llevaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad, fueron varones de renombre.
Génesis 6:1-4

Vanidad (Orgullo)

Este mito está relacionado a la rebelión de Lucifer en contra de Dios, muy conocida entre los cristianos. Lucifer fue el primer ángel y querubín en ser creado, y era además el más poderoso. Solo Dios lo superaba en inteligencia y poder. Irradiaba más luz que cualquier otro ángel, y su belleza era como ninguna antes vista en el cielo. Desafortunadamente, Lucifer se convirtió en un ser ambicioso, a tal nivel que un día decidió que iba a demostrarle a todos cuán grande era su poder. Para probar esto, iba a elevar su trono a la altura de Dios. Sin embargo, otros ángeles no aprobaron las intenciones de Lucifer, ya que no querían que un ser inferior tratara de ser igual a Dios y Su poder. Cuando Lucifer trató de llevar a cabo su plan reuniendo un ejército de ángeles rebeldes a Dios, fue derrotado y expulsado del cielo junto a quienes le siguieron en su rebelión.

Pecado

Esta historia indicaría que Dios creó a los ángeles con libre albedrío, pero observó que podían ser engañados. Dios pensó que su creación podía ceder demasiado fácilmente al pecado. Su solución fue el fortalecer a algunos de sus ángeles en una búsqueda del bien por un acto divino. Luego creó otro grupo de ángeles, pero esta vez no les dio Su Gracia y esperó a ver que pasaba. Como esperaba, el segundo grupo de ángeles cedió al pecado. Por esto comenzó una guerra en el cielo que culminó con una legión de ángeles puros siendo lanzados como pecadores.

Así, esta idea es unida comúnmente con la del Orgullo, estableciendo que Lucifer tenía un ejército de ángeles apoyándolo, causando así la Primera Guerra en el Cielo cuando los otros ángeles se opusieron a su plan.


MEFISTOFELES

lunes, 11 de mayo de 2009

La Iglesia de la Cienciología


Creencias y prácticas

Las doctrinas de la Cienciología fueron establecidas por Hubbard durante cerca de 33 años desde 1952 hasta su muerte en enero de 1986 y difundidas en forma de miles de conferencias, libros, ensayos y políticas. La mayoría de los principios básicos de la Cienciología se presentaron durante los primeros 15 años de su existencia, dedicando posteriormente Hubbard la mayor parte de su tiempo a los más esotéricos niveles superiores (o «Tecnología Avanzadas») del sistema de creencias cienciológico.

La Iglesia describe sus acciones como una mejora y ampliación de la factibilidad y uso de estos principios.Las creencias centrales de la Cienciología son que cada persona es un ser espiritual inmortal (llamado thetan) que posee una mente y un cuerpo, y que las personas son básicamente buenas. La vida que cada uno debería llevar es la de educación, conocimiento y mejora espiritual y ética continua, para poder así ser feliz y alcanzar la salvación definitiva, así como ser más efectivos en la creación de un mundo mejor.

La Cienciología afirma ofrecer metodologías específicas para ayudar a la persona a conseguir esto.Otro principio básico de la Cienciología es que hay tres componentes básicos interrelacionados (e intrínsecamente espirituales) que son el verdadero fundamento del «estado de vivir» (livingness) exitoso: afinidad, realidad (o acuerdo) y comunicación, que se equiparan al entendimiento. Hubbard llamó a esto «triángulo ARC». Los cienciólogos utilizan el ARC para mejorar sus vidas, basándose ante todo en la creencia de que elevar un aspecto del triángulo incrementa los otros dos.

En un intento de clarificar el concepto de mentes consciente, subconsciente e inconsciente, Hubbard escribió que la mente del hombre está estructurada en dos partes: la «mente analítica» y la «mente reactiva». Describió la mente analítica como la parte positiva, racional y calculadora, mientras la reactiva, de acuerdo con él, funciona sobre la base de estímulos y respuestas.
Los cienciólogos creen que la mente reactiva es la raíz de la angustia individual, así como el origen de la atrocidad de la humanidad y su incapacidad para crear sociedades duraderas, prósperas y saludablesLa metodología central de la Cienciología se denomina «auditación» (de la raíz latina aud-, «escuchar») y consiste en una comunicación personalizada con un «auditor» o ministro de la Iglesia.

El auditor ayuda a la persona a llegar a comprenderse a sí mismo y a desentrañar la parte reactiva de su mente, es decir, «cargas» emocionales, incidentes traumáticos específicos, sus propias transgresiones éticas y malas decisiones del pasado que tienden a encerrarle en una vida que no queda totalmente bajo su propio control.
La Iglesia sostiene que la finalidad de la Cienciología es un mundo sin guerra, crímenes ni locura, donde la gente buena y decente tenga la libertad de alcanzar sus metas.Conforme un individuo avanza en la jerarquía dentro de la organización, demostrando estar más comprometido con ella, se le van revelando detalles sobre las creencias de la cienciología. Los niveles de esta jerarquía se llaman niveles OT.

En los más avanzados de estos niveles les es revelado la existencia de Xenu. Xenu sería un emperador alienígena que dio inicio a una serie de eventos fantásticos que concluirían por explicar cómo los seres humanos son racimos de almas extraterrestres apiñadas dentro de cuerpos ajenos. Cada una de estas almas es llamada, en inglés, body thetans.

La Iglesia de la Cienciología

La Iglesia de la Cienciología se constituyó inicialmente en los Estados Unidos como una organización sin ánimo de lucro en 1953. Actualmente constituye el centro de una compleja red mundial de organizaciones dedicada a la promoción de las filosofías de L. Ron Hubbard en todos los ámbitos de la vida.

Esto incluye centros de tratamiento contra la drogadicción (Narconon), programas de rehabilitación de delincuentes (Criminon), actividades para reformar el campo de la salud mental (Comisión de Ciudadanos para los Derechos Humanos), proyectos para implantar métodos educativos factibles y efectivos en las escuelas (Applied Scholastics), una campaña para devolver los valores morales a la vida (The Way to Happiness), una organización para educar y ayudar a los negocios a triunfar (World Institute of Scientology Enterprises o WISE) y una cruzada dirigida a los líderes mundiales así como al público en general para poner en práctica el documento de la ONU de 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La Iglesia de la Cienciología ha sido y continúa siendo una organización muy controvertida.

Los distintos países han adoptado posiciones marcadamente diferentes hacia la Cienciología.

El gobierno de los Estados Unidos considera a la Cienciología una religión protegida bajo la Primera Enmienda de su constitución. Otros países, notablemente en Europa, ha considerado a la Cienciología una secta potencialmente peligrosa y han restringido significativamente sus actividades en diversas ocasiones. Por ejemplo, el gobierno alemán no la considera una religión sino una organización financiera.

La Cienciología también ha sido blanco de críticas de los defensores antisectas y ha provocado controversia por sus llamativas campañas contra la psiquiatría y la medicación psiquiátrica.Las numerosas batallas legales libradas por la Iglesia de la Cienciología desde su fundación le han dado la reputación de una de las organizaciones religiosas más litigantes en existencia.

El misterio 12

viernes, 8 de mayo de 2009

San Francisco de Asis y Santa Teresa de Jesus

Hermano Sol...Hermana Luna









Necronomicón


El Necronomicón es un grimorio ficticio (libro mágico), ideado en sus obras por el escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft, uno de los maestros de la literatura de terror y ciencia ficción.

La etimología de Necronomicón es más transparente de lo que suele creerse. Aunque la forma no está testimoniada en griego antiguo, se trata de una construcción analógica para adjetivos comunes como ἀστρονομικός (astronómico), o οἰκονομικός (económico). Estos adjetivos están formados por tres elementos: Un lexema (ἀστρο-, οἰκο-, νεκρο-) + el lexema νόμος ('ley, administración') + el sufijo -ικος, sin significado, que sirve para formar adjetivos. Así pues, astronómico significa etimológicamente "relativo a la ley u ordenación de los astros"; el neologismo necronómico sería "relativo a la ley (o las leyes) de los muertos".

Cuando estos adjetivos se ponen en neutro singular (ἀστρονομικόν) o plural (ἀστρονομικά), adquieren un valor genérico: en el ejemplo, "lo relativo a los astros", "las cosas relativas a la ordenación de los astros". La estructura de Astronómicon o Astronómica libro del poeta latino Marcus Manilius (s. I d. C.) a menudo se utilizaría para dar título a los libros.

Necronomicón, neutro singular, es por tanto "(el libro que contiene) lo relativo a la (s) ley (es) de los muertos".

En una carta de 1937 dirigida a Harry O. Fischer Lovecraft revela que el título del libro se le ocurrió durante un sueño.[1] Una vez despierto, hizo su propia interpretación de la etimología: a su juicio significaba «Imagen de la Ley de los Muertos», pues en el último elemento (-icon) quiso ver la palabra griega εἰκών (latín icon)

Descripción

Según H.P. Lovecraft, el arte oscuro de sus obras está vivo en un libro de saberes arcanos y magia ritual cuya sola lectura provoca la locura y la muerte. Pueden hallarse en él fórmulas olvidadas que permiten contactar con unas entidades sobrenaturales de un inmenso poder. También incluye una gran cantidad de rituales para despertar de su sueño eterno a los antiguos, quienes desean recuperar lo que alguna vez fue suyo.

I-42-Cuenta las grandezas de los Primigenios y sus legiones; y el esplendor de los Dioses.
II-19-Habla sobre lo acontecido en el año de la muerte y el temido Nyarlathotep.
III-36-Narra acerca de la magia, de sus rituales, y secretos.
IV-Aquí se describe lo escrito en el Libro del Destino, que anuncia lo que sucederá en la sagrada Orden.

Quizás la cita más famosa que se desprende del Necronomicón en la narrativa de Lovecraft sea:

«Que no está muerto lo que yace eternamente, y en los eones por venir aún la muerte puede morir».

El Necronomicón aparece en gran parte de los escritos de Lovecraft, que cita también otros libros de magia, como De vermis mysteriis (que se traduce del latín como "Sobre los misterios del gusano") y Le culte des goules (que en francés quiere decir "El culto de los gules"), atribuido al Conde D'Erlette (un guiño a August Derleth, miembro del "Círculo de Lovecraft"). Otros de los libros, reales o no, que aparecen en las ficciones de Lovecraft son: los fragmentos o manuscritos pnakóticos; Image du Monde, de Gauthier de Metz y "El gran dios Pan" de Arthur Machen.

Orígenes

En 1927, Lovecraft escribió una seudo historia del Necronomicón que fue publicada en 1938, tras su muerte, como Una historia del Necronomicón.[3]

Según esta obra, el libro fue escrito con el título de Kitah Al-Azif (en árabe: "el rumor de los insectos por la noche", rumor que en el folclore arábigo se atribuye a demonios como los djins y gules) alrededor del año 738 d.C. por el poeta árabe Abdul Al-Hazred (cuyo nombre original podría haber sido Abdala Zahr-ad-Din, o Siervo-de-Dios-Flor-de-la-Fe), de Saná (Yemen). Se dice que Alhazred murió a plena luz del día devorado por una bestia invisible delante de numerosos testigos, o que fue arrastrado por un remolino hacia el cielo.

Lovecraft abunda en datos para hacer verosímil la existencia del libro. Por ejemplo cita como uno de sus compiladores a Ibn Khallikan, erudito iraní o árabe que existió realmente.

También cuenta que hacia el año 950 fue traducido al griego por Theodorus Philetas y adoptó el título actual griego: Necronomicón. y que comenzó a tener una rápida difusión entre los filósofos y hombres de ciencia de la Baja Edad Media. Sin embargo, los horrendos sucesos producidos en torno al mismo hicieron que la Iglesia Católica lo condenara en el año 1050. En el año 1228 Olaus Wormius tradujo el libro al latín, en la que es la versión más famosa, pues (siempre según la ficción lovecraftiana) aún quedan algunos ejemplares de ella, mientras que los originales árabe y griego se han perdido (o al menos eso es lo que se cree).

Ficción verosímil
Ahora sobre "los libros terribles y prohibidos", me fuerzan decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el "Necronomicón", porque inventé estos nombres yo mismo. Roberto Bloch fue ideado por Ludvig Prinn y su De Vermis Mysteriis, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Roberto E. Howard es una respuesta a Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten.... en cuanto a libros escritos en serio sobre temas oscuros, ocultos, y supernaturales - en realidad no son muchos. Esto se debe a que es más divertido inventar trabajos míticos como el Necronomicon y el Libro de Eibon.

De hecho, el famoso árabe loco Abdul Alhazred no es más que un apodo que él mismo se puso en la infancia, inspirado en la reciente lectura de Las mil y una noches (Alhazred = all has read, el que lo ha leído todo).

Lovecraft logró hacer un excelente engaño al dar presuntos datos respecto al Necronomicón. Por ejemplo, señalaba que quedaban muy pocos ejemplares de tal libro "prohibido" y "peligroso". En el cuento "El horror de Dunwich" se ubican ejemplares en la Universidad de Buenos Aires, en la Biblioteca de Widener de Harvard, la Biblioteca Nacional de París, en el Museo Británico y en la inexistente Universidad de Miskatonic en la ciudad de Arkham (que aparece repetidamente en los cuentos de Lovecraft). Tanto es así que muchos creen efectivamente en la existencia de tal libro y se han dado casos de sujetos estafados al comprar los supuestos "originales" del Necronomicón.

Sin lugar a dudas, este libro tiene la fama de dar pie a las más grandes confusiones. Se pueden encontrar páginas en internet que pretenden desvelar sus misterios y hasta lugares donde se ofrece a la venta. Es frecuente que se cometan estafas, ofreciendo "ejemplares del Necronomicón" réplicas de grimorios medievales.

August Derleth cuenta en su artículo "The Making of a Hoax" cómo en la publicación "Antiquarian Bookman" aparece un anuncio, en 1962, que dice:

Alhazred, Abdul. Necronomicón, España 1647. Encuadernado en piel algo arañada descolorida, por lo demás buen estado. Numerosísimos grabaditos madera signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello en guardas indica procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor.

En el mismo artículo se cuenta que una vez un estudiante gastó la broma de incluir su ficha en el registro de la Biblioteca General de la Universidad de California, en la sección BL 430, dedicada a las religiones primitivas.[4] Así el Necronomicón fue pedido insistentemente (incluso por profesores). Se dice que Jorge Luis Borges creó una ficha sobre el mismo en la Biblioteca Nacional de Argentina, así como que en el catálogo de la Biblioteca de Santander (España) aparecía también una versión latina del libro.

Numerosos escritores y artistas han intentado hacer realidad esta ficción, con lo que se han publicado muchos libros con este título. Normalmente se procura mantener el misterio y en el mismo libro no se incluyen aclaraciones explicando que es falso. Algunos de estos necronomicones son simples listados de los primigenios más conocidos, junto a símbolos y oraciones sin significado imitando burdamente el estilo de Lovecraft, pero existen también algunos muy cuidados, valiosos y dignos de colección. Por problemas de derechos de autor, algunos de ellos no contienen las frases que Lovecraft inventó como citas del Necronomicón en sus relatos.

El extraordinario dibujante H. R. Giger publicó una recopilación de sus dibujos bajo el título Giger's Necronomicon, en dos volúmenes, en una edición muy cuidada pensada para coleccionistas (encuadernados en piel negra, 666 ejemplares, con un holograma escondido). La editorial española La factoría de ideas ha publicado también con este título un libro de relatos escritos por seguidores de Lovecraft. Cabe destacar el necronomicón de Donald Tyson (publicado en 2004 por Edaf), escrito como la biografía en primera persona de Abdul Alhazred, siguiendo el estilo literario de los escritores árabes, y que recoge y explica todos los mitos y ciudades que aparecen en los relatos de Lovecraft, incluyendo la explicación del origen del mundo con el estilo trágico de Lovecraft.

Referencias cinematográficas

La Novena Puerta: en la película La Novena Puerta, de Roman Polanski y protagonizada por Johnny Depp, el libro que en la película aparece "De Umbrarum Regni Novem Portis" está supuestamente inspirado en el Necronomicón, y también se afirma que el Demonio es el autor del Necronomicón. La película esta basada en la novela del escritor español, Arturo Pérez-Reverte, titulada "El club Dumas".

The Evil Dead una cinta de terror (humor negro), dirigida por Sam Raimi y protagonizada por el actor Bruce Campbell. La trama se desarrolla con unos jóvenes que encuentran un extraño libro, que resulta ser el "Libro de los Muertos" y que está encuadernado en piel humana, escrito con sangre y sus páginas contienen fórmulas y rituales para devolver a la vida una serie de entidades malignas. En las secuelas de la película: Terroríficamente Muertos y El Ejército de las Tinieblas sigue teniendo gran relevancia el Necronomicón.

Necronomicón: La película consta de varias historias cortas inspiradas en el universo de Lovecraft, donde los relatos son leídos del propio libro.