lunes, 13 de septiembre de 2010

Nuevos escenarios para el cristianismo en China


Pekín espera que las religiones tengan un papel estabilizador, aumentando la paz y la armonía de la sociedad

El gigante chino está de moda. En agosto de 2008 tuvieron lugar en Pekín unas Olimpiadas que sorprendieron al mundo. En 2010 está teniendo lugar la Exposición Universal. Y China está celebrando con múltiples actos los 400 años del fallecimiento en Pekín del jesuita Matteo Ricci (1552-1610), el primer europeo enterrado en el cementerio del Emperador. Con 9.5 millones de kilómetros cuadrados (el cuarto país más grande del mundo) y 1.300 millones de habitantes (la cuarta parte de la población mundial), la República Popular China nos sorprende cada día. El rápido crecimiento económico dentro de un régimen autoritario ha convertido a China en una de las potencias industriales y comerciales del mundo. Las relaciones entre China y el cristianismo han sido históricamente difíciles. Pero los analistas perciben nuevos signos esperanzadores. El gobierno chino espera que las religiones tengan un papel estabilizador, aumentando la paz y la armonía de la sociedad.

Durante el año 2010, China ha ocupado con frecuencia portadas en los periódicos y los medios de comunicación de todo el mundo. Un muchas ocasiones, han sido las catástrofes naturales las protagonistas de las noticias: terremotos, huracanes, inundaciones, incendios forestales… Pero en otras ocasiones, las noticias han sorprendido a occidente. Si en agosto de 2008, China se abrió al mundo y mostró su poder organizativo y económico en las Olimpiadas de Pekín, en 2010 nos ha vuelto a asombrar con la Exposición Universal. En ambientes vaticanos ha sorprendido con los reiterados homenajes al padre Matteo Ricci (1552-1610) con ocasión de los 400 años de su fallecimiento, Y hace cinco años, en 2005 nos volvió a seducir con los homenajes al padre Pierre Teilhard de Chardin, con ocasión de los 50 años de su fallecimiento y al que los chinos consideran como uno de sus grandes científicos.

Esto justifica el interés de occidente y de las religiones por el gigante chino. Por eso, la Revista Internacional de Teología, Concilium, dedicó un número monográfico (el 325 de 2008) a China y el Cristianismo. Fue coordinado por Felix Wilfred (Presidente del Departamento de Estudios Cristianos de la Universidad Pública de Madrás, en la India), Edmond Tang (Profesor de Teología en la Universidad de Birminham y director de la Research Unit on East Asian Christianity) y Georg Evers (Doctor en Teología y consultor para asuntos asiáticos en el Instituto de Misionología de Aquisgrán).

Un nuevo escenario chino

China acapara hoy el interés de todos los países del mundo. Incorporada a la vorágine del consumo, sus 1.300 millones de habitantes (el país más poblado del planeta) son el objetivo de las grandes corporaciones. Todos quieren negociar con China y ofrecer sus mercancías a un país ávido de consumir y de asimilarse a las pautas de culturales de occidente. ¿Qué puede pasar con China? ¿Resistirá el sistema político al tsunami del tener y del liberalismo económico? Con frecuencia, los medios de comunicación se centran en los problemas de China con los derechos humanos. Consumir productos y reprimir las libertades no ha sido siempre buenos compañeros de camino.

La libertad religiosa es uno de los derechos humanos fundamentales en los que la sociedad china se ha visto frecuentemente limitada por las medidas restrictivas que inicialmente impusieron los emperadores chinos y que posteriormente se mantuvieron por los regímenes políticos posteriores.

En la ambigua situación actual, el gobierno chino espera que las religiones ejerzan un papel estabilizador, cooperando a la paz y a la armonía en la sociedad. En el pasado fueron las filosofías budistas y confucianas las que ofrecían las orientaciones para una “vida ortodoxa”, un papel que actualmente ha sido ejercido por el partido comunista chino (PCC), que es quien impone –a veces a la fuerza- las reglas y controla las religiones, supuestamente para preservar la armonía en la sociedad.

Renacimiento de las religiones en China

El doctor Jilin Xu, profesor de Historia Moderna de China y director del Instituto de Ideología y Cultura China Moderna en la Universidad de Shangai, parte del momento en que finaliza la Tercera Asamblea Plenaria del undécimo Comité central del Partido Comunista Chino en 1978. En ella, la política de reforma y apertura de Deng Xiaoping reemplazó a los ideales originales de Marx y Lenin propugnados por Mao Tse-tung.

En estos treinta años, China se ha transformado económicamente y se ha secularizado. Pero paralelamente, en China se ha dado un renacer de las religiones con un espíritu muy chino. Aunque China se enfrenta a una seria pérdida de valores básicos, la mayor parte de los chinos no buscan una solución en las religiones sino en las humanidades. Aunque la antigua China dio origen al budismo y al taoísmo, éstos no fueron la fuente de sus principales valores sociales. El confucianismo, grandemente secularizado y humanístico, ha sido históricamente el foco principal de los valores sociales y centro de la ética.

En China, “la integración interna entre religiones y humanidades, puede ser el punto decisivo de las serias preguntas que se plantean a propósito de si las religiones importadas pueden o no llegar a contextualizarse en China. A diferencia de Europa, China no ha sido nunca monoteísta. No existe una frontera clara entre lo sagrado y lo secular. Los chinos son tolerantes y pragmáticos con respecto a las religiones”. En opinión del experto, el cristianismo europeo tendrá éxito si tiene rapidez para inculturarse en la población. Tal vez fue la gran intuición de los misioneros del siglo XVI.

El cristianismo en China

Existen documentos de que el cristianismo ha estado presente en China desde el siglo VII. Tras un largo período de prohibiciones, el cristianismo reaparece en el siglo XVI por obra de los misioneros occidentales. Misioneros de la talla de Matteo Ricci (1552-1610), Ruggieri y Valignano, llevaron a cabo importantes obras de extensión del evangelio. La inculturación de la Buena Noticia fue determinante en esta tarea. Pero la relación entre China y el cristianismo ha sido frecuentemente difícil.

Ha habido épocas en las que China ha mirado positivamente al cristianismo y lo ha apreciado; pero también, al mismo tiempo, en otras épocas ha sido objeto de constricción y persecución, dependiendo de la cambiante situación política y cultural de la nación.

La contribución de los intelectuales cristianos europeos en las áreas de las matemáticas, la astronomía y las ciencias de la naturaleza fue acogida inicialmente con un gran interés y curiosidad por parte de los eruditos chinos y la corte imperial. Sin embargo, la actitud negativa que las autoridades eclesiásticas de Roma mostraron hacia los métodos introducidos por los misioneros, sobre todo por los jesuitas, frenó esta labor.

Ya en el siglo XIX, lo que emborronó el verdadero mensaje que el cristianismo podría haber aportado a China fue la estrecha vinculación que se dio entre los misioneros cristianos y las potencias coloniales e imperialistas de occidente.

Tras la creación de la República Popular China en 1949, el gobierno comunista veía a los cristianos chinos con sospecha, puesto que la mayoría había optado por el gobierno kuomingtang de Chiang Kai-shek. A partir de este año, China experimentó una enorme transformación con la introducción del socialismo peculiar bajo la férrea mano de Mao Tse-tung. La relación con el cristianismo no pudo sino verse afectada por la convulsión que la sociedad china sufrió hasta principio de los años 90 del siglo XX.

Desde la expulsión de los misioneros y el cierre de las iglesias, así como la supresión de toda actividad eclesial en el período inicial del experimento socialista chino, se han ido produciendo importantes cambios tanto con respecto al cristianismo como con respecto a las religiones en general.

Tras el torbellino de la Revolución Cultural (1966-1976) llegaron las reformas políticas de Deng Xiaoping que abrieron un nuevo capítulo en las relaciones entre China y el cristianismo. Dentro del contexto del proyecto de las “cuatro modernizaciones” de Deng, hay que entender el interés suscitado en China por el cristianismo como medio potencial de modernidad. En esta perspectiva, la Academia China de Ciencias Sociales, junto con la Amity Foundation organizaron en octubre de 1994, en Pekín, una conferencia con el título “Cristianismo y modernización”. En ella se exploró las capacidades del cristianismo para incorporarse al proceso e impulsar el acercamiento de China a occidente. Esta conferencia marcó una nueva etapa en el proceso de valorar el papel de las religiones en general y del cristianismo en particular en el progreso de China hacia la construcción de una sociedad nueva y armónica.

Nuevas oportunidades para el cristianismo

Las nuevas aperturas políticas y económicas de China han dado lugar a nuevas oportunidades para las religiones, el cristianismo en general y para la Iglesia católica en particular, aunque las relaciones con el Estado comunista chino siguen siendo complejas y problemáticas. El ejemplo más obvio lo encontramos en las relaciones entre el Estado chino y el Vaticano. Los dos obstáculos son el nombramiento de los obispos por el Papa y las relaciones diplomáticas que existen entre el Vaticano y Taiwán, aunque este último punto ha cambiado en estos últimos años.

En este número de Concilium, el profesor Edmond Tang, ya citado, presenta un profundo análisis sobre “El cambiante paisaje del cristianismo chino”. Para este estudioso, el paisaje del cristianismo en China es un cuadro fascinante que tiene pocos precedentes en la historia. Para hacer justicia a esta nueva configuración de “cristianismos”, los viejos estereotipos deben dar paso a nuevos paradigmas. La situación es infinitamente más compleja. No existe la menor duda de que la adhesión a los viejos estereotipos ha conducido a una política de deformaciones en las iglesias. La deformación de nuestra idea sobre la verdadera naturaleza del cristianismo chino y, por tanto, la deformación de nuestras asociaciones y modelos de cooperación. Muchos de nosotros creemos que podemos aprender de la experiencia china y para lograrlo necesitamos nuevos modos de aprendizaje y, tal vez, un nuevo par de gafas pentecostales. Discernir los signos de los tiempos que están trasparentándose hoy en ese inmenso país.

El encuentro de China con el cristianismo ha suscitado muchas cuestiones y problemas teológicos. Tanto en el pasado como en nuestros días se ha producido un notable compromiso teológico, que puede observarse en la proliferación actual de la literatura cristiana y en el creciente movimiento de los “cristianos culturales” en la China contemporánea.

En lo que se refiere a los cristianos de iglesias protestantes, los tres principios de autonomía en su gobierno, sostenimiento y propagación, han resultado de enorme importancia para el desarrollo de un cristianismo autóctono y auténticamente chino. La importante cuestión que plantea, con inevitables consecuencias prácticas, es la diferencia en la comprensión de la Iglesia local, la libertad religiosa, etc.

La relación de China con el cristianismo también requiere verse en un contexto pluri-religioso, es decir, debe tener en cuenta los cambios y las transformaciones que están produciéndose en otras tradiciones religiosas presentes en el país.

El profesor Georg Evers (uno de los coordinadores del volumen) escribe sobre “El cristianismo en China: ¿un caso de oportunidades perdidas?” En un extenso recorrido histórico que parte de los nestorianos, Evers concluye que “el aislamiento forzado de los centros misioneros extranjeros y la persecución durante la Revolución Cultural han conducido a la aparición de un verdadero cristianismo chino que está convirtiéndose en un factor religioso y cultural en el horizonte de muchas personas que buscan una orientación en la China moderna para hacer frente a los desafíos de la globalización y de la modernización”.

Según escriben los coordinadores de este número de Concilium, “abordamos algunos aspectos del encuentro entre China y el cristianismo, tanto del pasado como también del presente. Muestra la conexión que existe entre la crisis espiritual de un pueblo que vive en una sociedad que está experimentando en nuestros días un vertiginoso cambio y el renacimiento de las religiones. Todas las tradiciones religiosas de China están experimentando un período de resurgimiento y de incremento en el número de sus fieles. Como prueba, presentamos el crecimiento del cristianismo protestante en la China rural.

Entre los investigadores de las religiones y del cristianismo podemos también observar un avance en su valoración del cristianismo. Y éste, en general, desde una posición inicial apologética ha ido pasando a una posición más receptiva a los valores chinos. En la Iglesia católica de China se da la acuciante necesidad de formar a los nuevos sacerdotes, un desafío que requiere una nueva espiritualidad centrada en el servicio y la solidaridad.



China y la Iglesia Patriótica

Las relaciones entre el Vaticano y el gobierno chino se ven empañadas por la llamada “Iglesia patriótica china”. Será necesario hacer una breve historia que se adapta de la web de ATRIO.(1).

El P. Matteo Ricci, jesuita, intentó una adaptación de la liturgia a la cultura china, ya en el siglo XVI. Fue chino entre los chinos. Pero el Vaticano estaba, (y está) muy lejos de aceptar innovaciones, aun las más cercanas. Como hombre culto, fue admirado y aceptado por el Emperador, a quien hizo ver ya entonces que China no es el centro del mundo. Sólo así pudo hablar del Evangelio. Su figura es siempre respetada. En 1983 se editó un sello conmemorativo del IV centenario de su llegada a China.

En 1633 Urbano VIII puso fin a la presencia de los jesuitas en China. En 1705 Clemente XI lanzó la bula de excomunión contra los ritos chinos. En 1742 con la firma de la condena definitiva por Benedicto XIV, China reaccionó expulsando a todos los misioneros y persiguiendo a los cristianos. Con la guerra del opio, a finales del XIX, los misioneros son vistos como agentes extranjeros.

El historiador Cheng Kua-ying afirma: “la propagación de la fe cristiana mediante los misioneros era el principio de la barbarie para la China civilizada”. En 1922 el Delegado Apostólico convocó el primer concilio chino, para desvincularse de las potencias coloniales. En 1926 Pio XI ordena a los 6 primeros obispos chinos. Pîo XII lanzó la excomunión denunciando el cisma.

En este contexto, el año 1949, después de la “Larga Marcha”, entra Mao en Pekín, enfrentado a Chiang Kai-chek, que se refugia en la isla de Taiwan. Se rompen las relaciones diplomáticas, y el Nuncio de la S. Sede es expulsado del país. Los seminaristas huyen de momento a Roma para poder continuar los estudios. Mao logra, mediante la radio, unificar, sistematizar, toda China.

China encontró la manera de anular al Vaticano, creando en 1957 la iglesia católica patriótica china, que se desentiende expresamente de Roma. La iglesia católica fiel al Papa pasa a la clandestinidad. Los católicos son normalmente perseguidos. China cierra fronteras hasta los 80. Los huidos de China no podían ni siquiera escribir cartas directamente a sus familiares.

“En este ambiente, todavía totalitario, la fe cristiana tiene un potencial crítico de la sociedad que representa una amenaza permanente; por ello la Iglesia se encuentra estrictamente vigilada y, muy a menudo, se ve obligada a aceptar compromisos”. (Dice Alexander M. Schweitzer, Secretario de la Fderación Bíblica Católica).

El Gobierno chino nombra obispos, sin reconocimiento del Vaticano, que automáticamente quedan excolmugados. “El papa Juan Pablo II canonizó, justo el 1 de Octubre de 2000, aniversario de la entrada de Mao en Pakín, (ojo al dato) a 120 mártires (87 chinos y 33 misioneros), asesinados en China entre 1648 y 1930, la mayoría durante la revolución de los boxers y ¿qué dijo el Gobierno chino? “Que la mayoría eran agentes del imperialismo occidental y merecían la muerte”. (Véase Zizola) La relación entre el Gobierno chino y el Vaticano es muy tensa. Beijing quiere seguir nombrando obispos, condición que Roma no abdicará jamás. Beijing quiere también que el Vaticano rompa relaciones con Taiwán.” (Ricardo Sánchez. Periodista)

Políticamente el Papa es el Jefe de un Estado, y es de todos conocida la influencia del Vaticano en la caída del comunismo en Polonia, extensible luego a Rusia. Es compresible la animadversión del régimen comunista chino hacia la iglesia católica. Desde cualquier punto de vista.

Benedicto XVI invitó a Roma en Octubre de 2006 a los obispos de la Iglesia patriótica, para el sínodo mundial, algo impensable hace algunos años. Ante las próximas Olimpíadas, Pekín necesita un clima de distensión. Aprovechando la ocasión, el Vaticano arrecia en su presión diplomática, dando publicidad a los casos de encarcelamiento y publicando una carta, dirigida a todos los católicos chinos.

Al parecer hay 10 millones de católicos, la tercera parte de los cuales, pertenecientes a la iglesia patriótica china, sólo reconoce en el Papa a su maestro espiritual. Le niegan toda autoridad. Algunos obispos, ordenados sin consentimiento de Roma, piden luego al Papa ser reconocidos, pero no siempre lo hacen público para conocimiento de los fieles, debido a presiones del Gobierno.

Intentos de acercamiento.

Juan XXIII quiso que acudieran obispos chinos al Concilio. Con Pablo VI se inicia un diálogo. Juan Pablo II consideraba a las iglesia chinas “como las dos manos de la única iglesia católica”, y pidió perdón porque la “acción de los miembros de la iglesia en China no siempre estuvo exenta de errores”. Lo relativo a la guerra del opio no es fácil de olvidar.

Es muy expresiva la siguiente carta de un obispo chino, escrita antes que la del Papa:

El llamamiento a la reconciliación del obispo de Lanzhou

Carta a mis amigos por Joseph Han Zhi-hai

“….Desde que soy obispo (no oficial) de la diócesis de Lanzhou me acompaña siempre esta pregunta: nuestra Iglesia debe estar unida, según la oración de Jesús nuestro Señor, y el expreso deseo del Santo Padre, pero ¿cuál es el momento justo y el modo justo para hacerlo? He de admitir que mi corazón alberga aún dudas. Todavía hay obispos que no están unidos al Papa. La Asociación patriótica es ambigua cuando se trata de la unidad con la Santa Sede, que es esencial para nosotros. Esta ambigüedad es la razón por la que muchos hermanos obispos de la comunidad eclesial no oficial son reacios a dar pasos hacia la reconciliación. Sin embargo, mucho ha cambiado en estos últimos años. Me siento muy animado por haber sabido que la mayoría de nuestros sacerdotes, obispos y fieles están unidos en la misma fe y están unidos al Papa. Por lo demás, siento como muy perjudicial para nuestra Iglesia el hecho de que sigamos divididos en una comunidad oficial y en una comunidad no oficial; que celebramos la eucaristía separadamente, cuando la eucaristía es precisamente el momento en el que se cumple y celebra la unidad. Es una contradicción.

………..He llegado a la convicción de que no podemos seguir ignorando la oración de nuestro Señor Jesús «que sean uno como nosotros». Como obispo y pastor de la grey de Lanzhou siento el deber de hacer un llamamiento a mis hermanos obispos: liberemos a los católicos chinos de esta ambigua situación de división. El deseo varias veces repetido del Papa –por ejemplo, durante la conmemoración del 400 aniversario de la llegada de Matteo Ricci a Pekín– que nos anima a la reconciliación, nos hace comprender que los anteriores documentos de la Iglesia que desaconsejaban celebraciones eucarísticas comunes entre católicos del área oficial y del área no oficial ya no valen para nuestros fieles, cuando participan en la eucaristía de un obispo o de un sacerdote que ha proclamado con claridad su unidad con el Santo Padre y con la Iglesia universal, por que la eucaristía alimenta la unidad. Hemos de admitir que para la Iglesia en China está naciendo una nueva situación, que nos invita a tomar nuevas iniciativas. Por tanto, sugiero a mis hermanos obispos y sacerdotes de las comunidades oficiales que den pasos concretos hacia la unidad en la Iglesia católica china.

Todos nosotros, sacerdotes y obispos, digamos claramente a nuestras comunidades de fieles que estamos en comunión con el Santo Padre y con la Iglesia universal, de modo que sepamos claramente de cada uno de qué parte está. Y así cada uno puede con serenidad y valor proceder a encontrar al otro y a celebrar en la eucaristía nuestra unidad en Cristo y en el único Padre de todos. Esto es lo que rogaba el Señor Jesús y esto es lo que se espera el Santo Padre de todos nosotros. Confío que, si tenemos el valor y la generosidad de hacer esto, habrá una renovación en la Iglesia china. Nuestra unidad en la fe no disminuirá de ninguna manera nuestro amor por nuestro país. Todo lo contrario, reforzará nuestra capacidad de cooperar todos juntos para construir y modernizar nuestra nación.”

Según el Cardenal Zen, obispo de Hong Kong, en Enero el Papa decidió escribir una carta después de haberse reunido con algunos obispos chinos y altos cargos de la Curia.

Finalmente el 27 de Mayo el Papa firma la Carta a todos los obispos, sacerdotes y fieles laicos de la Iglesia Católica en China, bastante extensa, que se hizo pública el pasado 30 de junio, acompañada (nos tendremos que acostumbrar a esta farragosa nueva costumbre) de una Nota Explicativa. Sean de una iglesia o de otra. Actualmente hay 46 obispos en la clandestinidad y 74 obispos “patriotas”. El Cardenal Zen ofreció traductores al Vaticano. No obtuvo respuesta.


Principales temas de la carta:

1. Ante todo es una llamada responsable a la unidad, superando cualquier dificultad con el amor y el perdón.

2. La iglesia no desea cambiar la estructura o administración del Estado. Son entidades autónomas.

3. Niega la legitimidad a la iglesia patriótica por no estar en comunión con el Papa, aunque acepta, inevitablemente, la validez de las ordenaciones.

4. Con la ordenación un obispo recibe tres poderes: santificar, enseñar y gobernar. Sólo puede un obispo enseñar y gobernar en unión con el Papa

5. Pide que el Gobierno reconozca a los obispos clandestinos y permita la total libertad religiosa.

6. En la actual situación es de todo punto imposible que haya realmente una Conferencia Episcopal China.

7. Propone al Gobierno chino un posible acuerdo para la elección de obispos.

8. Da consejos que ayuden a resolver la abundante casuística.

9. “ … la Iglesia en China, consciente de que el bien de la sociedad y de ella misma, está estrechamente relacionado con el bien de la familia, ha de sentir de un modo más vivo y urgente su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad.” (Punto especialmente conflictivo porque el Gobierno chino sólo permite tener un hijo al 90% de los chinos)

Reacciones.

Los Cardenales Zen de Hong Kong y Paul Shan Kuo,de Taiwan afirman que la versión china resulta difícil de entender y tiene algunos errores de traducción.

El Vaticano reconoce que la situación se ha agravado después de la publicación de la carta. Y así, en Julio de 2007 la policía arrestó a tres sacerdotes de la provincia de Hebei, donde hay una mayor concentración de católicos. Cosa que se venía haciendo con normalidad, pero menos publicidad. En Abril de 2005 la policía arrestó a siete sacerdotes reunidos con su obispo para hacer un retiro espiritual. En Noviembre de 2005 la policía arrestó a seis sacerdotes de la diócesis de Shijiazhuang, provincia de Hebei, cuyo obispo llevaba ya 20 años en prisión. Según la Fundación Cardenal Kung, con sede en los Estados Unidos, en estos momentos al menos cinco obispos, 15 sacerdotes y muchos laicos están encarcelados, muchos más bajo arresto domiciliario.

El 24 de Julio de 2007, en una entrevista a la Agencia EFE, el portavoz de la Asociación Católica Patriótica de China afirmó que desea personalmente que el Papa pueda un día viajar al país, y que la carta constituye un avance en las relaciones del Papa con China. Añadió que la iglesia Patriótica es fiel a la doctrina, pero independiente en el aspecto político y en la distribución de los recursos económicos. En esta carta “ha desaparecido cualquier oposición al socialismo” y las acusaciones de cisma.

Pocos días después de ser “colgada” la carta del Papa en las portales de internet catòlicos, desapareció, por presiones del Gobierno chino. “El Ministerio de Relaciones Exteriores chino dijo como respuesta a la carta que estaba dispuesto a continuar con un “diálogo franco, constructivo con el Vaticano”. Sin embargo, advirtió que la Santa Sede no debe interferir en los asuntos internos de China “utilizando a la religión como pretexto”. (Dice la Agencia Reuters desde Hong Kong)

El padre Yihm Sihua, de Hong Kong, dice: “El gobierno chino insiste desde hace años en que la Iglesia católica no se meta en los asuntos internos del país pero, él mismo, se mete constantemente en los de la Iglesia”. Esta carta “permanecerá mucho tiempo como un texto de referencia”.

Paul Pei Junmin obispo coadjutor de la arquidiócesis de Liaoning, en el noreste de China declara:«El rápido cambio social ha puesto en crisis la visión del mundo, el sentido moral y la escala de valores de muchos chinos. Por esta razón, para muchos intelectuales chinos ha cobrado gran actualidad la pregunta sobre la manera en que una sociedad mercantilizada y utilitaria puede salvaguardar los valores espirituales.”

Alexander M. Schweitzer Secretario General de la Federación Bíblica Católica expone que “Se ha acuñado el concepto de «cristianos culturales», que indica a las personas que, sin haber sido bautizadas, se ocupan seriamente de la fe cristiana y buscan el diálogo con los cristianos”.

El Cardenal Zen expresó su esperanza de que sirva de punto de partida para el diálogo que permita ser a la iglesia católica realmente la iglesia católica, respetada en todo el mundo. Actualmente la voz de obispos y sacerdotes es silenciada, no llega a los líderes políticos. Esta carta del Papa está en manos de todos y puede ser lugar de encuentro.

El Vaticano está dispuesto a trasladar su representación diplomática a Pekín, sin por ello romper con Taipei, y a llegar a un acuerdo en la elección de los obispos previa a su ordenación canónica.

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