sábado, 31 de julio de 2010

El Eter



El éter
La noción del éter fué apoyada por Descartes (nació en 1596), para explicar la transmisión de la fuerza especialmente entre objetos no contiguos, dado que todo está inmerso en él. Descartes buscaba explicar todo fenómeno físico por medio de modelos mecánicos que se describen por ecuaciones matemáticos y el éter servía perfectamente para este propósito.

Robert Hooke (1635-1703) atribuye la emisión de la luz a un movimiento vibratorio muy veloz y de muy pequeña amplitud y su propagación se explicaba con la vibraciones dle éter. Newton rechazó estas ideas.

John Bernouilli (1710-1790) supone que existen remolinos de éter que se expanden y presionan a remolinos vecinos y la luz se propagaría por intermedio de los remolinos.

Maxwell había predicho la existencia de ondas electromagnéticas y efectivamente Hertz las descubrió experimentalmente, ya que las ondas conocidas necesitan de un medio material para propagarse, por ejemplo el sonido en el aire, agua o en metales, cuyas moléculas o átomos vibran; el medio que permite que las ondas electromagnéticas se propaguen sería el éter el cual es invisible, sin peso, presente en todo el espacio . Ya que las ondas transversales existen tan solo en los sólidos, el éter tendría que ser sólido, pero si lo llena todo cómo no se encuentra resistencia? Mendeleyev (Dimitri), le dió un número atómico cero y lo colocó en su tabla periódica.

Young y Fresnel atribuyeron al éter la propiedad de comportarse como un sólido elástico para poder explicar la propagación de las ondas transversales que oscilan a grandes frecuencias, (a semejanza con los sólidos, las oscilaciones de los átomos son de gran frecuencia debido a la velocidad de propagación de la onda) pero entonces la objeción inmediata fué , cómo es que los astros que se desplazan a través del éter no encuentran resistencia? Stokes le atribuye las propiedades de un sólido elástico que puede oscilar tan rápidamente como la luz, a la vez que se comporta como un fluído (cuya viscosidad serí,muy cercana a cero) que permite el paso muy lento de los astros. Lo cual también conlleva a nuevas dificultades, pues para explicar la transmisión de la luz de las estrellas, el éter debería llenarlo todo, y el éter debería interactuar con la materia ya que la velocidad de las ondas de éter, la luz, se ve afectada por ella a través del índice de refracción.

Fresnel supuso que cuando un cuerpo se encuentra en movimiento, parte del éter viaja con el cuerpo y parte permanece estacionario.

Durante la segunda mitad del siglo XIX fueron innumerables las discusiones y tratados sobre el éter lumnífero. Los grandes científicos de la época incorporaron al éter en sus teorías y discutían sus propiedades.

¿EXISTE EL ÉTER?
LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD, ¿EN JUEGO?
Si se confirma que en el espacio existe una sustancia de características similares a las que se atribuyen al éter, la Teoría de la Relatividad de Einstein podría estar en juego. No es una hipótesis fantasiosa: algunos científicos actuales, como James de Meo, están convencidos de que vivimos rodeados por una sutil fuerza energética.

EL EXPERIMENTO DE MICHELSON- MORLEY: UN DILEMA SIN RESOLVER

A finales del siglo XIX los científicos creían que, al igual que el sonido, la luz necesitaba un medio para propagarse y que este medio era el éter. Sin embargo, este supuesto se vino abajo tras el experimento realizado en 1887 por los físicos Albert Michelson y Edward Morley. Dicho experimento se convirtió además en el más famoso en la historia de la física, porque permitió confirmar la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. El experimento de Michelson-Morley tenía como objetivo medir la velocidad relativa a la que se mueve la Tierra con respecto al éter. Si el éter era real, nuestro planeta tendría que moverse por él como lo hace un avión por el aire, produciendo un “viento” de éter claramente detectable. Para comprobarlo, Michelson y Morley compararon la velocidad de dos haces de luz a lo largo de dos trayectorias diferentes. Cuando hicieron su experimento con un interferómetro creían que el “viento” del éter afectaría más intensamente a un haz de luz que se trasladara en paralelo al movimiento de la Tierra que a un haz que lo hiciera en ángulo recto. Sin embargo, el interferómetro se comportó como si no hubiese “viento” de éter, es decir, en vez de registrar las presuntas propiedades del éter no mostró alteración alguna en la velocidad de la luz. El resultado de este experimento se convirtió en una fuente de conflictos: al margen de la forma que tuvieran, las ondas lumínicas no podían comportarse según las leyes de la mecánica en un medio físico. Y, si no era así, ¿cómo podía decirse siquiera que fueran ondas? Había dos soluciones al problema: o el éter existía y el experimento no había logrado detectarlo o el éter no existía y la luz no era una onda. El dilema no se ha resuelto. Los científicos siguen debatiendo todavía diferentes hipótesis sobre el éter y sobre las propiedades de la luz.

EL "VIENTO DEL CIELO"... Y EL QUINTO ELEMENTO

El término éter deriva de la palabra griega aether, que significa “viento superior” o “viento puro y fresco”. Aether era el antiguo dios griego del cielo superior y la personificación del espacio y el Paraíso. En su cosmogonía, Hesíodo indicaba que “en el origen de las cosas era y estaba Cronos [el Tiempo]. De él salieron Éter y Caos, cuya unión hizo aparecer el huevo cósmico, huevo de plata, enorme...”. Asimismo, en la filosofía griega, el quinto elemento se llamaba “éter”. Dice Plutarco: “Al quinto elemento lo llaman algunos cielo, algunos luz, otros éter”. Para los filósofos de la antigüedad el éter era algo espiritual-material de orden superior, de materialidad distinta a la física. Una sustancia capaz de llenar cada punto del espacio y un medio de transmisión necesario, ya que de él dependían, por ejemplo, la velocidad de propagación de la luz y del sonido. El éter se consideraba, en definitiva, el marco de referencia global para todo el Universo y, por tanto, cualquier consecuencia física de esas velocidades se consideraba absoluta, es decir, con efectos reales. Sin embargo, debido a los resultados del experimento de Michelson-Morley, los científicos contemporáneos consideraron superadas las antiguas teorías, descartaron la existencia del éter y le encontraron un sustituto en la materia oscura, responsable –por el momento– de la conducta de las galaxias.

¿AETHER O ETHER?: DOS TÉRMINOS PARA EL MISMO ELEMENTO

E l medio hipotético a través del cual los antiguos filósofos y físicos creían que se propagaba la luz ha sido deletreado de dos formas: ether y aether. Esta última la modalidad fue empleada extensamente por los filósofos y los ocultistas medievales en sus escritos. En el período comprendido entre 1850 y 1920, cuando la cuestión del éter se puso de moda entre físicos como sir Oliver Lodge, Michael Faraday, Nicola Tesla, Albert Michelson y Edward Morley, el término se deletreaba ether. Sin embargo, en la década de 1950 reapareció de nuevo la denominación medieval aether, probablemente como un intento de relegar el éter del espacio al reino de la especulación absurda y de la historia antigua.

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