jueves, 25 de septiembre de 2008

La desaparicion de los Mayas






Para los mayas los procesos cósmicos son cíclicos y nunca cambian. Lo que cambia es la consciencia del hombre que pasa a través de ellos, siempre en un proceso hacia la perfección. Estamos en el último peldaño o Katún de nuestro actual Ciclo Solar, en el que se realizará una sincronización de tiempos y que concluirá el sábado 22 de diciembre de 2012, con el que entraremos en un nuevo Día Galáctico. Para entonces la humanidad deberá escoger entre desaparecer como especie que atenta contra el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con el Universo en una nueva Era de Luz.

Todos nosotros, de una manera u otra, sentimos que estamos comenzando a vivir los tiempos del Apocalipsis. Todos sentimos la guerra. Cada día hay más erupciones volcánicas, la polución generada por nuestra tecnología se ha vuelto alarmante. Hemos debilitado la capa de Ozono que nos protege de las radiaciones del Sol. Hemos contaminado el planeta con nuestros desechos industriales y basuras. La devastación de los recursos naturales esta acabando con las fuentes de agua, con el aire que respiramos. El clima ha cambiado y las temperaturas han aumentado de manera impresionante; los glaciares y nevados se derriten, grandes inundaciones se suceden en todo el mundo. Enormes tornados pusieron en peligro a Florida y gigantescos huracanes devastaron a Centroamérica.

Nos amenaza el caos informático. La pobreza generalizada por los efectos del caos económico se sienten en casi todos los países del mundo. Todos buscamos respuestas y un camino seguro para los tiempos que vivimos. Reconocemos, a partir de los problemas que enfrentamos a diario, que no estamos viviendo en armonía.

Muchas religiones elaboraron profecías acerca de lo que esta pasando. La Biblia anunció que cuando todos estos hechos sucedieran al mismo tiempo estarían llegando los tiempos del Apocalipsis. Los mayas sabían que esto iba a suceder exactamente en estos tiempos, por eso dejaron unas guías para que cada uno de nosotros de manera individual contribuya a llevar a la humanidad hacia el Amanecer de la Galaxia, a una nueva Era en la que no habrá más caos ni destrucción.

Nos dejaron siete profecías en las que hablan de sus visiones del futuro, de nuestro presente. Están basadas en las conclusiones de sus estudios científicos y religiosos sobre el funcionamiento del Universo.

La primera profecía habla del final del miedo. Dice que nuestro mundo de odio y materialismo terminará el SÁBADO 22 DE DICIEMBRE DE 2012, que para ese día la humanidad deberá escoger entre desaparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el Universo, comprendiendo que todo esta vivo y consciente, que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva Era de luz.

La primera profecía dice que a partir de 1999 nos quedan 13 años, sólo 13 años para realizar los cambios de consciencia y actitud de los que nos hablan. Los mayas sabían que nuestro Sol, ellos lo llamaban Kinich-Ahau, es un ser vivo que respira y que cada cierto tiempo se sincroniza con el enorme organismo en el que existe. Al recibir un chispazo de luz del centro de la galaxia brilla más intensamente, produciendo en su superficie lo que nuestros científicos llaman erupciones solares y cambios magnéticos. Ellos dicen que esto ocurre cada 5.125 años; que la Tierra se ve afectada por los cambios en el Sol mediante un desplazamiento de su eje de rotación. Predijeron que a partir de este movimiento se producirían grandes cataclismos. Para los mayas los procesos universales, como la respiración de la galaxia, son cíclicos y nunca cambian. Lo que cambia es la consciencia del hombre que pasa a través de ellos, siempre en un proceso hacia más perfección.

Basados en sus observaciones, los mayas predijeron que a partir de la fecha inicial de su civilización, desde el 4 Ahau 8 Cumku, es decir, desde el año 3113 aC, 5.125 años en el futuro, o sea, el SÁBADO 22 DE DICIEMBRE DE 2012, el Sol, al recibir un fuerte rayo sincronizador proveniente del centro de la galaxia, cambiará su polaridad y producirá una gigantesca llamarada radiante. Para entonces la humanidad debe estar preparada para atravesar la puerta que nos dejaron los mayas, trasformando a la civilización actual basada en el miedo en una vibración mucho más alta de armonía.

Pero solo de manera individual se puede atravesar la puerta que permite evitar el gran cataclismo que sufrirá el planeta para dar comienzo a una nueva Era, un Sexto Ciclo del Sol. Los mayas aseguraban que su civilización era la quinta iluminada por el Sol, Kinich-Ahau, el gran Quinto Ciclo Solar. Antes habían existido sobre la tierra otras cuatro civilizaciones que fueron destruidas por grandes desastres naturales. Creían que cada civilización es sólo un peldaño en el ascenso de la consciencia colectiva de la humanidad.

Para los mayas, en el último cataclismo la civilización había sido destruida por una gran inundación -¿el Diluvio Universal de la tradición judeo-cristiana?- que dejó unos pocos sobrevivientes de los cuales ellos eran sus descendientes.

Pensaban que al conocer el final de esos ciclos, muchos seres humanos se preparaban para lo que verían y que gracias a eso habían logrado conservar sobre el planeta a la especie pensante, el hombre. Nos dicen que el cambio de los tiempos permite ascender un peldaño en la evolución de la consciencia, dirigirnos hacia una nueva civilización que manifestará mayor armonía y comprensión para todos los seres humanos.
El Tiempo del No-Tiempo

La primera profecía nos habla del Tiempo del No-Tiempo, un período de 20 años, llamado por ellos 1 Katún -los últimos 20 años de ese gran ciclo solar de 5.125 años. Es decir, desde 1992 hasta el año 2012. Profetizaron que durante ese tiempo, manchas del viento solar cada vez más intensas aparecerían en el Sol. Desde 1992 la humanidad entraría en un último período de grandes aprendizajes, de grandes cambios. Dijeron que nuestra propia conducta de depredación y contaminación del planeta contribuiría a que estos cambios ocurrieran. Cambios que van a suceder para que comprendamos cómo funciona el Universo y avancemos hacia niveles superiores, dejando atrás el materialismo y liberándonos del sufrimiento.

La primera profecía anunció que 7 años después del comienzo del último Katún, es decir, en 1999, comenzaría una época de oscuridad que nos enfrentaría a todos con nuestra propia conducta. Mencionaron que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas por todos nosotros como una guía para despertar.

Los mayas profetizaron que el comienzo de esa época estaría marcado por un eclipse de Sol que coincidió con una alineación planetaria sin precedentes en la historia. Predijeron que ese eclipse ocurriría el MIÉRCOLES 11 DE AGOSTO DE 1999. Ese año fue uno de los más movidos de la historia de los últimos 5.125 años. A partir de esta fecha comenzaron a correr los últimos 13 años. La última oportunidad para nuestra civilización, los últimos momentos para realizar los cambios que nos conduzcan al momento de la regeneración espiritual y a una nueva Era Dorada Planetaria.

Para los mayas absolutamente todo es número, y el tiempo de los 13 números sagrados comenzó en agosto de 1999. Predijeron que, a partir de ese eclipse, las fuerzas de la naturaleza actuarían como el catalizador de una serie de cambios tan acelerados y de tal magnitud que el hombre se vería impotente para contenerlos.Este eclipse es, por lo tanto, muy significativo. Para las antiguas culturas los eclipses eran un símbolo de cambio en el orden natural de las cosas. Además la sombra que proyectó la Luna sobre la Tierra al eclipsar al Sol tuvo un recorrido bastante misterioso: atravesó Europa pasando exactamente por los Balcanes, por Kosovo; luego pasó por Medio Oriente, Irán e Irak, después se dirigió a Pakistán e India. Es decir, la oscuridad pasó por todos los sitios de conflicto potencial en el planeta.
Cosmología Maya

La cultura, la ciencia, la religión y el arte maya están basados en su relación con el Sol. Creían que sólo a través del Sol se podían comunicar con Hunab-Ku, el Dios que esta en todas partes. Para los mayas, Hunab-Ku es un organismo gigantesco que nos contiene a todos en su interior. Afirman que su corazón y su mente están en el centro de nuestra galaxia y que sólo a través del Sol se podían comunicar y dirigirse espiritualmente a él. Por eso su interés fundamental en el Sol, en Kinich-Ahau.

Los mayas construyeron sus maravillosas ciudades, sus sitios ceremoniales y sus pirámides al sur de México, en la Península de Yucatán, Honduras y Guatemala. Allí dejaron grabados en las piedras sus mensajes del tiempo, los recorridos del Sol, de la Luna, de Venus y el camino para que la humanidad se dirija hacia el crecimiento y la luz de una nueva Era, no hacia el materialismo y la autodestrucción.

Maya viene de Mayab, que significa sitio del planeta Tierra llamado Yucatán. Para los hindúes Maya significa ilusión, para ellos todo lo que cambia es ilusión, lo que permanece, lo eterno, es el espíritu. Maya también significa mente, magia, madre. Maya, Maia y María son una misma palabra; curiosamente la madre de Buda se llamaba Maia y la madre de Jesús, María. Nuestro mes de Mayo lleva ese nombre en honor a la diosa romana Maya, la diosa de la primavera, del florecimiento. En filosofía esotérica, la palabra Maya representa a una mente que se libera del cuerpo para moverse a grandes distancias con plena consciencia.

¿Tendrá este último significado algo que ver con la desaparición de casi todo el pueblo maya en el año 830 dC? Aunque hay muchas teorías sobre la desaparición misteriosa de esta gran civilización, algunos dicen que desaparecieron de manera voluntaria y consciente, abandonaron sus ciudades y sus casas en el momento de mayor desarrollo de su civilización.

Los mayas descubrieron, gracias a sus estudios sobre el Sol, que el Sistema Solar entero se movía. Llegaron a la conclusión de que el Universo tiene ciclos, períodos de tiempo repetitivos que comienzan y terminan como el día y la noche. Se dan cuenta que nuestro Sistema Solar se desplaza en una elipse que lo aleja y acerca al centro de la galaxia. Es decir, que el Sol y todos los planetas se mueven en ciclos en relación con Hunab-Ku, la luz central de la galaxia.

Encontraron que esa elipse, ese giro completo, ese ciclo que realiza el Sistema Solar, dura 25.625 años. A este ciclo lo podemos llamar Día Galáctico. Cuando el recorrido llega a la mitad, es decir, tras 12.800 años, estamos cerca del centro de la galaxia, de la luz, iluminados en el día de la galaxia. En la otra mitad del recorrido, los otros 12.800 años, nuestro Sistema Solar esta cada vez más lejos de la luz central, es decir, en la sombra, en la noche de la galaxia. Hay día y noche en la galaxia, sucede lo mismo que en nuestro planeta pero en una escala mucho mayor; cada día y cada noche duran 12.800 años.

Descubrieron que cada gran ciclo contiene, a su vez, ciclos menores que tienen las mismas características que los ciclos mayores. El Día Galáctico de 25.625 años está dividido en 5 ciclos de 5.125 años cada uno. El primer ciclo es la Mañana Galáctica, el segundo ciclo es el Mediodía Galáctico, el tercero es la Tarde, luego viene el cuarto ciclo la Tarde-Noche o Anochecer y por fin, la conclusión, el quinto ciclo, la Noche Galáctica que vuelve a dar paso a un nuevo amanecer, a otros 5 ciclos y así eternamente.

La primera profecía nos dice que en 1999 el Sistema Solar empezó a salir del último de esos ciclos, que nos encontramos en el fin de la noche, saliendo de la oscuridad y a punto de entrar en el amanecer de la galaxia. Dice que al final y al comienzo de estos ciclos, o sea, cada 5.125 años, el Sol central de la galaxia emite un rayo de luz muy intenso. Mediante este brillo sincroniza a todos los planetas y soles. Es como el latir lumínico del corazón de la galaxia, palpita cada 5.125 años.

Ese resplandor inmenso es el período de transición que marca el final de un ciclo y el comienzo de otro, dura 20 años. Ahora nosotros nos encontramos en el TIEMPO DEL NO-TIEMPO, es un momento evolutivo, una etapa corta pero intensa dentro de los grandes ciclos donde suceden cambios muy rápidos para impulsarnos hacia una nueva etapa de evolución como individuos o como humanidad.

Los mayas nos hablan de un ritmo, de un orden que existe en el Universo. El hombre maya es bastante poderoso: domina y posee el número que le permite hacerse dueño del tiempo. Su cuenta le permite saber que todos los planetas tienen ciclos y giros invariables. Estamos en el período del No-Tiempo y como individuos debemos tomar una decisión que nos afectará a todos. Si continuamos en este curso negativo de odio de los unos por los otros, de destrucción de la naturaleza, de miedo y egoísmo, iremos directo a la destrucción, al caos y desapareceremos como especie pensante del planeta. En cambio, si tomamos consciencia y nos damos cuenta que todos formamos parte de un organismo gigantesco y vivo, que debemos respetarnos los unos a los otros, que debemos sanar a la madre tierra y ocuparnos de su limpieza, iremos directo al crecimiento positivo. La naturaleza, nuestro Sol, la galaxia, están esperando nuestra decisión. De nosotros depende el sentido que adoptará el cambio de los tiempos, si será una etapa de dolor y destrucción o, por el contrario, nos encontrará unidos en una misma consciencia positiva dirigidos hacia el siguiente peldaño evolutivo.
La Quinta Civilización del Sol

La historia de lo que se ha descubierto de los mayas comienza en el año 600 aC. En el monte Albán aparecieron unas enormes piedras talladas con el primer registro del lenguaje de los mayas, los números. Figuras danzantes fechadas con los números mayas: la concha en forma de boca que representa el número 0, el punto que representa el número 1 y la línea que representa el número 5.

Pero recién en el año 300 dC comienza realmente el desarrollo de lo que podemos considerar maya. Seres que dedicaron su vida a estudiar y registrar la galaxia.

Después de casi 600 años de intensa actividad constructora y de un asombroso desarrollo científico, en el año 830 dC, súbitamente, desaparecen en forma misteriosa. Abandonan todo, dejan intactas sus casas, sus ciudades y sus templos, que poco a poco son devorados por la selva. Quedan algunos pocos custodios a cargo de lo abandonando, supervisores de la herencia que nos dejaron.

Pasan aproximadamente 200 años desde el abandono, la mayoría de sus ciudades desaparecen entre la selva y en ese momento algunas de ellas son repobladas nuevamente. En el año 949 dC, el rey tolteca conduce a su pueblo hacia el sur, huyen de la invasión bárbara de los chichimecas del norte que han destruido su capital, Tula. Los toltecas ocupan nuevamente algunas de las ciudades mayas abandonadas y las hacen renacer, pero nunca llegan a los mismos niveles de desarrollo. La época maya-tolteca dura desde el año 1000 hasta el año 1350 d. C. cuando comienzan a desaparecer lentamente.

En el siglo XVI, cuando llegan los conquistadores españoles la mayoría de sus ciudades estaban cubiertas nuevamente por la selva y para el siglo XVIII, lo poco que quedaba de ellos ya no existe. De las investigaciones sobre las ruinas de sus ciudades, de los estudios de las fechas y números tallados en sus muros, de su exacto calendario, de sus códices y libros sagrados están reapareciendo sus conocimientos y se está descifrando su misterioso mensaje de alerta y esperanza.

Encontraron los pulsos que recibe cíclicamente el Sistema Solar del centro de la galaxia. Construyeron ciudades como Tulum, rodeadas por murallas; no para su defensa sino para usarlas como punto de referencia de la aparición del Sol y los planetas.

En matemáticas eran muchísimo más avanzados. Su sistema aritmético era vigesimal, es decir, contaban de 20 en 20. Un sistema con base en el número 2, lo que lo convierte en un sistema binario exponencial, un sistema matemático armónico con el Universo, el mismo que utiliza la naturaleza para la división de las células.

También utilizan los números de manera simbólica, convirtiéndolos en entidades mágicas, seres armoniosos que cuentan una historia, como el I-Ching. Tenían el calendario más exacto hecho por cualquier civilización antigua sobre la tierra. Ateniéndose a los ciclos lunares, el año estaba compuesto por 13 meses de 28 días cada uno y un día a parte al final del calendario para recibir el nuevo año (28x13=364+1=365 días). Un calendario que sirve para sincronizar el ciclo de la Tierra, la Luna y el Sol con el Universo.

Los mayas también fueron muy avanzados en su manera de cultivar la tierra y cosechar los alimentos para todo su pueblo. Construyeron redes de canales de riego para mantener irrigada la tierra. Su arte era absolutamente bello. Los bajorrelieves y las esculturas en piedra tienen una elegancia clásica. Las delicadas figuras de cerámica de sus soberanos, sacerdotes, artesanos y de todo el mundo funcionaban como las fotos de la época. Son unos de los documentos más importantes para entender su vida, sus costumbres y poder llegar hasta su mente y corazón.

Es impresionante la cantidad de ciudades y monumentos que construyeron. Vivían como los griegos, en ciudades-estado. Las pirámides eran basamentos, torres para las divinidades, escaleras al cielo que suben a los templos que dedicaban a las esencias de todas las cosas. Eran tan avanzados que utilizaron la producción en serie. Todos los elementos repetitivos de sus palacios eran diseñados mediante la utilización de moldes y luego se producían de manera industrial para ensamblarlos con increíble precisión.

Con bajorrelieves tallados en piedra, enormes esculturas y pinturas murales adornaban sus palacios. Colocaban estelas, que son grandes piedras talladas donde se contaba la vida de su soberano, en sus plazas y caminos. En los muros de sus palacios narraban los acontecimientos colectivos. Utilizaban los techos y pisos de sus plazas para recoger el agua y canalizarla hacia enormes depósitos.

Mientras construyeron sus pirámides y observatorios encontraron una manera de conocer el Universo, inventaron su sistema para registrar los procesos naturales, lo estudiaron, lo organizaron, lo consolidaron y lo dejaron escrito en la piedra como un monumento a la sabiduría. Construyeron con una tecnología que se perdió en el tiempo, al igual que el misterio de su desaparición.

La mayor parte del pueblo maya desapareció sin dejar ningún rastro, súbitamente. Abandonaron sus casas, sus templos y sus ciudades como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. Sólo a través de su herencia, de lo que hemos encontrado sobre su vida diaria, de sus muestras evidentes de sabiduría podremos establecer porqué y cómo lo hicieron. Son muchas las preguntas que todo esto nos genera ¿Será que aprendieron a usar la mente más allá del 10% de la que nosotros la utilizamos? ¿Obtuvieron niveles altísimos de energía vital después de largos procesos de purificación? ¿Será que utilizaron mantras, palabras sagradas repetidas rítmicamente en ceremonias místicas, para producir estados alterados de consciencia colectiva? ¿Adónde se fueron sus sacerdotes, sus astrónomos y sus matemáticos? ¿Pudieron abrir una puerta a otro espacio u a otro tiempo, a otra dimensión de realidad, tal vez paralela a la nuestra pero más elevada? Sabemos que muchos antiguos profetas, como dice en la Biblia, al abrir esa puerta se convirtieron en una brillantísima esfera de luz y abandonaron conscientemente este mundo.

Ahora, ¿qué ciclo fatal descubrieron a través del Sol? ¿Qué ciclo fatal descubrieron a través de los números? ¿Por qué interrumpen su calendario precisamente en nuestra época? ¿Será que quieren llamar nuestra atención hacia estas fechas? A partir de 1999 empezaron a correr los últimos 13 años, el tiempo exacto para que cambiemos y nos impulsemos juntos hacia una nueva era de paz y de armonía.

Miles de sacerdotes, astrónomos y matemáticos mayas se dedicaron a medir, registrar y estudiar durante siglos al Sol y a todas las estrellas y planetas. Hace 1200 años fueron tan avanzados que calcularon la distancia que recorre nuestro planeta anualmente alrededor del Sol, tuvieron tanta precisión que hoy la NASA sólo tiene segundos de diferencia con las medidas que obtuvieron los mayas. Calcularon que la Tierra daba la vuelta al Sol en 365.242010 días. Hoy, el año de Greenwich es de 365.2422 días, una increíble diferencia de sólo 17 segundos y 28 centésimas.

También los mayas calcularon el año del planeta Venus y lo establecieron en 584 días. Hoy la NASA dice que la medida es 583.92 días por año, prácticamente lo mismo. ¿Cómo pudieron hacer estos cálculos tan exactos sin tener instrumentos de precisión? Su ciencia astronómica estaba 1000 años más adelantada que la de todos sus contemporáneos.



Al igual que los mayas, nuestros científicos contemporáneos aseguran que el eclipse de agosto de 1999 fue muy especial. Ese día la Tierra estuvo en su posición más cercana al Sol y la Luna en la posición más lejana a la Tierra, por eso al interponerse en el camino del Sol no alcanzó a taparlo completamente y sólo tapó su centro. Además, por la noche de ese mismo día se produjo una lluvia de estrellas, también llamada las Perseidas. Para terminar las coincidencias, prácticamente todos los planetas y el Sol se encontraron en posición Cruz Cósmica con centro en la Tierra. Curiosamente en esa cruz cósmica los signos del zodíaco ocupados por los planetas eran: Leo, el león; Escorpio, el águila; Acuario, el hombre; y Tauro, el toro. Son los símbolos de los 4 evangelistas, de los 4 custodios del trono que protagonizan el Apocalipsis según San Juan

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